"El ojo de dios": las premiadas imágenes de Henry Agudelo que muestran el horror de la guerra en Colombia en un trozo de piel

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Image caption Una de las imágenes del proyecto de Henry Agudelo que ganó el Sony World Photography Award 2017 en la categoría Bodegón.

Algunos lo llaman "el mejor reportero gráfico de Colombia". Otros, medio en broma medio en serio,"el ojo de dios".

El caso es que Henry Agudelo Cano acaba de sumar otro Sony World Photography Award a una larga lista de premios que incluyen World Press Photo, Rey de España e innumerables premios nacionales.

Es una carrera que, desde que empezó hace 37 años en Medellín, Colombia -ciudad en la que aún reside-, no ha dejado de estar en ascenso.

Y lo que hace a Henry diferente de otros monstruos de la fotografía colombiana, como Jesús Abad Colorado, es que destaca no sólo con su particular mirada sobre el conflicto armado del país, sino que tiene igual solvencia en la fotografía deportiva o la noticiosa.

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Image caption Foto con la que Henry Agudelo ganó el World Press Photo en 2006. Fue publicada en el periódico El Colombiano de Medellín.

Cuando lo conocí, hace 30 años, en el periódico El Mundo de Medellín yo era un aprendiz y él uno de los fotógrafos más respetados de la región.

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Image caption Henry Agudelo

El Mundo (un periódico que marcó época en Colombia por su audaz diseño y su periodismo moderno) era el lugar perfecto para desplegar su mirada. Fue el primer diario colombiano -y que yo recuerde, el único- en publicar una foto como editorial.

Cuando los paramilitares asesinaron a uno de sus columnistas (Héctor Abad, padre del escritor colombiano del mismo nombre), el espacio donde debía publicarse su siguiente columna salió en blanco.

Era 1987. La hidra de la terrible violencia que asoló la ciudad ya asomaba sus cabezas

Hay una imagen de ese año que no olvido. Fue publicada en febrero 1987, cuando la captura e inmediata extradición (la primera en Colombia) a Estados Unidos de Carlos Lehder, uno de los principales capos del Cartel de Medellín

Lehder fue detenido en un poblado cerca de Medellín, ciudad a la que se le llevó para trasladarlo a Bogotá y extraditarlo.

No me pregunten cómo, pero Henry pensó cuáles eran las rutas posibles por las que sería llevado al helicóptero para ser enviado a Bogotá, las descartó una por una y se quedó con la más plausible.

Allí se apostó y tomó la única foto de Carlos Lehder bajo arresto, la cual dio la vuelta al mundo.

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Un año después estalló en pleno la guerra del narcotráfico contra el Estado y la capital del departamento de Antioquia se convirtió en la ciudad más violenta del mundo.

Como Jesús Abad Colorado, Donaldo Zuluaga, Manuel Saldarriaga y tantos otros fotógrafos con los que trabajé en esos años, Henry no desvió la mirada.

Al contrario: la volvió más afilada (y si es posible, tierna) que nunca antes.

Por eso le fue posible tomar fotos tan desgarradoras y al mismo tiempo íntimas como la que mereció una mención de honor del World Press Photo en 2009: una mujer sin techo que se baña en una de las cañerías del Río Medellín.

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Image caption Foto que recibió mención de honor World Press Photo en 2009. Publicada en el periódico El Colombiano.

Lo cual nos trae a la serie por la cual se acaba de ganar el Sony Award en Londres.

Es la destilación de todas las obsesiones de Henry y, al mismo tiempo, la concentración casi insoportable de su mirada -como un cortante láser- en un punto fijo. En realidad es un triángulo: los desaparecidos, la muerte y la identidad.

En los 50 años de conflicto armado se calcula (la diferencia está en quién hace los cálculos) que entre 45.000 y 100.000 personas fueron desaparecidas en Colombia. Cualquiera que sea el número, es mayor que el de todas las dictaduras sudamericanas juntas.

Desde 1983, cuando empezó a trabajar en el tema, a Henry lo obsesionan las personas que son enterradas sin nombre, el dolor de los familiares que todos los días esperan verlos regresar y que no tienen una tumba para llorar y cerrar su duelo.

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Image caption ¿Dónde están nuestros desaparecidos?
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Image caption Una cruz para una tumba sin nombre en un lugar donde, se cree, hay enterradas decenas de personas asesinadas por paramilitares.

Por eso, Henry empezó a visitar morgues y a interesarse en el trabajo que hacen las personas que arreglan cadáveres en Medellín (casi todos jóvenes, la mayoría mujeres) y que tratan de preservar elementos suficientes para que esos cuerpos que son enterrados en una tumba sin nombre puedan ser algún día identificados, como ordenan la ley colombiana y, más importante, la dignidad humana.

De eso se tratan las siguientes fotos que va a ver y con las que Luis Henry Agudelo Cano ganó el premio al mejor bodegón (still life) en los Sony Awards de este año: los restos humanos que se conservan con una señal -un tatuaje, una marca- que permita identificarlos algún día.

Son fotos terribles. Son lo que ha sido la realidad colombiana hasta hoy.

Es normal que quiera apartar la mirada. Sólo recuerde: Henry nunca lo ha hecho.

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