De sin techo a escritor de éxito: la increíble historia de Jean-Marie Roughol, el francés cuya autobiografía se convirtió en un best-seller

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Image caption A Jean-Marie Roughol no le quedó otra alternativa que pedir limosnas.

La mañana que cambió la vida de Jean-Marie Roughol se presentó como la de otro día cualquiera.

Se había despertado temprano, como de costumbre, cuando el tráfico y el ruido comenzaban a tomar las calles de París.

Caminó igual que cada amanecer durante los últimos 27 años hasta la avenida de los Campos Elíseos, una de las más céntricas y turísticas de la capital francesa, cuando una bicicleta llamó su atención.

Se acercó al hombre que la conducía y empezó a hablarle. Así estuvo un rato, hasta que empezó a escuchar los comentarios de las personas que, sin que él se diera cuenta, lo habían comenzado a rodear poco a poco.

"Yo solo le estaba hablando con el señor de la bicicleta cuando oímos a algunos diciendo: 'Pero mira quién es y habla con un mendigo'", le contó Roughol al programa Outlook de la BBC.

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Image caption La avenida de los Campos Elíseos, es una de las más céntricas y turísticas de la capital francesa.

El hombre de la bicicleta era el exministro del Interior y expresidente de la Asamblea Nacional de Francia Jean-Louis Debré.

Los comentarios despectivos de los que lo rodeaban le molestaron tanto que le hizo una propuesta inusual a Roughol: "¿Por qué no escribes un libro sobre tu vida?".

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Image caption Jean-Louis Debré fue ministro del Interior y presidente de la Asamblea Nacional de Francia

El libro, titulado Je tape la manche: Une vie dans la rue ("Pido limosnas: una vida en la calle"), ya vendió más de 50.000 ejemplares.

"Yo jamás imaginé que sería un éxito. Creí que si conseguía vender 50 copias, sería un milagro y, de repente, yo estaba dando un montón de entrevistas", cuenta.

El proceso

Era la primera vez que Roughol se aventuraba en el mundo de la escritura.

"No empecé inmediatamente. Pasaron seis meses hasta que tomé papel y pluma. Jean-Louis me animó a escribir. Me dijo que lo hiciera cuando yo pudiera, poco a poco. Siempre cargaba un cuadernito conmigo y lo llenaba con mi historia", relata.

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Image caption Debré se encargó personalmente de buscar una editorial y revisar la autobiografía de Roughol

Según le contó al programa de la BBC, Debré, que fue un político de perfil conservador y ministro durante la presidencia de Jacques Chirac, se interesó personalmente en la revisión de la obra.

"Él (Debré) encontró una editorial para mí y me hacía las correcciones. Yo cometía muchos errores, ya que no terminé la escuela, pero él me decía: 'no te preocupes, escribe lo que quieras y yo doy una mirada'", sostuvo.

Una infancia "de infierno"

El libro comienza con un relato de los difíciles años de la infancia de Roughol, abandonado por su madre y criado por el padre alcohólico.

"Yo era maltratado, no teníamos suficiente para comer. La Navidad simplemente no existía. Los cumpleaños nunca se conmemoraban… Yo lloraba solo en mi cuarto y una vez hasta pensé matarme", relató.

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Image caption Roughol fue abandonado por su madre y criado por el padre alcohólico.

A los 12 años fue a vivir con su padre, pero el ambiente tampoco era acogedor.

"Mi padre era alcohólico. Cuando estaba borracho, me golpeaba mucho. Ahí fue cuando empecé a huir de casa y dejé la escuela. Mi infancia fue un infierno, fue una época terrible, y eso eventualmente me llevó a vivir en las calles".

Dormir en la calle

Roughol tenía 19 años cuando durmió en la calle por primera vez.

"Si hubiera tenido padres normales, mi vida hubiera sido muy diferente. Mi sueño en la infancia era ser arqueólogo. Yo era apasionado por la historia", recordó.

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Image caption Decenas de personas duermen en el metro de París

Pero al día siguiente de terminar el servicio militar, su vida dio un giro inesperado.

"Esa noche sólo tenía 200 francos conmigo. La pasé en el metro, esperé el último tren y me quedé a dormir en la estación".

Dormir en la calle sería su destino por los próximos 27 años.

Sin dirección fija, Roughol no podía conseguir trabajo. Y, para completar, otros sin techo le robaron una noche sus documentos.

No le quedó otro remedio que pedir limosna.

"Yo pedía en las calles. Hace unos años, la gente era muy generosa. Pasaba de tres a cuatro horas en la calle y era suficiente para el día. Pero en los últimos años se volvió más difícil. Tenía que pasar 15 horas al día pidiendo. Cuando se vive en la calle, uno aprende a vivir un día a la vez", afirmó.

Además de lucha por la supervivencia de cada día, Roughol convivía constantemente con el miedo de que le robaran lo poco que tenía.

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Image caption Jean-Marie Roughol vivió desde los 19 años en las calles

"Es muy difícil encontrar lugares seguros para dormir. No es bueno quedarte solo para no ser un blanco fácil para asaltantes. La primera noche me robaron mis zapatos mientras dormía. Por eso hay que dormir con un ojo abierto y otro cerrado.

Hogar, ¿dulce hogar?

Tras escribir su libro y, pese al reconocimiento que alcanzó en los medios de comunicación en Francia, Roughol continuó durmiendo en la calle por un tiempo, hasta recibir el primer pago por su libro.

"Yo seguí pidiendo limosnas. La gente, como me reconocía porque me había visto por televisión, se volvió más generosa. Cuando recibí el dinero, conseguí mi propio apartamento, donde ahora vivo", indicó.

Pero el paso de la soledad de las calles a la comodidad de un nuevo hogar, requirió un duro proceso de adaptación.

"Al principio, yo caminaba por el apartamento, sin saber qué hacer. La primera noche decidí hacerme un filete. Pero en las calles, sólo comes comida barata: sándwich, kebab, pizza... Entonces en mi primera noche en el apartamento yo quise hacerme una cena y no supe cómo hacerla", le contó a la agencia AFP.

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Image caption Roughol prepara una obra de teatro basada en su vida.

Roughol trabaja ahora en un nuevo proyecto: escribe una adaptación de su vida para el teatro.

Su gran aspiración es que su historia inspire un cambio en las personas.

"Lo importante es no juzgar a los que viven en las calles", dice. Todo el mundo puede acabar en la calle, incluso los ejecutivos de grandes empresas".

Y sugiere: "Sería bueno que la gente se esforzara al menos por regalarles unas palabras. Aunque, no puedan dar dinero, pero al menos conversen con ellos".

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