"Me escapé de mi casa para huir de un matrimonio forzado": la dura historia de Jasvinder Sanghera contra su propia familia

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Image caption Jasvinder (der) a los 15 años, con su hermana Robina.

Cuando Jasvinder Sanghera tenía 16 años, sus padres la encerraron en un cuarto porque se rehusó a casarse con el hombre que ellos habían elegido para ella.Jasvinder le contó a la BBC cómo se escapó con la ayuda de un novio, cuya relación mantenía en secreto, y cómo perdió contacto con toda su familia como resultado de ello.

Al crecer no teníamos absolutamente ninguna liberad. Todo estaba vigilado, monitoreado y controlado.

Aprendimos que teníamos que ser cuidadosas sobre cómo nos comportábamos para no avergonzar a la familia.

Soy una de siete hermanas y sólo hay una más joven que yo, así que vi cómo mis hermanas tuvieron que casarse muy jóvenes, incluso a los 15 años.

Las vi desaparecer para convertirse en esposas e ir a India, regresar, no volver al colegio y después entrar en esos matrimonios para ser física y psicológicamente abusadas.

Y mi impresión del matrimonio era que así tenía que ocurrirte: te casas, te golpean y te dicen que debes permanecer allí.

Trato diferente

Mis padres eran sij, y el sijismo nació sobre la base de la compasión y la igualdad de hombres y mujeres. Y a pesar de ello tenemos mujeres a quienes se trata de forma muy distinta.

A mi hermano se le permitió una total libertad de expresión. Se le permitió elegir con quién quería casarse.

Pero a las mujeres se les trata de forma distinta, y esto se refuerza dentro de las comunidades. Nadie se opone y está profundamente arraigado.

No creo que yo fuera más lista. No sé lo que me impulsó. Mi madre solía decir: "tú naciste de cabeza, fuiste diferente desde el nacimiento".

Quizás el hecho de que ella dijera eso me ayudó, porque me hizo cuestionarme varias cosas.

Y después, cuando se me mostró la fotografía de este hombre, cuando yo tenía 14 años, y supe que yo le había sido prometida desde que tenía ocho años y debía contemplar el matrimonio, miré esa fotografía y pensé: "bueno, él es más bajo que yo y es mucho más viejo que yo, y no quiero esto".

Fue tan simple como eso.

Pero dentro de la dinámica de nuestra familia se nos enseñó a callarnos.

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Image caption Las víctimas que huyen de un matrimonio forzado viven con el temor constante de ser encontradas por sus familias.

Decir "no" al matrimonio significó que mi familia me sacó del colegio y me mantuvo como prisionera en mi propia casa.

Yo tenía 15 años y me encerraron en este cuarto y literalmente no se me permitió salir de allí hasta que estuviera de acuerdo en casarme.

La puerta tenía un candado afuera. Yo debía tocar para ir al baño y ellos me traían los alimentos a la puerta.

Mi madre era la principal persona encargada de poner las reglas en vigor. La gente no piensa en las mujeres como las guardias de un sistema de honor.

Así que al final dije "sí", simplemente para planear mi escape. Y fue tan simple como eso, porque entonces tuve libertad de movimiento.

"Mi novio secreto"

Los únicos amigos que se nos permitía tener debían también ser de la comunidad india. Y fue el hermano de mi mejor amiga, que era india, quien me ayudó al final.

Se convirtió en mi novio secreto. Ahorró dinero y dijo: "quiero estar contigo y te ayudaré a escapar".

Venía a la casa en la noche, se quedaba en el jardín y en secreto nos susurrábamos cosas a través de la ventana.

Un día, él se vistió como mujer, fue a una tienda de zapatos pretendiendo que estaba de comprar. Me entregó una nota que decía: "estaré en la parte trasera de la casa a esta hora, mira por la ventaja".

Así lo hice. Me indicó que empacará ropa y bajé dos maletas usando sábanas amarradas mientras tiraba la cadena del escusado para que mi madre no escuchara.

Después, un día estaba en la casa con mi padre, que estaba en la casa porque trabajaba en la noche. La puerta principal estaba abierta y me eché a correr.

Corrí, unos 5,5 km, hacia donde mi novio trabajaba, me escondí detrás de una pared y esperé a que saliera.

Él fue a buscar mis maletas, me recogió en su Ford Escort y me dijo que cerrara los ojos y colocara el dedo en un mapa. Éste cayó en Newcastle (Inglaterra).

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Image caption Jasvinder, que ahora tiene 51 años, ayuda a otras mujeres que están en la misma situación en que ella estuvo.

Me senté en el espacio para las piernas en el auto para que nadie pudiera verme y cuando vi el puente Tyne me quedé totalmente sorprendida porque nunca había estado en ningún lugar fuera de Derby.

Mis padres me reportaron a la policía como desaparecida y fue el oficial de policía quien me dijo que tenía que llamar a casa para hacerles saber que estaba sana y salva.

Mi madre respondió el teléfono y dije: "Mamá, soy yo. Sabes, quiero volver a la casa pero no quiero casarme con ese extraño".

Su respuesta se ha quedado conmigo por el resto de mi vida. Dijo: "o regresas y te casas con quien decimos, o a partir de este día estarás muerta para nosotros".

Después, cuando las cosas comenzaron a asentarse, comencé a pensar: "lo hice, pero ¿dónde está mi familia? Quiero a mi familia". Los extrañaba terriblemente. Te sientes como un muerto que camina.

Mi novio solía llevarme en el auto a mi ciudad a las 3 am sólo para yo pudiera ver a mi papá caminando a casa después del trabajo.

Lo que cambió lo que yo sentía fue la muerte de mi hermana, Robina.

La sacaron de la escuela a los 15 años durante nueve meses, la casaron con un hombre en India y luego regresó y la pusieron en el mismo año que yo en el colegio, y nadie se cuestionó esto.

Pero él la trataba terriblemente y cuando su hijo tenía seis meses ella cortó la relación.

Después se casó por amor y mis padres estuvieron de acuerdo porque él era indio, un sij y de la misma casta que nosotros.

Ella volvió a sufrir abuso doméstico pero mis padres dejaron en claro que debido a que ella lo había elegido a él, era su deber hacer que el matrimonio funcionara.

Image caption El matrimonio forzado todavía sigue practicándose en algunas culturas del sureste asiático.

Fue a ver a un líder comunitario local, quienes tienen mucho poder y cuya palabra habría sido para mis padres como la palabra de Dios.

Pero él le dijo: "Necesitas pensar que el temperamento de tu esposo es como una olla con leche: cuando hierve se sube hasta la orilla y es el papel de la mujer soplarle para que se enfríe y baje".

Cuando mi hermana cumplió 25 años, se prendió fuego y murió. Cuando ella se vio empujada a suicidarse, ese fue el momento decisivo para mi.

He aprendido a vivir mi vida sin expectativas de la familia. Nunca he recibido una tarjeta de cumpleaños en 35 años y tampoco mis hijos.

Para mis hijos hay un vacío total en lo que se refiere a la familia del lado de su madre. Tengo sobrinos y sobrinas que nunca he conocido porque mis hermanos decidieron apoyar a mis padres.

Incluso he estipulado en mi testamento que no quiero que ningún miembro de mi familia vaya a mi funeral porque conozco su hipocresía.

Van a querer mostrar la cara, pero si no pudieron mostrarla cuando estuve viva, no voy a darles el placer de hacerlo cuando esté muerta.

Tengo tres hijos: Natasha, de 31 años, Anna, de 22 y Jordan, de 19.

Temores infundados

Mi hija se casó con un asiático y eso me preocupó. No quería que su familia la hiciera pagar por tener una madre que había sido repudiada y había tenido que huir de su casa.

Pero afortunadamente, todos mis temores resultaron infundados porque ésta es una familia india que ha hecho totalmente lo opuesto a lo que hizo mi familia.

En 1993 empecé en la mesa de mi cocina una organización de caridad, Karma Nirvana, que me permitió por primera vez comenzar a hablar sobre mis experiencias personales y lo que le ocurrió a mi hermana.

Mi familia quería que nunca se volviera a hablar de Robina.

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Image caption Jasvinder con su nieto.

A veces, en navidad, mis hijos se rencuentran con estas mujeres distintas en la cena, son sobrevivientes repudiadas por sus familias, y no tienen idea quién estará sentada en nuestra mesa. Pero ellos entienden por qué lo hago.

Mi organización cumplirá 25 años el próximo año. Hemos ayudado a convertir el matrimonio forzado en un delito, hemos establecido una línea telefónica de ayuda financiada por el gobierno que recibe 750 llamadas al mes, 58% de quienes llaman son víctimas y los otros son profesionales que hablan sobre víctimas.

Hacemos evaluaciones de riesgo, ofrecemos refugio y ayuda para planear escapes.

Todavía no tenemos suficiente respuesta de profesionales y tenemos que tratar de incrementar la información, pero estamos lográndolo.

Esto es abuso, no forma parte de una cultura donde hacemos excusas. La aceptación cultural no significa aceptar lo inaceptable. Abuso es abuso.

Ahora soy abuela. Mi hija está esperando su segundo hijo en marzo. Y sabes, cuando los miro me digo a mí misma: "ellos nunca heredarán este legado de abuso gracias a que yo tomé esa decisión cuando tenía 16 años".

Y eso realmente me hace sentir mucho más fuerte.

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