JMG Le Clézio: "México es un lugar privilegiado. En el futuro tendrá la misma importancia que tuvo en el pasado"

JMG Le Clézio Derechos de autor de la imagen ERNESTO BENAVIDES/Getty Images
Image caption JMG Le Clézio ha escrito varias obras relacionadas con México, como "Diego y Frida" y "El sueño mexicano". Y trabaja en dos más.

El premio Nobel de Literatura Jean-Marie Gustave Le Clézio no es todos los hombres -como quería Borges de Shakespeare-, pero sí muchos.

Es el niño cuya familia provenía de las Islas Mauricio, en el Océano Indico. Que pasó parte de su infancia en una Francia ocupada por los nazis, viviendo como refugiado, y otra parte en las amplias y libres llanuras de Nigeria, donde su padre británico trabajaba como médico.

Es el joven que se hizo famoso en Francia a los 23 años con la novela El atestado ("Le Procés-verbal"), comparada a El Extranjero de Albert Camus y que le valdría una temprana vinculación al movimiento experimental de la Nouveau Roman, del que renegaría después.

Es el hombre que se declara cercano al sufismo y situó una de sus grande novelas, El Desierto, entre los nómadas de Marruecos.

Pero es también- y quizás sobre todo- el escritor al que un encuentro con las culturas indígenas de México, Panamá y Colombia le cambiaron la vida y su manera de ver la literatura (como él mismo lo confiesa aquí).

Ese Le Clézio lleva casi 50 años visitando México de manera constante y, hasta hace muy poco, tuvo una casa en el estado de Michoacán. Está de vuelta en ese país, donde este jueves participa en el Hay Festival de Querétaro.

Ese Le Clézio nos habla acá.

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Image caption A Le Clézio le fascinan las culturas indígenas mexicanas.

El próximo año se cumplen 50 años desde que llegó por primera vez a México, en 1967. ¿Nos puede hablar un poco de esa llegada?

Yo estuve en Tailandia para mi servicio militar. Tuve un problema con el gobierno tailandés (por denunciar el turismo sexual) y me expulsaron del país. Tuve la oportunidad de acabar este servicio civil como profesor en el Instituto Francés de América Latina en la ciudad de México.

Usted ha escrito sobre cómo fue esa llegada al aeropuerto de Ciudad de México. Cómo lo sorprendieron la multitud, los rostros...

Sí, sí. La primera sorpresa fue el aterrizaje, porque el avión llegó en medio de una tormenta como siempre hay en el mes de agosto en Ciudad de México. Un rayo le pegó al avión y creímos que íbamos a morir. Por fin aterrizamos en medio de un aguacero extraordinario.

Y en el aeropuerto -y en los días siguientes en Ciudad de México- encontré muchas semejanzas entre los mexicanos y los tailandeses. Por el aspecto físico, pero también por la amabilidad de los mexicanos, es una población bastante amable, sonriente, como la gente en Tailandia. Para mi fue una buena sorpresa ver que había una continuación entre un país de Asia y este país de extremo Occidente que era México.

Usted terminó el servicio militar y decidió quedarse

Sí. Yo tuve la buena suerte de conocer dos universitarios que llegaron a ser mis amigos. Uno era Jean Meyer, del Instituto Francés de América Latina, (que se quedó definitivamente en México donde ahora es un conocido historiador) quien también estaba haciendo el servicio militar, y otro señor que era Luis Paramier, director de la Alianza Francesa, quien me introdujo al mundo literario y artístico de México.

Hice muchas amistades, eso me dio gusto para regresar, estar más tiempo y conocer más. Finalmente me quedé unos 12 años en México, no en la capital sino en Michoacán.

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Image caption Le Clézio recibe la medalla Nobel de manos del rey Carlos Gustavo de Suecia en 2008.

¿Por qué terminó en el estado de Michoacán?

También está ligado a la amistad que tenía con Jean Meyer.

Me presentó a una persona que considero como mi maestro, el historiador Luis González González, el autor de "Pueblo en vilo", un gran libro.

Él había fundado en el año 72 o 73 un pequeño centro de investigaciones, el Colegio de Michoacán, en la ciudad de Zamora.

Me invitó a participar en los primeros eventos. Yo llegué con mi esposa y una niña.

Usted en alguna parte escribió que elnahuatl (idioma que hablaban, entre otros, los aztecas) es una de las lenguas más bellas del mundo, pero se interesó más por el purépecha e incluso lo aprendió...

Sí, yo tuve un maestro en esta lengua, que era hijo del jefe de un cabildo de Tarecuato, en la meseta Tarasca.

Este niño bajaba dos veces a la semana en autobús a darme clases en purépecha. Y bueno, aprendí algo de este idioma, que es muy difícil, muy original.

En los idiomas indígenas que usted ha estudiado, como el purépecha o el embera (en Panamá y Colombia), ¿ha aprendido conceptos que no existan por ejemplo en las lenguas romances?

Claro. Los emberas tienen un idioma literario, aunque no escriben, tienen un idioma para echar cuentos, relatar mitología o para sus cantos rituales. Es un idioma distinto al de todos los días. Esto me sorprendió de una población que es considerada por los demás como atrasada,.

Viven en la selva en condiciones difíciles. Y a pesar de estas condiciones inventaron un idioma literario. Es algo que me emocionó mucho, porque como escritor siempre considero que la literatura es la forma más elegante de la vida.

Los purépecha tienen un idioma muy complicado. Por ejemplo, tienen cinco maneras de expresar el presente. Es algo asombroso. Y es difícil entender por qué se usa una forma y no otra. Es algo que se hace de manera instintiva. Pero es un idioma donde el tiempo tiene variedades de expresiones.

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Image caption "El desierto", una de las novelas más conocidas de Le Clézio tiene como protagonistas a nómadas marroquíes.

El tiempo es una obsesión muy de las civilizaciones mesoamericanas, ¿no? La encontramos también en los mayas y los aztecas.

Sí, de veras. Porque además cuando uno llega a México muy rápidamente se da cuenta de que hay dos dimensiones en la vida. La dimensión del presente, de la vida moderna -que es muy moderna en Ciudad de México-, pero a la vez a cada rato surge el pasado, ese pasado fabuloso de México, con sus monumentos, tradiciones, sus maneras de ser.

Da la impresión de que en Ciudad de México- y otras partes de la república- cada quien vive en una especie de división interior. Es una configuración muy especial del ser humano que se ve en las partes donde la civilización prehispánica dominó.

Por eso me interesó investigar estas formas, los mitos, las relaciones con el lenguaje. Y creo que los monumentos más importantes en México no son los físicos, sino los virtuales: la literatura, las tradiciones, las maneras de vivir, la amabilidad... Todo eso se refiere a un pasado extraordinario de esta región del mundo.

Lamentablemente yo intitulé mi ensayo "El pensamiento interrumpido". Pero en realidad no lo es, todavía sigue con mucha fuerza.

Algo que de pronto sí se interrumpió fueron los logros de la Revolución Mexicana. En alguna parte expresa que fue una especie de faro que atrajo intelectuales de todo el mundo. Trotsky, Breton, Y a usted le tocó uno de esos puntos de quiebre, porque estaba en México en 1968, cuando la matanza de estudiantes de Tlatelolco...

Usted tiene razón, hay este aspecto también en la historia de México: que es un país revolucionario. Fue un ventarrón la revolución en México. Fue el país donde inventaron la reforma agraria. Era algo nuevo en la historia del mundo. La primera vez que un pueblo se hacía cargo de su propio destino. Fue un ejemplo extraordinario para el mundo entero.

Porque la Revolución Francesa fue una revolución burguesa. La mexicana fue una revolución popular, antes que la rusa. No creo que la herencia de esta revolución se haya visto interrumpida. Es una situación diferente, vivimos bajo una crisis económica tremenda en el mundo, así que hay una urgencia para sobrevivir, para la producción, pero el mensaje revolucionario de México sigue. Y tendrá importancia en el futuro.

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Image caption Libros de Clézio.

Algunos críticos consideran que su escritura cambió luego del encuentro con México. Que antes era más experimental y después se volvió más "espiritual". ¿Lo ve así? ¿Cree que fue tan profundo el encuentro con México y América Latina?

Sí, sí. La estancia en México y en Panamá fueron momentos de gran importancia para mí. Me hicieron entender que la meta de la literatura no era un viaje vertical, sino también un viaje para encontrar a los demás, al mundo, para enterarme de las variedades de los seres humanos.

Mejor dicho, para tener como objetivo no el conocimiento de mí mismo, sino el conocimiento de los demás. Y eso ocurrió gracias a mi estancia en México y en la selva del Darién.

Es evidente que usted ha sido muy influenciado por la literatura indígena, tradujo la Relación de Michoacán y el libro del Chilam Balam al francés, pero también le interesan los autores mexicanos modernos, ¿no?, como Juan Rulfo, Octavio Paz u Homero Aridjis...

Sí, hay una continuación, es lo extraordinario en México, por eso digo que no es un pensamiento interrumpido. La herencia de la extraordinaria literatura nahuatl, o el mensaje espiritual de los mayas o la veneración que los purépechas tenían por la Historia... Todo eso mantuvo y se encuentra en la literatura moderna de México, de manera crítica u objetiva.

De manera crítica porque el mundo actual no tiene nada que ver con el antiguo. Y de manera espiritual porque sigue ese increíble afán de los escritores de ese país por todo lo que es mexicano, por la identidad mexicana, que es múltiple.

Me interesó enormemente que Octavio Paz escribiera sobre Sor Juana Inés de la Cruz, porque ella fue la primera autora que escribió en nahuatl. Una parte pequeña pero importante de su obra. Parte de sus canciones y pastorelas son en nahuatl, porque ella había sido criada en Amecameca y conocía el idioma.

Octavio Paz se identifica con esta mujer que era muy rebelde contra la autoridad religiosa y a la vez encarna la identidad mexicana. La primera vez que se habló en México del águila fue en Sor Juan Inés de la Cruz.

Yo estoy escribiendo un ensayo sobre ella y otro sobre Juan Rulfo. Así que es un tema que me conmueve mucho.

Usted sigue visitando a México después de casi 50 años de haber ido por primera vez, ¿le sigue sorprendiendo el país?

Bueno, sabemos que atraviesa una crisis muy difícil ahora, que es moral a la vez que económica. Estoy seguro que la va a superar porque tiene los recursos en su propia historia, en su cultura y tradición para superarla. Pero todo el mundo debe participar. No es un problema puramente mexicano. Los demás países, especialmente Estados Unidos, tienen un papel importante que jugar.

México es un lugar privilegiado para mí, donde encuentro inspiración y conocimiento. Es un lugar que tendrá en el futuro la misma importancia que tuvo en el pasado.

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Image caption Le Clézio habla este jueves durante el Hay Festival de Querétaro.

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Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro, un encuentro deescritores y pensadores que se realiza en esa ciudad mexicana entre el 1 y el 4 de septiembre de 2016.

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