Las expectativas, miedos, sorpresas de los argentinos que conviven con las FARC y colaboran con el proceso de paz en Colombia

El capitán Jorge Luis Vélez y Guillermina Gutnisky delante de uno de los contenedores donde ahora se encuentran las armas de las FARC. Derechos de autor de la imagen Cortesía Jorge Luis Vélez
Image caption El capitán Jorge Luis Vélez y Guillermina Gutnisky delante de uno de los contenedores donde ahora se encuentran las armas de las FARC.

Es una secuencia de video que quedará para la historia.

Un hombre de bigote, con chaleco azul, sostiene un fusil, indica sus características y lee un código, que una mujer registra en una planilla y responde: "Listo". Se aproxima a un tubo de metal, donde introduce el cañón del fusil, verifica que está descargado y anuncia: "Desarmado". Luego el hombre entra a un contenedor blanco, con las siglas de las Naciones Unidas, y deposita allí el arma.

Esas imágenes fueron las primeras que se conocieron de la entrega del armamento personal de los más de 9.000 guerrilleros y milicianos las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a la misión especial de la ONU en el país, que se completó el pasado 27 de junio en las 26 zonas transitorias en las que están esos rebeldes (unas 700 armas se almacenarán a fin de julio, ya que están siendo usadas para la protección de esas áreas).

El hombre del bigote y la mujer con la que habla en el video son parte de la misión de la ONU encargada de verificar e implementar el desarme.

Y ambos son argentinos.

"Sí, pero olvídate"

No es casualidad: de los 444 miembros militares de la misión de la ONU en Colombia 91 son argentinos (llegaron a ser 94 en algún momento). Le siguen en cantidad los chilenos (66), bolivianos (51) y salvadoreños (41).

Derechos de autor de la imagen NAtalio cosoy/ bbc mundo
Image caption El general Javier Pérez Aquino no esperaba ser seleccionado como jefe de observadores.

El jefe de observadores la misión es el general argentino Javier Pérez Aquino, de 57 años, con casi 40 en el Ejército de ese país.

Lo entrevistaron para el puesto a principios mayo de 2016 y sabe que compitió al menos con otros tres militares latinoamericanos.

No necesariamente era el candidato seguro para ocupar el cargo; él mismo dudaba que se lo fueran a dar. Me cuenta que días después iba caminando por Buenos Aires y lo llamó el jefe de Estado Mayor ("que es amigo mío", agrega):

-Che Javier, ¿te hicieron entrevista?

-Sí, pero olvidáte.

-Porque están buscando al que le hicieron la entrevista, yo les dije tu nombre y dijeron que no.

Cortaron y se despidieron. A los cinco minutos llamó de nuevo su jefe y amigo: "Sos vos, te eligieron para jefe de observadores y mañana tenés que estar en La Habana".

Derechos de autor de la imagen Misión de la ONU en Colombia
Image caption La misión de la ONU sigue trabajando en la destrucción de munición y recolección de las armas, municiones y explosivos que se encuentran en cientos de caletas (escondites) en todo el país.

Pérez Aquino se ríe con la misma incredulidad con que se rió entonces.

Me explica: "Jean (Arnault, jefe de la misión de la ONU y uno de los que lo entrevisto), que es amigo de (la excanciller argentina Susana) Malcorra la llamó y le dijo que me mandara ya".

No llegó al día siguiente, sino a los cuatro días. Fue tan repentino que no sabía ni qué ropa llevar. Se quedó diez días en la capital cubana, ya involucrado en las negociaciones a nivel de detalles militares del acuerdo que involucraban a la ONU.

"El 25 de mayo lo pasé en La Habana, y me fui a la embajada Argentina. Y el 9 de julio estaba en Bogotá", cuenta nostálgico. Esas son las dos fechas patrias más importantes en Argentina.

"Está la bandera celeste y blanca"

Pérez Aquino tiene el puesto de más jerarquía entre los observadores. Pero el hecho que más profundamente quedará grabado en la historia seguramente será el protagonizado por el hombre del bigote, el de las imágenes de las armas en el contenedor, el capitán Jorge Luis Vélez Soler, también del Ejército argentino.

"Voy a tener esa anécdota para contársela a los nietos y más con unas fotitos", admite el hombre de 39 años.

Pero, muy castrense, afirma: "Me siento muy muy orgulloso de que nuestra celeste y blanca haya quedado en ese momento, el nombre no interesa".

"Sentí como muy gratificante saber que nuestra bandera estaba en mi brazo y, si se va a hablar, van a decir: 'un argentino' y está la bandera celeste y blanca".

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Image caption Todavía le quedan poco más de dos meses a esta misión de la ONU en Colombia, encargada también de acompañar la verificación del cese el fuego bilateral y el funcionamiento de las zonas transitorias.

Con tanto amor por la bandera, ¿no extraña nada de su país? "La familia", dice. Además, se había postulado para la misión sin avisarle a la esposa, que se enteró cuando ya lo habían seleccionado. "Sin duda no le cayó bien", me dice, "pero entendió la situación; me vio con muchas ganas de llevar a cabo esta misión, me apoyó totalmente".

¿Y la familia es lo único que extraña? No. "La comida, sin duda, la comida nuestra". Confirma lo previsible: el asado se impone al resto de las comidas en la zona transitoria de La Elvira, en la que es uno de los observadores a cargo del desarme.

¿Y qué tal la carne? "La carne ya sabe cuál es la mejor", confiesa, "eso es lo que más se extraña: un buen asado, matambre, costilla, que aquí no existen".

Y lo que más le gusta de su trabajo allí es la interacción con las FARC; también era lo que más incertidumbre le generaba: "Lo que me esperaba era quizás un trato un poco más hostil por parte del personal de las FARC, por lo que uno tiene de información, las noticias que nos llegan a Argentina, y sentía un poquito de temor de chocar con personal de las FARC, que me costase el trabajo con ellos".

"La cosa que no fue para nada así, es totalmente opuesto a lo que pensaba; me encontré con gente normal, con una causa que la han defendido de una manera que no comparto, pero personas totalmente iguales a mí, a usted, al general Pérez Aquino. Con sueños, con deseos, con anhelos, con familias".

También sintió -y siente- miedo: "Sin duda, venir a un lugar de conflicto sin armas (en Haití, en una misión anterior, sí iba armado) es una experiencia única. Ese miedo lo llevo cuando tengo que moverme en algunos sectores".

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Image caption El presidente Santos y los líderes de las FARC participaron del acto para anunciar el desarme.

Dos cordobeses

La idea de participar de una experiencia única, de tener un rol en el fin de un conflicto de décadas, no sólo motivó a los militares, sino también a los 73 voluntarios civiles que participan de la misión de la ONU.

Una de ellas es la mujer que está en el video con Vélez. Se llama Guillermina Gutnisky, tiene 28 años, y también vive en la zona de La Elvira mientras dura su participación en la misión.

"Yo tenía muchas expectativas con respecto a esta misión", me cuenta, "estaba bastante interesada en el proceso de paz porque tengo varios amigos colombianos".

¿Entonces, cómo sintió salir en esa imagen histórica del proceso de paz? "No fui consciente ni tenía clara la repercusión que eso iba a tener, después me reí un poco al pensar que éramos dos cordobeses". Tanto ella como el capitán Vélez son de esa provincia del centro de Argentina.

Que coincidieran fue casualidad, porque a los observadores que participan de la dejación de armas de las FARC los rotan constantemente.

Derechos de autor de la imagen Misión de la ONU en Colombia
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Image caption La munición de las FARC es recolectada por la ONU y después incinerada.

Gutnisky sigue reflexionando sobre ese día: "La foto es algo simbólico, pero está bueno que quede un registro, un testimonio, de lo que fue el aporte argentino a la misión, el aporte de la ONU al proceso de paz en Colombia y me gusta que se le haya dado mucho reconocimiento a Jorge Vélez, porque él realmente ha llevado el proceso de dejación, como encargado (local), de forma excelente".

Pero no limita su admiración y aprecio a su compatriota: "El componente chileno se ha mostrado súper profesional, me ha gustado mucho trabajar con ellos".

"Patria Grande"

Y tanto ella, como Vélez y Pérez Aquino dicen que van a extrañar y se van a llevar la calidez y el buen trato que han recibido en Colombia, especialmente de las comunidades en las regiones de las zonas transitorias.

Esa cercanía cultural es clave en cómo estos argentinos y, seguramente, el resto de los latinoamericanos, se tomaron esta misión en particular.

Como sintetiza Pérez Aquino: "Para mí, argentino, estar en una misión de paz en Colombia no es lo mismo que en la República Centroafricana. Yo me siento como que estoy en mi país, en el sentido de la Patria Grande. Es como que siento un compromiso mucho más grande y una satisfacción mucho más grande".

Todavía le -les- queda trabajo por hacer.

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La misión de la ONU sigue trabajando en la destrucción de munición y recolección de las armas, municiones y explosivos que se encuentran en cientos de caletas (escondites) en todo el país. Hasta el viernes habían vaciado 94 de las que se estiman son 949 caletas de las FARC. Con ese proceso continuarán hasta el 1 de septiembre.

Todavía le quedan poco más de dos meses a esta misión de la ONU en Colombia, encargada también de acompañar la verificación del cese el fuego bilateral y el funcionamiento de las zonas transitorias.

Una segunda misión la reemplazará para verificar la implementación a mediano plazo del acuerdo de paz firmado en noviembre del año pasado entre el gobierno colombiano y las FARC, que puso fin a un conflicto interno de más de medio siglo.

Y mientras termina esta primera misión, seguirán trabajando los argentinos Pérez Aquino, Vélez y Gutnisky, al igual que la decena de compatriotas y observadores de otros países de América Latina y el mundo que contribuyen a consolidar el histórico acuerdo de paz colombiano.

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