Sumergirse en agua helada y otros casos extremos de cómo las startups buscan dinero

Una mujer dando un discurso en el agua helada. Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption El Polar Bear Pitching Contest es un concurso en el que se hace una presentación sumergido en agua helada.

Los espectadores miraban boquiabiertos cómo Didrik Dege Dimmen se metía en un agujero cavado en el hielo del congelado mar Báltico.

El agua helada le llegaba a la cintura a este noruego de 24 años, que había utilizado su cuerpo como un lienzo para escribir el nombre de su producto, un estabilizador de celulares.

Su objetivo era convencer a un panel de inversionistas de que su idea merecía el premio de $11,128 que ofrecía la edición del Polar Bear Pitching Contest (Concurso de Propuestas Oso Polar) de 2016, que se organiza cada año en la ciudad de Oulu, en Finlandia.

Dimmen ganó el dinero y una visita a Silicon Valley, además de publicidad global y nuevos contactos.

Competencias como esta están proliferando en todo el mundo. Nuevos géneros surgen cada año: batallas de startups o escapadas de fines de semana.

"Fue una forma altamente eficiente de darnos a conocer", admite Dimmen, que fundó FlowMotion Technologies hace dos años en Oslo.

Desde entonces, su perfil público es cada vez más visible, lo que ha ayudado a la firma a conseguir fondos por un valor de US$1,3 millones.

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Image caption Cada año surgen nuevos concursos extremos para conseguir financiación.

Si bien saltar semidesnudo al agua helada puede ser una forma extrema de conseguir financiación, forma parte de una tendencia que ha convertido al llamar la atención, hacerse notar y cultivar una marca personal en elementos cruciales.

Concursos extremos

Las versiones más extremas plantean retos llamativos a emprendedores llenos de esperanzas.

Como Thea Myhrvold, quien tuvo que explicar a un inversor su propuesta de negocio en el asiento trasero de un automóvil que daba vueltas en un circuito a 180 kilómetros por hora.

Todos los puntos claves debían condensarse en 7 minutos, lo que duraba la vuelta, según las normas del concurso de emprendedores Infiniti Speed Pitching de 2015, celebrado en Hong Kong

La joven de 27 años, fundadora de la plataforma digital educativa Teach me now (Enséñame ahora), se hizo con el premio de US$40.000.

Los realities de televisión también se han apuntado a esta moda, con programas del estilo de Dragon's Den (La guarida del dragón), Shark Tank (El tanque de tiburones) y Adventure Capitalists (Capitalistas aventureros) que se transmiten en casi 30 países.

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Image caption Gwyneth Paltrow, Jessica Alba, Will.I.Am y Gary Vaynerchuk son los jueces de 'El planeta de las apps'.

Todos muestran a emprendedores proponiendo ideas a inversionistas en busca de financiación.

Incluso Apple ha lanzado un programa de televisión llamado El planeta de las apps.

En él, creadores de aplicaciones para celulares le cuentan sus propuestas a un panel formado por cuatro celebridades: Gwyneth Paltrow, Jessica Alba, Will.I.Am y Gary Vaynerchuk.

Pero deben hacerlo durante los 50 segundos que tardan en bajar al set por una escalera mecánica.

¿Los tímidos se extinguen?

Una cosa es llamar la atención ante las cámaras, pero los estudios sugieren que la timidez está en declive.

Una investigación realizada entre universitarios estadounidenses durante 27 años descubrió en 2008 que los niveles de narcisismo estaban aumentando.

Sus autores notaron que estas conclusiones coincidían con estudios previos que arrojaban incrementos en otros rasgos individualistas, como la autoestima y la extroversión.

Un informe de 2011 sobre el narcisismo en China descubrió que efectivamente éste se daba mucho entre los jóvenes.

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Image caption Los realities han influido mucho en el aumento del narcisismo y el deseo de llamar la atención.

Los realities han influido mucho en estos comportamientos que gritan "¡mírame!", según comentó a BBC Capital el estratega de relaciones públicas de Silicon Valley, Jonathan Hirshon.

Tras la huelga de guionistas celebrada hace una década, este tipo de programas de televisión florecieron, dando cabida a personajes como Paris Hilton o Kim Kardashian, afirmó Hirshon.

"Lo que nos quedó de esto es la idea de vivir nuestra vida de forma pública".

Es una aspiración que las redes sociales facilitan en la actualidad, con miles de millones de personas compartiendo detalles de su vida y pensamientos en distintos grados de exhibicionismo digital.

El auge de estrellas de Youtube y de influencers de Instagram ha resaltado aún más la importancia de destacar del resto con una marca personal.

Este concepto de llamar la atención empezó a introducirse en el mundo de los negocios a mediados de los 90, cuando Silicon Valley comenzó a despegar.

Su cultura competitiva y la rivalidad a la hora de conseguir financiación acabaron tomando la forma de concursos de propuestas que cada vez exigen más a los participantes presentaciones que, además, entretengan.

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Image caption Según un experto, la cantidad de nuevas empresas hace que la gente piense que debe gritar para conseguir fondos.

"Hay tantas compañías nuevas que han salido del taller en los últimos años que la gente ha decidido que necesitan gritar en vez de susurrar", afirmó el estratega.

En este contexto, puede parecer que las ideas, el trabajo duro y el talentono llevan muy lejos a menos que se aprenda a darlos a conocer a voz en cuello y alardear de ellos. Pero, ¿y si ese no es tu estilo?

Una ventaja cultural

Para Hirshon, esta tendencia es "desafortunada".

"Muchas empresas que están gritando tienen la tecnología menos viable y los peores planes de negocio".

También pone en desventaja a quienes procedan de una cultura más reservada.

"En Japón, alardear es la forma más rápida de no llegar a ningún lado", añadió.

"En los países nórdicos, también. Este es un problema porque sus culturas son opuestas a las de lugares como Estados Unidos o Reino Unido, donde gritar se ha convertido en la norma".

Por el contrario, en países como estos dos últimos, ser demasiado modesto puede resultar una desventaja, aseguró Charlene Solomon, de la plataforma digital intercultural RW3 CultureWizard.

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Image caption A diferencia de Estados Unidos, en países como Japón, llamar la atención está muy mal visto.

En situaciones como una entrevista de trabajo o una presentación, "tienes que estar dispuesto a hablar de ti mismo porque no resaltar tus habilidades puede incluso arruinar un trato", según Solomon.

El peligro en premiar la actitud de llamar la atención es que favorece a cierta clase de personalidad, advierte el psicólogo Ros Taylor, profesor de Strathclyde University, en Reino Unido.

Muchas compañías tienen la creencia de que los mejores líderes deben ser extrovertidos capaces de ver las cosas en toda su dimensión y de hablar sobre ellas con contundencia.

"Significa que todo es un engaño y una fanfarronada y que nada tiene una pizca de credibilidad", afirmó Taylor.

El valor de la introversión

"Eso es preocupante porque una persona más callada y contemplativa suele ser la que tiene ideas excelentes y una forma de pensar creativa".

"Me paso el tiempo visitando juntas directivas y equipos de gerencia diciéndoles 'No, no, no. No existeun sólo tipo de persona capaz de liderar'. La verdadera diversidad está en contar con diferentes tipos de gente en la mesa, tanto extrovertidos como introvertidos".

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Image caption Ser reservado no significa que alguien no pueda ser un buen líder.

Incluso cuando se trata de liderazgo, una personalidad reservada puede hacerlo mejor que sus rivales más ruidosos.

Un estudio reciente hecho entre más de 2.000 directores de compañías concluyó que los introvertidos sobrepasaban las expectativas de sus inversores y juntas directivas con más frecuencia que los extrovertidos carismáticos.

¿Qué pueden hacer entonces aquellos a los que llamar la atención no se les da de forma natural?

Taylor cree que todos pueden aprender a hablar en público.

Si no puedes vencerlos...

Antes de contratar a Taylor como coach, Gerry Tyrrel se sentaba en las reuniones y se quedaba en silencio.

Como controlador financiero con amplia experiencia, confiaba en sus capacidades pero se cohibía a la hora de tomar la palabra en la multinacional tecnológica en la que trabaja.

Sobre todo, cuando sus colegas se ponían agresivos y adoptaban una mentalidad de compadreo a la hora de defender sus puntos de vista.

Él siempre había trabajado en la sombra, detectando riesgos financieros y compartiendo sus conocimientos con otros antes y después de las reuniones, pero sentía que la falta de reconocimiento no estaba ayudándole a progresar en su carrera.

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Image caption Algunos expertos creen que todo el mundo pude aprender a hablar en público.

"Sabía que tenía que proyectarme un poco más".

Con una forma de hablar suave y una tendencia a acelerarse cuando está nervioso, Tyrrel aprendió a bajar la velocidad, elegir uno o dos puntos clave y conseguir que su mensaje llegue.

"Hace dos años, no hubiese sido capaz de hacer una presentación como las que se hacen en los concursos de propuestas extremos. Ahora, lo haría, aunque no sería el mejor. Transmitiría mi idea a mi manera", admitió.

Hirshon, que ha sido juez en el Polar Bear Pitching, tuvo que convencer a un emprendedor modesto de que fuera más efusivo.

"Tenía unos clientes en Suecia que tenía una tecnología de reconocimiento facial increíble, mejor que cualquier otra en el mercado. Pero siempre que hablaban decían que su tecnología era 'decente", recuerda el experto en relaciones públicas.

"Al final tuve que entrenarlos para que dijeran 'Tenemos algo que es único".

Aún así, no cree que todo el mundo deba aprender a llamar la atención.

"Cuando todos gritan, el que susurra es el que consigue ser escuchado", opinó.

"Si una empresa tiene un gran producto y lo anuncia con un perfil bajo pero con pruebas de su valor, la gente lo captará y lo entenderá".

Para él, las relaciones públicas no son "una competencia de quien grita más", sino un "juego de ajedrez".

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