El joven estudiante arrestado por la Stasi en la Alemania comunista por enviar una carta a la BBC

Karl-Heinz Borchardt en el momento de su arresto Derechos de autor de la imagen Karl-Heinz Borchardt
Image caption El joven alemán Karl-Heinz Borchardt fue detenido justo después de cumplir 18 años.

Hubo una época en la que escuchar clandestinamente emisoras de radio extranjeras era el único modo de conocer lo que realmente ocurría en tu país.

Y había programas radiofónicos que, muchos años antes de inventarse los blogs o las redes sociales, eran la única ventana al mundo para expresarse y opinar sobre temas polémicos bajo la supuesta protección que otorga el anonimato.

Aquello era Briefe ohne Unterschrift o "Cartas sin firma", un programa del servicio alemán de radio de la BBC que nació en la Segunda Guerra Mundial para dar voz desde Londres a la población de la República Democrática Alemana (RDA) que se encontraba bajo ocupación soviética.

Lo que algunos oyentes no sabían era que participar en aquel espacio les podría suponer ser perseguidos y acabar en la cárcel.

"Un estudiante"

Eso fue lo que le sucedió a Karl-Heinz Borchardt, un adolescente de dieciséis años que escribió a la BBC en 1968 desde Alemania del Este para protestar por la invasión soviética de Checoslovaquia.

El joven seguía clandestinamente la actualidad a través de la radio. "Estaba escuchando sobre los tanques que se dirigían a Checoslovaquia. Era realmente emocionante. Me senté en la mesa de la sala de estar a mi padre y escribí mi primera carta", recordó ahora para el espacio Witness de la BBC.

Image caption Los mensajes de los oyentes de la Alemania del Este eran leídos en "Cartas sin firma", grabado en un estudio de la Bush House de la BBC en Londres.

"Acabo de empezar a escuchar su programa pero me gusta mucho, ya que ese tipo de opiniones no las puedes encontrar en nuestros medios. Tengo 16 años y les escribiré periódicamente, especialmente sobre gente joven y sus opiniones", comenzaba aquella primera carta.

"En mi opinión, el oeste no intervino con la firmeza necesaria en Checoslovaquia. ¿Tiene que seguir aceptando órdenes de los soviéticos un país que luchó tanto por su libertad? Saludos de un estudiante", firmaba.

Borchardt firmó con pseudónimo, puso una dirección de Berlín Oeste en el remite y la depositó en el buzón.

"Una peligrosa propaganda"

Aquella primera carta de Borchardt, sin embargo, nunca llegó a la BBC. Fue interceptada por la Stasi, la policía secreta de Alemania del Este, que veía el programa como una peligrosa propaganda.

El oeste no intervino con la firmeza necesaria en Checoslovaquia. ¿Tiene que seguir aceptando órdenes de los soviéticos un país que luchó tanto por su libertad?"

Carta de Karl-Heinz Borchardt a la BBC en 1968

Estaban tan decididos a acabar con "Cartas sin firma", que pusieron en marcha todo tipo de medidas para localizar a los escritores anónimos que contactaban con la BBC.

Se analizaban los restos de saliva en el sobre, las huellas dactilares, la tinta utilizada, e incluso hicieron un archivo con los estilos de escritura utilizada. Y fue precisamente su tipo de letra lo que delató a Borchardt.

"Un día, el profesor nos pidió escribir una redacción sobre qué trabajo nos gustaría tener. Yo pensé que todo era parte de las tareas escolares", dijo.

Pero aquellas redacciones fueron enviadas a la Stasi. Sin saber nada de lo que estaba ocurriendo, el adolescente se sentó a escribir una nueva carta para el programa.

Derechos de autor de la imagen PA
Image caption La Stasi analizaba incluso los restos de saliva en los sobres que llegaban a "Cartas sin firma".

"Querido Mr Harrison, tengo 17 años. Crecí en este país, pero no crea que es divertido tener siempre que decir lo contrario de lo que uno piensa. Mi honesta opinión es que solo la violencia nos ayudará. Si HItler hubiera sido derrocado por la gente, millones de vidas se habrían salvado. Saludos de un estudiante", escribió.

Justo después de cumplir dieciocho años, dos vehículos de la Stasi irrumpieron en la casa de Borchardt para detenerlo. Él no sabía por qué.

Fue sentenciado a dos años de cárcel por llevar a cabo "actividades subversivas". Pero asegura que pudo ser mucho peor, teniendo en cuenta la violencia diaria en la prisión para jóvenes y el duro trabajo físico al que los sometían.

"Nos mandaron a trabajar a una fábrica de aparatos de gas. Era un lugar enorme sin medidas de seguridad. Nadie sabía cómo se manejaban las máquinas. Yo tuve suerte, pero hubo un montón de personas heridas", dijo a la BBC.

Derechos de autor de la imagen EPA/JENS SCHLUETER
Image caption Los prisioneros de la Stasi debían hacer frente a duras condiciones en las cárceles.

En 1974, "Cartas sin firma" fue retirado de antena. Desde entonces, Borchardt no escucha la BBC.

En los siguientes quince años, se dedicó a estudiar ingeniería electrónica y obtener un doctorado en literatura alemana. Pero no fue hasta la reunificación de las dos Alemanias que pudo comenzar a trabajar como académico en la universidad, donde continúa impartiendo conferencias hoy a sus 65 años.

Éxito de audiencia

Aunque el adolescente Borchardt no era del todo consciente de ello, con el envío de aquella primera carta comenzó a correr un gran riesgo. Simplemente escuchar un programa extranjero era considerado un delito criminal en la RDA.

Pero el joven deseaba ante todo que su mensaje se leyera en antena, junto a los de otros oyentes que escribían sobre la vida en la RDA, la opresión política o la escasez de comida. Eran realidades sobre las que nunca se atreverían a hablar de manera pública. Pero aquí, sus voces eran anónimas.

Conducido por el presentador británico Austin Harrison, "Cartas sin firma" era uno de los programas más populares del servicio alemán de la BBC de la época.

Image caption Austin Harrison (a la izquierda) era la voz principal del programa "Cartas sin firma".

"La voz con el acento inglés… era cómo él comentaba las cartas. El programa era una liberación", rememora ahora Borchardt.

"Harrison intentaba tratar a todos los oyentes por igual, tuvieran una u otra opinión. Esa era la gran fortaleza del programa. La gente sentía que estaba hablando a un ser humano (…). Él escuchaba, era fantástico", recuerda hoy una de las personas que trabajaba en el equipo del programa.

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