Por qué pensé que había matado a mi bebé

Jamie, Sally y Ella Derechos de autor de la imagen Sally Wilson
Image caption Un momento de felicidad tras una pesadilla de dos años.

Esta foto con mi esposo Jamie y nuestra hija de dos años, Ella, durante unas recientes vacaciones en Francia, parece la típica de una familia feliz. Pero los 24 meses anteriores, que fueron el principio de nuestra vida como familia, fueron radicalmente distintos a los de otros padres.

La nuestra fue una historia de quiebra, de vivir cada día una pesadilla aterradora de la que no podía escapar y de sentir tanto daño y desesperación que constantemente pensaba en adentrarme en el mar cerca de nuestra casa en el norte de Gales, Reino Unido.

Después de estos dos años puedo decir que prácticamente me he recuperado. Pero no ha sido fácil y lo he logrado a costa de un tratamiento polémico.

Pero el día que pensé que nunca llegaría está aquí: el día en que puedo disfrutar de la familiaridad de ser la misma que era antes.

El principio de la pesadilla

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Image caption Sally y Jamie son entusiastas del deporte y se conocieron en la universidad.

En 2013 Jamie y yo nos casamos. De acuerdo a lo que habíamos planeado empezamos una familia un año después.

Tuve un buen embarazo pero al final tuvieron que inducirme el parto porque tenía síntomas de pre-eclampsia, una condición que puede volverse peligrosa si no se trata.

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Image caption A los cinco meses de embarazo durante unas vacaciones en Grecia.

Fue un parto largo y a medida que pasaban las horas las cosas empezaron a complicarse: entré en un estado de mucha confusión.

Tenía dificultades para entender la noción del tiempo, casi no dormí y estaba en un estado febril.

Los médicos aumentaron la cantidad de hormonas para la inducción del parto y además me dieron óxido de nitrógeno (también conocido como "gas de la risa") y petidina para sobrellevar el dolor.

Pero el latido del corazón de Ella no paraba de bajar y el bebé estaba en peligro.

Al final nació por cesárea y para entonces mi confusión era enorme.

Yo no paraba de decir que no entendía qué estaba pasando y preguntaba por qué había médicos en la habitación.

Me hicieron varias pruebas y descartaron que tuviera un derrame cerebral.

Paranoia y alucinaciones

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Image caption Ella, recién nacida, en marzo de 2015.

Durante la madrugada le pedía a las enfermeras que se sentaran conmigo, porque tenía mucho miedo. También tenía la paranoia de que las matronas estaban hablando sobre mí.

Para entonces sentía pánico, estaba convenida de que había hecho algo mal y me enfadaba fácilmente.

Y unos días después la cosa se puso aún peor. Me levanté para ir al baño y colapsé. Empecé a llorar y me negaba a levantarme.

En mi cabeza tenía la extraña certeza de que yo había muerto. Podía ver a todo el mundo a mi alrededor, las matronas y a Jamie detrás de mi.

Vi cómo una matrona se llevaba a Ella y pensé que se la estaban llevando para resucitarla porque yo le había hecho daño.

Ahora sé que estaba teniendo un brote de psicosis. Creía que yo estaba muerta y me encontraba en el más allá. Empecé a tener alucinaciones.

"Mi bebé estaba muerto. Yo la había matado"

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Image caption Ella con su papá, cuando tenía un mes de vida.

Los llantos de los bebés eran ensordecedores, el ruido del aire acondicionado me aturdía y los carritos de la comida sonaban como trenes que pasaban por los pasillos del hospital.

Me molestaba mucho que encendieran las luces y veía sombras en la pared.

Estaba convencida de que como le había hecho daño a mi bebé, yo había muerto y ahora vivía en "el más allá", en una especie de infierno.

La pesadilla más aterradora que uno pueda imaginar pasó a ser mi realidad.

Las enfermeras trajeron a Ella para que la viera y para asegurarme de que estaba bien. Pero yo estaba convencida de que me la habían cambiado, de que aquel no era mi bebé. Mi bebé estaba muerto. Yo la había matado.

"¿Qué le pasa a Jamie, por qué está llorando? No está llorando, Sally, mira, está bien. ¿Quiénes son esas personas en la puerta de la habitación con batas blancas? No hay nadie afuera de la habitación, Sally. Sí, sí que hay. Vinieron a buscarme y a llevarme a la cárcel. Oh Dios mío... ¿cómo pude haberle hecho daño a mi bebé?".

Fue horrible.

En la unidad psiquiátrica

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Image caption Sally, de vacaciones en Francia. Esta foto fue tomada unos meses después de empezar a hacer terapia de electrochoque, en el momento en que empezó a sentirse mejor.

Me llevaron a la unidad psiquiátrica y le dijeron a Jamie que estaba sufriendo psicosis postparto.

Me dieron medicación contra la ansiedad y contra la psicosis.

Todo lo que recuerdo es que me llevaron por un laberinto aterrador, mientras yo veía gente caminado a mi alrededor como si fueran caricaturas exageradas y grotescas.

No dejaba que me sacaran muestras de sangre y estaba convencida de que había una conspiración contra mí.

Jamie y mis padres me visitaban con Ella y yo la tenía en brazos pero no entendía que era mi hija. No sentía ninguna conexión.

Fuimos a la cafetería y había que cambiar el pañal de Ella. Pero los cambiadores estaban cerca de la unidad de maternidad y yo me puse muy ansiosa porque no quería acercarme a aquella zona. Pensé que no debían dejarme sola en la unidad de maternidad porque estaba convencida de que le había hecho daño a mi propio bebé.

Una semana después tuve una sesión con mi médico y le dije que estaba mejor solo para que me dejaran salir de allí.

En casa toqué fondo

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Image caption Sally y Ella en diciembre de 2016.

Aunque había un equipo médico que me visitaba a diario las cosas no mejoraron mucho.

Me las arreglaba para cumplir con las necesidades básicas de Ella, la cambiaba y le daba de comer. Pero solo me estaba dejando llevar por la inercia.

Todavía creía al 100% que yo había matado a mi bebé.

Y toqué fondo: con una oscura depresión combinada con síntomas psicóticos.

Había leído un artículo sobre un asesinato en un complejo residencial de caravanas que había tenido lugar el mismo día en que yo había tenido el brote psicótico en el hospital. Y en mi cabeza estaba segura de que yo había cometido ese asesinato.

Además el sonido de los pájaros, particularmente el de los cuervos, era muy fuerte.

Después descubrí que en inglés a un grupo de cuervos se le puede llamar "a murder of crows" (un asesinato de cuervos), e hice una interpretación de ese significado vinculándolo a lo que yo había hecho en el hospital.

También me obsesioné con el número de un autobús que siempre parecía pasar cuando salía de casa. Interpretaba esto como parte de una conspiración contra mí, algo con un significado oculto.

Mi mente veía constantemente imágenes abrumadoras e intrusivas de mí misma adentrándome en el mar cerca de mi casa para terminar con todo.

Diez meses después de volver a casa le dije a Jamie que ya no podía seguir más así. Y mi marido, que había hecho tanto para ayudarme, estaba consternado.

Como tenía la determinación de ayudarme empezó a leer mucho sobre tratamientos para la psicosis postparto. Y vio que se citaba mucho la terapia electroconvulsiva o terapia por electrochoque.

Una terapia polémica

Derechos de autor de la imagen Sally Wilson
Image caption "Gradualmente, me fui haciendo más fuerte y establecí un vínculo más profundo con Ella", dice Sally.

Mi psiquiatra contactó entonces con el profesor de psiquiatría Ian Jones, de la universidad de Cardiff, directos también del Centro Nacional para la Salud Mental y experto mundial en psicosis postparto.

Y él estuvo de acuerdo en que la terapia electroconvulsiva podría ayudarme.

Lo primero que piensas es que es un tratamiento horrible y barbárico, que involucra estar atado a una silla para ser electrocutado.

Es bastante dramático. Te anestesian y te dan descargas eléctricas en el cerebro para provocar una convulsión.

Hacia la mitad de mi tratamiento de 10 sesiones hubo un cambio en mi manera de pensar: es como si me deshiciera de algo terrible. Me salvó la vida.

Gradualmente, me fui haciendo más fuerte y establecí un vínculo más profundo con Ella.

Es triste pensar en todo lo que me perdí, pero ahora la veo y me emociona ver que todo está bien, que estamos aquí, felices y con buena salud.

Recuperar la vida

Image caption "Hoy es un día que creí que nunca iba a a volver a vivir: sentir otra vez que la vida es agradable", dice Sally.

No puedo decir que soy la misma persona, pero he vuelto a trabajar algunos días a la semana y estoy ocupada con los desafíos diarios de ser madre. La vida vuelve a sonreír.

Una vez que has sufrido psicosis postparto hay muchas posibilidades de que vuelva a desencadenarse si hay embarazos posteriores.

Esa es una opción muy personal, pero para nosotros solo con que haya la más mínima posibilidad de volver a pasar por lo que ya vivimos es algo que no vale la pena.

Pero para mí es importante darle esperanza a las mujeres que están pasando por el horror de la psicosis postparto.

Estás convencida de que nunca, nunca se va a acabar. Pero hoy es un día que creí que nunca iba a a volver a vivir: sentir otra vez que la vida es agradable.


  • ¿QUÉ ES LA PSICOSIS POSTPARTO?

De todo el rango de problemas mentales asociados al postparto, la psicosis portparto es la más severa. La depresión postparto afecta a una de cada 10 mujeres, mientras que la psicosis postparto afecta a entre una de cada 500 a una de cada 1000.

  • ¿CÓMO SE MANIFIESTA?

Puede surgir de repente, como de la nada. En cuestión de horas las mujeres pueden pasar de estar perfectamente bien a tener que necesitar cuidados en una unidad psiquiátrica. En otros casos el problema puede no ser tan evidente ni emerger tan rápido. Normalmente hay síntomas psicóticos, como creencias que no son reales y afectaciones drásticas del estado de humor, alto o bajo.

  • ¿QUIÉN ES MÁS VULNERABLE?

Para un 50% de las mujeres afectadas la psicosis postparto es el primer problema de salud mental que experimentan en la vida. La otra mitad sí ha sufrido antes una enfermedad mental. Las pacientes con trastorno bipolar tienen una probabilidad particularmente alta de sufrir psicosis, un 20% (1 de cada 5). Y extremadamente alta es la probabilidad de quienes ya han tenido psicosis postparto antes, con un 50-60% de posibilidades de recurrencia.

  • ¿QUÉ LA CAUSA?

Hay muchas hipótesis que la explican por los grandes cambios hormonales, la interrupción del patrón de sueño y cambios de tipo inmunológico. Otro factor importante que estamos estudiando todavía son los factores genéticos.

Fuente: Profesor Ian Jones, de la Universidad de Cardiff


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