Por qué el profesor colombiano Luis Miguel Bermúdez está entre los 10 "mejores maestros del mundo"

Miguel Ángel Bermúdez
Image caption El profesor está entre los 10 finalistas para ganar un premio de US$1 millón entregado por Bill Gates. (Foto: gentileza de Miguel Ángel Bermúdez)

"Aquí en el colegio tenemos que enfrentar problemas con células de grupos armados, desplazamientos forzados, discriminación de migrantes, xenofobia, microtráfico, pandillas juveniles, grupos delincuenciales, pobreza extrema, violencia intrafamiliar", le dice a BBC Mundo el profesor colombiano Luis Miguel Bermúdez.

Fue elegido uno de los 10 mejores maestros del mundo, convirtiéndose así en uno de los finalistas para ganar el premio Global Teacher Prize, auspiciado por Bill Gates y conocido informalmente como el "Nobel de Educación".

Bermúdez trabaja desde hace siete años en el colegio Gerardo Paredes, ubicado en el corazón de Suba Rincón, un barrio periférico considerado como uno de los más violentos de Bogotá.

Inicialmente su proyecto educacional —por el cual fue reconocido— apuntaba a frenar la violencia de género y la deserción escolar. Pero a medida que él y su equipo fueron investigando el tema, se dieron cuenta que uno de los mayores problemas era el embarazo adolescente.

Image caption El maestro trabaja en el colegio Gerardo Paredes de Bogotá. (Foto gentileza de Miguel Ángel Bermúdez)

"Para las familias de esta localidad es muy importante mantener la virginidad de sus hijas hasta el matrimonio. Aquí una niña virgen vale más que las que han tenido relaciones sexuales", cuenta.

"Una niña me dijo que si ella usara algún método para prevenir el embarazo, sería como dibujarse una"P" grande en la frente para que la vieran como la "puta" o la "perra" del barrio", explica.

"Los métodos de planificación se volvieron un estigma cultural. Y cuando un adolescente va a comprar un condón en la droguería se ríen y se lo niegan".

El acceso al preservativo

Ante esto, Bermúdez diseñó un sistema para modificar esas creencias a largo plazo. Tomó cerca de cuatro años cambiar varias ideas arraigadas en los adolescentes y sus familias.

Promovió el uso del preservativo en la escuela y garantizó el acceso seguro a los estudiantes a los métodos para prevenir el embarazo.

Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption En el colegio los embarazos bajaron de un promedio anual de 70 casos, a solo 1.

No fue nada fácil. Hubo resistencia de parte de algunos profesores, padres y autoridades religiosas.

"Las madres, especialmente, no querían escuchar nada sobre la reivindicación de los derechos de las mujeres", cuenta el profesor.

Sin embargo, logró seguir adelante.

"Teníamos una tasa histórica de unos 70 embarazos al año. Y en 2017 tuvimos un solo caso", dice Bermúdez.

Menos deserción, menos violencia

"Al bajar los embarazos, se acabó el fantasma de la deserción escolar, mejoró la convivencia porque ahora hay menos riñas violentas y disminuimos la vulnerabilidad de las niñas para que no cayeran en el trabajo informal".

Por otro lado, hubo una intervención en el colegio para difundir el respeto a las distintas orientaciones sexuales.

"Aquí a los chicos homosexuales los golpeaban, los humillaban. Muchos intentaron suicidarse. Los maltrataban en las casas, o la policía en la calle. Entonces logramos que en este colegio fueran aceptados y pudieran hablar abiertamente sobre su sexualidad", cuenta el maestro.

Image caption "Me sentía en las nubes", dice Bermúdez. (Foto gentileza de Miguel Ángel Bermúdez)

"Y logramos desnaturalizar el abuso infantil. Acá había una complicidad de muchas familias en el abuso sexual de sus hijas, especialmente por padrastros y personas cercanas a la familia".

"A veces la desesperación económica obligaba a algunas madres a prostituir a sus hijas para pagar la renta o comer. Eso sucedía desde los 8 o 9 años".

Bermúdez dice que inventaron un sistema para que los propios niños se atrevieran a denunciar los abusos: en vez de reportárselo a un adulto, contarle su experiencia a otro alumno. Y también funcionó.

Esos resultados fueron reconocidos por la Fundación Varkey, de Bill Gates, que cada año entrega US$1 millón al "mejor profesor del mundo".

Y quedar entre los 10 finalistas es un reconocimiento internacional que pocos maestros consiguen.

"Cuando supe la noticia, me sentía en las nubes. No solo por mi, sino que por Colombia. Y cuando llegué al colegio me recibieron como un héroe. Fue algo muy emocionante", dice Bermúdez, que actualmente cursa un doctorado en Educación y quiere seguir trabajando en el futuro en la prevención del abuso sexual infantil.

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