¿Qué busca Glencore, el mayor comerciante de materias primas del mundo, con la compra de parte de la petrolera rusa Rosneft?

Rosneft Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Rosneft es la empresa estatal petrolera rusa.

Es uno de los grandes negocios petroleros de los últimos años.

Tres grandes jugadores del mercado energético hicieron un anuncio que sacudió al mundo empresarial este jueves: Rusia vende el 20% de su petrolera estatal Rosneft a un consorcio integrado por el fondo de inversión soberano de Qatar y la firma suiza Glencore, la mayor empresa comerciante de materias primas del mundo.

La cantidad de dinero que cambia de manos con la transacción no es nada despreciable: US$11.500 millones.

Más importante aún, está la percepción, fortalecida por este negocio, de que varias tendencias en el mundo económico y político están cambiando.

Más crudo

Para Glencore, es una joya más en su enorme patrimonio de recursos energéticos regados por todo el mundo.

Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Rusia enfrenta serias dificultades fiscales.

"Desde el punto de vista de Glencore, este negocio les da acceso a una de las mayores fuentes de producción de petróleo en el mundo. Rosneft, la petrolera estatal, produce cerca de la mitad de todo el petróleo en el mundo", le dice a la BBC David Sheppard, editor de mercados de energía del diario londinense Financial Times.

"Al comprar una parte de Rosneft, están obteniendo acceso a más petróleo con el que pueden comerciar", agrega el experto.

Pero no es un negocio pensado en el corto plazo. Al invertir en este negocio, Glencore parece estar apostando por una recuperación del mercado petrolero.

Hace apenas una semana que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) acordó por primera vez en ocho años una reducción en la producción del crudo.

Ello llevó a un aumento en la cotización internacional de los hidrocarburos, que superó los US$50.

"Si creyeran que va a volver a US$30, posiblemente no habrían hecho el negocio", apunta Sheppard.

Política

Está también el aspecto político de este negocio. Rusia ha venido sufriendo desde hace un par de años el efecto de sanciones económicas impuestas por Occidente a raíz de su política frente a Ucrania.

Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption La OPEP espera mantener altos los precios petroleros.

¿Está nadando Glencore contra la corriente en ese aspecto al entrar en negocios con el Kremlin?

Sheppard lo duda.

"No es claro que todas las empresas quieran hacer negocios con una firma respaldada por el Kremlin. Pero es claro que esta transacción en particular no viola el régimen de sanciones", puntualiza el editor del Financial Times. "No habrían hecho una inversión de más de US$11.000 millones sin tener confirmación del Departamento de Estado y otros", agrega.

Además, no son los únicos que hacen negocios con Rosneft. Otra de las competidoras de Glencore en el comercio global de materias primas, la también suiza Trafigura, está en negocios con Moscú.

Y además, las sanciones económicas a Rusia fueron diseñadas para no afectar las exportaciones petroleras que siguen siendo importantes para varios países occidentales, señala Sheppard.

Y, dirían otros, con el presidente electo Donald Trump a las puertas de la Casa Blanca, las relaciones entre Rusia y Occidente podrían estar a punto de mejorar, teniendo en cuenta las palabras de admiración que el mandatario estadounidense ha tenido para su contraparte ruso Vladimir Putin.

La vajilla

También hay discusiones sobre qué piensan las otras dos partes en este negocio, el gobierno ruso y el fondo soberano de Qatar.

Para Moscú, el negocio tiene sentido al ofrecer una inyección de dinero que ayuda a mejoras las finanzas gubernamentales, afectadas por las sanciones y por años de bajos precios petroleros, le dice a la BBC Simon Littlewood, presidente de la consultora basada en Singapur AC Growth Delivered.

Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Algunos creen que las relaciones entre Washington y Moscú mejorarán por la admiración de Trump por Putin.

Pero otros no ven tan clara la posición rusa, al vender parte de uno de sus más valiosos activos para cubrir el déficit fiscal.

"Es mala idea para Rusia tener que vender la vajilla para pagar la cena", le dice a la BBC Peter Morici, economista de la Universidad de Maryland en Estados Unidos.

El académico también critica la posición del fondo soberano de Qatar en este negocio. La nación árabe es uno de los grandes productores petroleros del mundo y parece estar también apostando por una recuperación sostenida del precio del crudo.

"Si hubieran adquirido una mayoría de Rosneft, por lo menos podrían regular su producción, asegurando que se mantuviese a raya y ayudando así a mantener el precio del petróleo".

En cualquier caso, argumenta Morici, el mercado internacional del petróleo está a punto de cambiar si el presidente electo Trump retira las objeciones ambientales que impedían explotar varios yacimientos en Estados Unidos.

Si ese petróleo empieza a salir al mercado, los acuerdos de limitar la oferta por otras naciones productoras como el de la OPEP serán inútiles para detener otra caída de los precios, vaticina el académico.

Por lo que queda claro que la apuesta de US$11.500 millones emprendida por Qatar, Rusia y la firma Glencore es arriesgada e incierta.

Temas relacionados

Contenido relacionado