Cómo logró el whisky japonés conquistar la ciudad de Nueva York

Whisky japonés Derechos de autor de la imagen The Flatiron Room
Image caption Una gran variedad de whisky japonés ha penetrado los bares y licoreras de Nueva York, sin embargo, es frecuente que se agote por la creciente demanda y la oferta limitada por las leyes de la ciudad.

"Aromático, de fruta muy, muy fresca, floral, fácil y suave".

Así describe el estadounidense Tommy Tardie el whisky Yamazaki 12 años que me invita a degustar.

Tardie es el propietario de The Flatiron Room, uno de los cientos de bares especializados en whisky en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, que con más de 1.000 variedades de la bebida, es uno de los de mayor inventario en el mundo.

Yamazaki es la principal marca de la gigante destilería japonesa Suntory, inmortalizada en la famosa película "Perdidos en Tokio" (Lost in Translation, en inglés) en 2003 en la que el protagonista, interpretado por el actor Bill Murray, viaja al país asiático para promocionar una marca de whisky japonés.

Pero a pesar del éxito de la película, a principio de este milenio el whisky japonés no era algo que interesara a los neoyorquinos. La mayoría ni siquiera sabía que existía.

"El whisky japonés ha estado ahí por mucho tiempo pero el interés por él surgió hace relativamente poco", le dice Tommy Tardie a BBC Mundo.

"Durante muchos años, nadie tenía ningún interés ni desarrolló ninguna lealtad por ese whisky", explica.

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Image caption Las degustaciones de whisky se han hecho muy populares entre los neoyorquinos .

Pero hace un par de años esa historia cambió. Y en un sólo día…

En noviembre de 2014, el Yamazaki 12 años pasó de ser un desconocido y poco solicitado whisky de US$14 por vaso, a costar US$31.

Hoy una botella puede costar $219 en licoreras y cerca de $500 en bares y restaurantes.

El "mejor whisky del mundo"

Su repentino ingreso al radar de los consumidores en EE.UU. ocurrió después de que el experto en whisky Jim Murray, que clasifica cada año los 500 mejores whiskies del mundo en su "Biblia del Whisky", escogiera al Yamazaki de Malta de Barril de Jerez 2013 como el número uno del mundo, con un puntaje récord de 97,5 sobre 100.

La bebida japonesa superó incluso a los whiskies escoceses, que ni siquiera alcanzaron en esa edición el anhelado podio de los cinco mejores.

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Image caption Nikka es la segunda segunda destilería de Japón que distribuye sus whiskies en Nueva York.

"Yo fui testigo de eso aquí: la demanda del whisky japonés pasó de ser un asunto del pequeño grupo de personas que lo tenían como hobby a entrar en el mercado masivo y popular. Y todo en una noche, literalmente", relata Tardie.

Y aunque Tardie aclara que el Yamazaki de Malta de Barril de Jerez 2013 nunca se distribuyó en EE.UU. sí logró hacer que la gente se volteara a ver los whiskies japoneses que esperaban pacientemente en las bodegas.

En realidad los distribuidores de whisky pasaron un momento difícil por varios años. Visitaban las licoreras, los bares y restaurantes diciendo "tenemos whisky japonés" y la respuesta era "no necesitamos 'escocés japonés'", relata Tardie.

La combinación de esas dos palabras, whisky y japonés, era confusa y hasta hace poco tiempo parecía descabellada.

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Image caption El reconocimiento del Yamazaki de Malta de Barril de Jerez 2013 como el mejor whisky del mundo en 2014 generó un incremento repetino en la demanda.

"Pero después de que uno de ellos fue escogido como el mejor del mundo, nunca teníamos suficiente para la impresionante demanda", explica.

"La gente se dio cuenta de que había una categoría completamente nueva", señala Tardie.

"Es un whisky extremadamente asequible, aromático, que casi todo el mundo puede consumir. A quienes lo conocen les gusta tomarlo sobre todo por ser tan suave".

Hoy, una botella del Yamazaki de Malta de Barril de Jerez 2016 cuesta alrededor de US$3.000.

Crecimiento en las exportaciones

El incremento en la demanda del whisky japonés en países como EE.UU. generó una reacción tanto dentro del mercado local como en sus exportaciones.

De acuerdo a un reporte de la Oficina de Comercio Agrario de Japón (ATO, por sus siglas en inglés) publicado en mayo de 2016, durante los últimos cinco años años las exportaciones de whisky japonés se incrementaron en un 179%.

El 90% de toda esa producción de Japón está a cargo de dos destilerías: Suntory Holdings y Nikka Whisky.

El 10% restante está en manos de otra decena de destilerías más jóvenes o independientes pero no necesariamente con whisky de inferior calidad.

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Image caption El 90% del mercado de whisky japonés lo producen dos destilerías: Suntory Holdings y Nikka Whisky (destilería en la foto)

Nikka Whisky -que cuenta con siete plantas de producción de licor y embotellamiento en Japón- reportó un incremento del 23% de exportaciones en 2015 con respecto a 2013, según indica el mismo reporte.

Y tras una larga negociación, en 2014, Suntory -la principal destilería del país- anunció la adquisición de la gigante destilería estadounidense Jim Beam por US$16.000 millones -ahora llamada Beam Suntory-, engrosando su catálogo de licores con grandes marcas de whisky de EE.UU. como Jim Beam o Maker's Mark.

Es una apuesta también al creciente mercado de licores de la región de Asia y el Pacífico, que según una investigación de la agencia de noticias Reuters de 2014, representará el 61% del mercado mundial de bebidas alcohólicas en 2017.

Además de la creciente producción de whisky, las destilerías japonesas se han convertido en un destino para visitantes especializados de todo el mundo que quieren saber más de la historia, degustar o invertir en la industria.

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Image caption Tommy Tardie es un expublicista que decidió dedicarse al estudio y la enseñanza de los whiskies.

Buscando entre la variada oferta de grandes y pequeñas destilerías se pueden encontrar varias joyas.

El whisky de malta Saburomaro 1960 -de la destilería con el mismo nombre- lanzado en junio de este año, y que según el blog independiente especializado en whisky japonés Nonjatta.com, tiene hoy 55 años de estar embotellado, lo que lo convierte en el "más antiguo" whisky japonés del mundo. Su botella cuesta US$5.333.

Pero no logra alcanzar el Yamazaki 50 años, de Suntory, lanzado en 2007, y del que encontré una sola botella en línea por US$110.000.

La historia del whisky japonés

Aunque es un fenómeno reciente para el público, los japoneses empezaron a destilar whisky en la década de 1920, cuando fue construida la Destilería Yamazaki a las afueras de la ciudad de la ciudad de Kyoto.

Shinjiro Torii, fundador de Suntory, decidió ofrecer la "exótica" bebida en un mercado en el que predominaba el sake y los vinos japonenses.

"Empezamos a destilar whisky en 1924 y en 1929 lanzamos la primera marca, Shirofuda", le dice a BBC Mundo Gardner Dunn, Embajador Nacional de la destilería Suntory en Estados Unidos.

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Image caption Las exportaciones de whisky en Japón aumentaron el 179% en los últimos cinco años, lo que se refleja en los bares especializados en whisky en Nueva York.

Pero ese primer whisky fracasó por el exigente paladar de los japoneses, que además, en realidad no conocían el whisky.

"A excepción de los ricos, que podían comprarlo en las navieras holandesas o estadounidenses, la mayoría del público no sabía qué era el whisky en esa época", relata Dunn.

"Shinjiro Torii se había enamorado del whisky y estaba empeñado en destilarlo en Japón", dice.

"Él ya producía un vino de ciruela muy exitoso y con ese capital empezó la destilería del whisky. Si uno lo piensa bien, fue un riesgo enorme".

Pero fue con Kakubin -cuyo nombre significa "botella cuadrada"- con el que logró penetrar el mercado japonés en 1937.

"Es un whisky suave, similar al escocés mezclado", dice Dunn."Fue nuestro primer éxito y todavía es uno de los whiskies más populares en Japón".

La guerra de los 80 contra el vodka y la ginebra

Suntory intentó distribuir su catálogo de whisky en Nueva York en la década de 1980 pero fue imposible competir con los tragos que la gente conocía.

"Todos los whiskies mezclados en realidad apestaban frente al vodka o la ginebra, así que Japón se retiró del mercado estadounidense por varios años", le cuenta Dunn a BBC Mundo.

"Pero Suntory regresó hace más o menos 12 años", cuenta en tono anecdótico.

"Es divertido pensarlo ahora, hace casi nueve años, cuando empecé a trabajar con esta compañía, preguntaba en la licoreras si tenían whisky japonés y pensaban que era una broma. Creían que el whisky japonés debía estar hecho de arroz y que el whisky en general debía ser hecho en Escocia", agrega Dunn.

El mercado se abrió poco a poco con el trabajo de los barmans en Nueva York, Miami, Chicago y San Francisco.

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Image caption Un trago de Yamazaki 18 años cuesta más de US$100.

Poco whisky 12 años

El whisky Yamazaki 12 años salió al mercado en 1984, y como explica el también profesor de whisky Tardie, en esa época era imposible adivinar el futuro, así que hoy, cuando la demanda está en un punto tan alto, no hay suficiente whisky almacenados en barriles esperando su añejamiento por 12 años.

"Los japoneses han optado por ofrecer categorías sin edad", explica Tardie.

"Nosotros ofrecemos todo lo que podemos bajo la ley de Nueva York, todo lo que está disponible en el mercado, que significa comprarle sólo a distribuidores aprobados y con los límites de cantidad permitidos", señala.

"Pero muchas veces la demanda supera la oferta".

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Image caption En las bodegas de Suntory hay barriles de varias "edades", pero la alta demanda ha hecho que el mayor de 12 años sea cada vez más raro.

Poner en palabras la vivencia

Al igual que hacen las destilerías en Japón y algunos otros bares en Nueva York, Tardie creó su propia escuela en The Flatiron Room para educar a la gente en cuestiones de whisky, donde ofrece tres o cuatro catas de whisky por semana.

"Con el whisky viviendo su gran renacimiento, la tendencia a la que nos enfrentamos es que la gente quiere saber más, quiere probar, coleccionar y aprender. Busca algo vivencial", concluye Tardie.

"Y una degustación es la manera extraordinaria con la que la gente aprende a poner en palabras, a describir eso que está viviendo", explica.

"Lo bonito del whisky, es que así como con el vino, se logra una cantidad de distintos sabores. Pero sobre todo logran que la gente se vuelva fiel a ellos", concluye.

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