El plan de fuga de los indígenas guna para escapar de sus islas paradisíacas antes de que desaparezcan bajo el mar en Panamá

La línea costera de Gardi Sugdub, en Panamá. Derechos de autor de la imagen Simon Maybin
Image caption La costa de Gardi Sugdub, una de las 360 islas de Guna Yala, refleja la sobrepoblación y el escaso terreno disponible ante la incesante subida del mar.

Las islas caribeñas habitadas por la población indígena guna en Panamá están amenazadas por el aumento del nivel del mar y un clima cada vez más impredecible.

Pero a diferencia de muchas comunidades insulares que enfrentan estos problemas, los gunas tienen un plan de escape.

El pequeño puerto de Cartí, en la costa norte panameña, es el inicio de la aventura para los excursionistas que vienen a nadar y bucear alrededor de estas idílicas islas que salpican el horizonte.

Los barcos de motor van arriba y abajo transportando a visitantes sonrientes con chalecos salvavidas y sombreros para resguardarse del sol. Es uno de los principales destinos turísticos de Panamá.

Las islas -casi una por cada día del año- conforman la región autónoma de Guna Yala, junto con una franja de territorio en tierra firme.

La mayoría de las comunidades guna viven en el archipiélago desde hace siglos, después de haber sido expulsadas de la costa por enfermedades y serpientes venenosas. Pero ahora, muchos creen que regresar al continente es lo único que puede asegurar su futuro.

La población de Gardi Sugdub -Isla Cangrejo- es la que está liderando el proyecto de reubicación. Reservaron 17 hectáreas situadas a un kilómetro al sur del puerto de Cartí para crear un nuevo pueblo: La Barriada.

A diferencia de otras comunidades amenazadas en todo el mundo por los caprichos del cambio climático, los gunas tienen una gran ventaja: ya son dueños del terreno al que quieren trasladarse.

Victoria Navarro es una de las habitantes de Gardi Sugdub que ya imagina una nueva vida con más espacio en una tierra seca y de más altitud.

"Imagino nuestra la comunidad aquí en La Barriada", dice mirando a esta zona de vegetación tropical que tiene un arroyo y una pequeña colina.

"Mis nietos quieren jugar al fútbol y al voleibol, pero no hay lugar para eso en la isla. Aquí pueden estar libres como pájaros".

En 2010, Victoria y sus vecinos comenzaron a limpiar este terreno, cerca del área donde cultivan, para preparar la construcción del nuevo pueblo.

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Image caption Victoria Navarro sueña con el día en que ella y su familia puedan vivir en La Barriada.

"Todo el mundo venía y participaba. Fue algo muy bonito", recuerda.

Al mismo tiempo, con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo, el gobierno de Panamá comenzó a trabajar en una enorme nueva escuela cerca de La Barriada. El complejo de US$9 millones, diseñado para los niños de todo el archipiélago, está casi terminado. Un poco más abajo de la colina, se invirtieron US$11 millones en un nuevo centro de salud.

El proyecto seguía su curso, especialmente cuando el gobierno se comprometió en 2015 a construir 300 casas en La Barriada. Los gunas son dueños de toda esta tierra, pero no poseen los recursos financieros para construir tantas viviendas.

Sin embargo, las obras en la escuela y el centro de salud están hoy paralizadas como consecuencia de una serie de dificultades contractuales y, fundamentalmente, por el fracaso a la hora de planificar el suministro adecuado de agua y electricidad. Los trabajos para construir las 300 casas nunca comenzaron.

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Image caption Los grandes proyectos en La Barriada, el futuro nuevo hogar de los gunas están paralizados, como la escuela que acogerá a cientos de niños.

Los gunas están decepcionados, pero no se detienen y continúan presionando y recaudando fondos.

Victoria es optimista. Todavía viene con frecuencia a La Barriada para ayudar a volver a limpiar esas 17 hectáreas. Aún así, este pedazo de tierra está siendo invadido nuevamente por la selva, de la misma manera que el mar Caribe se traga poco a poco la casa de Victoria.

Su isla tiene solo 400 metros de largo y 150 de ancho, pero está ocupada por unas 2.000 personas. Cada centímetro de la isla está construido, a no ser que pertenezcan a un camino de arena.

Victoria habita un conjunto de viviendas con su extensa familia de 50 personas. 17 de ellas comparten su simple casa de bambú.

La falta de espacio para una población en aumento parecía ser un problema mayor que la subida del nivel del mar, que creció entre 2,3 y 2,5 mm por año.

Pero los esfuerzos por ampliar la isla pueden haber hecho que sus habitantes sean más vulnerables a los efectos del cambio climático.

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VIDEO: cómo los habitantes de la isla Gardi Sugdub planean mudarse a tierra firme en Panamá para no ser tragados por el mar

Delfino Davies, que trabaja como guía turístico, vive con el resto de su extensa familia en seis sencillas casas de bambú construidas en línea desde el centro de la isla a la costa. Para sus antepasados, tenía sentido ampliar la costa más allá.

"Cuando vino mi abuelo, Charlie Davies, esto era una pequeña isla así que reclamó la tierra. Trajo piedras y amplió la tierra", dice.

Esto sucedió a lo largo y ancho del archipiélago de Guna Yala. La población rellenó los bordes de las islas con piedras, basura -y lo más polémico-, coral.

"Los arrecifes de coral detienen la acción de las olas, así que cuando lo eliminas -incluso hasta a 3 metros de profundidad- te quedas sin protección. Ello ha creado un caos para la población", dice Héctor Guzmán, investigador del Instituto Tropical Smithsonian de Ciudad de Panamá .

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Image caption El coral es a veces utilizado para extender la línea de costa de las islas de Guna Yala.

"En el área de Cartí fue donde encontramos los datos más dramáticos de destrucción de arrecife de coral al comparar fotografías aéreas de los años 60 y de 2003".

Esto significa que los isleños son particularmente vulnerables a sufrir los efectos de las olas durante las tormentas. Cuando llega la lluvia y el viento, Victoria Navarro se encuentra a menudo con los tobillos sumergidos en agua en su propia casa.

"Nunca duermo bien. Estamos despiertos las 24 horas del día", asegura.

En 2008, fuertes tormentas azotaron la isla durante dos semanas. Aunque ya se había discutido sobre mudarse a tierra firme, fue a raíz de la destrucción causada por aquella tormenta que la población de Gardi Sugdub comenzó a montar un plan.

Los gunas están muy bien organizados. Los sailas (líderes espirituales y cívicos) toman las decisiones basadas en los aportes de la comunidad en reuniones celebradas casi a diario. Y un comité específico se dedica al plan de reubicación de la comunidad y establecer contacto con las agencias gubernamentales.

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Image caption Victoria vive con su marido Raulio y el resto de su familia en unas humildes casas en las que apenas queda espacio.

"Este proyecto va a ser un modelo para el resto del pueblo guna", dice Blas López, sociólogo y activista comunitario. "Pero algunas de las comunidades de otras islas creen que nunca va a suceder. Ven que el gobierno no nos ha apoyado, así que están esperando para ver si se hace realidad o no. Si conseguimos nuestro sueño, otras comunidades regresarán también a tierra firme".

En la mucho más pequeña isla de Gardi Muladup, la falta de espacio provoca que cerdos estén husmeando y siendo alimentados en corrales construidos sobre el océano. Carlos Pérez, uno de los sailas de 102 años en esta comunidad de 500 personas, está preocupado.

"No podemos controlar el agua. En enero y febrero hay vientos muy fuertes y enormes olas", dice.

Esta isla tiene aún menos protección que Gardi Sugdub.

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Image caption Según el saila de Gardi Mudalup, Carlos Pérez, la población de su isla también se quiere trasladar.

"Somos una isla solitaria. No hay otras islas frente a nosotros, así que somos mucho más vulnerables a las inundaciones".

Carlos Pérez dice que su pueblo también quiere regresar a tierra firme. Poseen un área de tierra llamada Montaña Roja, por lo que esperan seguir los pasos de los habitantes de Gardi Sugdub.

Pero no todo el mundo está deseando comenzar una nueva vida lejos de sus islas.

Aunque su casa se inunde, Antoneta Reurter dice que no tiene intención de abandonar Gardi Sugdub. De hecho, esta madre de seis niños confía en que ganará más espacio para su familia si sus vecinos se mudan a La Barriada.

Ella no cree en las predicciones de que algunas islas del archipiélago quedarán bajo el agua en una década.

"No creo en los científicos. No creo que las islas vayan a desaparecer, solo Dios puede decidir eso. Si la gente es corrupta y se comporta mal, Dios puede enviar un huracán o un terremoto y quizá las islas pudieran esfumarse", dice.

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Image caption 500 niños estudian por turnos en la pequeña escuela de Gardi Sugdub.

Su opinión sobre que otros fenómenos puedan castigar a los gunas por sus malas acciones no es compartida por el director de Educación en Gardi Sugdub, Francisco Gonzales.

"Estamos cada vez más afectados por el cambio climático", dice. "Y lo que estamos viendo últimamente no es lo mismo que lo vimos antes: el clima puede ser realmente bueno, y después hay un cambio repentino. El mar está subiendo, hay inundaciones en las calles y los fuertes vientos dañan el techo de la escuela. Cuando esto sucede, tenemos que mandar a los niños a casa para mantenerlos a salvo".

500 estudiantes se concentran en las aulas de la isla por turnos. La nueva escuela junto a La Barriada debió abrirse hace tres años. Cuando -una vez más- las clases no pudieron comenzar este año, los gunas protestaron bloqueando la carretera principal que se dirige tierra adentro desde el puerto de Cartí y exigiendo el fin de falsas promesas.

Ahora, parece que el gobierno del presidente Juan Carlos Varela los está escuchando.

"Esperamos poder reiniciar el trabajo en la escuela y completarla en el primer trimestre de 2018", dijo a la BBC Jorge González, el ministro que ha tomado el liderazgo en el proyecto de reubicación.

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Image caption Los gunas confían en que el compromiso del gobierno sea esta vez firme y puedan llevar a cabo su traslado pronto.

"Vamos a tratar de encontrar los recursos económicos y obtener electricidad para la escuela y el centro de salud", dijo.

¿Y qué pasa con La Barriada y la construcción de las 300 casas prometidas en 2015?

"Están en el presupuesto para este año y el siguiente. El Ministerio de Vivienda está en el proceso de contratar a una empresa para construirlas. Esperamos que sean entregadas en 2018".

Y hay indicios de que el compromiso del gobierno es auténtico, como la visita de funcionarios del ejecutivo a La Barriada para inspeccionar las tierras.

Tal vez, después de todo, la previsión de los gunas saldrá bien y sus esfuerzos servirán de modelo para otras comunidades que se enfrentan al desplazamiento por los efectos del clima en la región.

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