Lo que las FARC pueden aprender de la experiencia de Alba "La Negra" Rosa David, una guerrillera desmovilizada hace décadas en Colombia

Alba Rosa Cadavid
Image caption La "Negra Rosa" se desmovilizó hace 26 años.

La Negra Rosa no quería, pero en 1991 siguió los pasos de la gran mayoría de sus compañeros de la guerrilla y se desmovilizó como parte de un acuerdo alcanzado entre el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el gobierno del entonces presidente de Colombia, César Gaviria.

Es lo que hoy -queriendo o sin querer- están haciendo más de 9.000 miembros de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), entre combatientes y milicianos, que ya han dejado las armas y se encuentran al inicio de su tránsito a la legalidad, como parte de la implementación del acuerdo firmado con el gobierno en noviembre de 2016.

La historia de Alba "La Negra" Rosa David puede terminar convirtiéndose en la historia de algunos de ellos.

La mujer dice que tiene unos 70 años, no está tan segura. A los 12 -cuando murió su mamá-, siguiendo a un hermano, se unió al EPL. Allí le pusieron La Negra Rosa y quienes la conocen hablan de su gran capacidad de supervivencia y resiliencia.

Siguió los pasos de su padre, quien formó parte de las guerrillas liberales que se enfrentaron a las fuerzas conservadoras durante el período conocido como La Violencia (entre fines de la década de 1940 y fines de la de 1960) y luego fue de los primeros combatientes del EPL, donde fue abatido muy pronto.

Estando en la guerrilla La Negra Rosa tuvo siete hijos. "Ya tenía como cuatro hijos cuando ya salí para la ciudad, pero en la ciudad yo también trabajaba a nivel urbano con la organización". Allí hacía tareas de logística, pasaba armamento.

En sus décadas como miembro del EPL pasó por varias zonas del país: el Urabá, Córdoba, Santander y Norte de Santander.

"Eso fue un desastre"

Derechos de autor de la imagen NATALIO COSOY/ BBC MUNDO
Image caption Es posible que los exguerrilleros de las FARC, como este hombre, enfrenten en la vida civil el mismo tipo de reacciones que ha enfrentado Alba Rosa David.

"A nosotros nos hacían reuniones con los combatientes", le dice a BBC Mundo la mujer, en conversación telefónica desde las afueras de la ciudad de Bucaramanga, acerca de los momentos previos a la desmovilización. "Le preguntaban a uno que qué decía uno, si estaba de acuerdo".

¿Y ella estaba de acuerdo? "No, muchos no estuvimos de acuerdo, porque nosotros decíamos: 'Nosotros vamos para afuera de carnada del enemigo, nos van a coger como matando pollos'".

Sin embargo, al final siguió la orden y se desmovilizó.

Derechos de autor de la imagen Alberto Cuellar
Image caption A Alberto Cuéllar (centro) no se le hizo fácil dejar las armas.

Más le costó a Alberto Cuéllar. A él le decían el Meca en el EPL, en una referencia al M-19, guerrilla que se había desmovilizado en 1990 y de la que era miembro. Como no quiso dejar mas armas, se mudó de una guerrilla a otra, le cuenta a BBC Mundo vía telefónica, desde la zona rural de Cúcuta, cerca de la frontera con Venezuela, donde ahora es campesino.

Cuando el EPL se iba a desmovilizar, Cuéllar se escapó con unos 15-20 hombres con la intención de conformar una disidencia. Pero volvió por respeto a un superior, el mismo que lo convenció de dejar las armas.

Y las dejó, las dejaron.

"Esos primeros días", recuerda La Negra Rosa, "eso fue un desastre, eso fue aburrimiento, tristeza, empezamos a aguantar hambre, porque muchos funcionarios que puso el gobierno para manejar las cocinas de los desmovilizados nos humillaban, nos sacaban en cara muchas cosas, nos daban 75.000 pesos (alrededor de US$115 al cambio de la época) y eso a veces ni llegaba, a veces pasaban dos, tres, cuatro, cinco meses que no llegaban los 75.000".

"Nos tocaba salir a barrer calles con empresas públicas", sigue, "a lavar y a planchar los que podíamos, para medio comer, pasábamos el día con 500 pesos (US$0,75) con la familia".

¿Y los jefes de la organización? "La mayoría estaba en Bogotá, en oficinas, y los que éramos gente de la clase baja estábamos regados por todas partes, y nos dijeron que después de la desmovilización ya cada quien tenía que levantarse su sustento para su familia".

"Unos nos miraban bien, otros no"

Derechos de autor de la imagen LUIS ROBAYO/ AFP
Image caption El ELN es hoy, desarmadas las FARC, la más grande guerrilla de Colombia. La última guerrilla que está siguiendo el camino de las demás, negociando la paz con el Estado.

Con el tiempo, los desmovilizados como ella empezaron a conseguir contratos de trabajo, cobrar un poco mejor. Luego se mudó a una parcela en una zona rural de Bucaramanga con su marido, que era mando del EPL. Allí empezaron a cultivar y allí siguen hoy: "Sacando por ahí platanito, yuquita, trabajando al nivel del campo porque ni plata hay para meter obreros, lo que nosotros podamos hacer los dos viejos".

Y más allá de lo económico, ¿cómo los recibió la sociedad? "Unos nos miraban bien otros no nos miraban bien, pero como nosotros no nos metíamos con ninguno...".

"A veces nos insultaban: 'Vea a ese guerrillero tan hijo de no sé qué', y nosotros pasábamos callados, esa era la consigna de nosotros".

"Y otros nos miraban bien, nos ayudaban con comida", agrega.

"La sociedad no está preparada para recibir a una persona que venga de un movimiento guerrillero", dice por su parte Cuéllar. "Porque la persona que viene de allá viene con un sello en la frente".

Derechos de autor de la imagen Alberto Cuellar
Image caption Cuéllar hoy le recomienda a los guerrilleros de las FARC que se armen de paciencia y compromiso al entrar a la vida civil.

Sin arrepentimiento

¿Y el miedo a que los mataran? Para responder, habla de las FARC: "Lo más seguro es que van a empezar a darles, porque así hicieron con nosotros, a nosotros después de desmovilizarnos nos mataron más compañeros que los que nos mataron en los combates".

A ella, dice, no la seguían mucho, porque no tenía mando, pero a su marido asegura que lo buscaban. Cuenta que un par de veces lo salvó de situaciones en las que pensó que iban a matarlo.

A Cuéllar lo intentaron matar varias veces en Cúcuta en sus primeros años de desmovilizado: "Me atacaron cinco veces en Cúcuta, fue una disidencia que había quedado del EPL". Se fue por un tiempo a Bogotá por seguridad y luego volvió.

Derechos de autor de la imagen RAUL ARBOLEDA/ AFP
Image caption Esta escultura, en la ciudad de Medellín, fue en parte realizada con el metal de armas que entregó el EPL al desmovilizarse. Las armas de las FARC también se convertirán en esculturas.

A los guerrilleros de las FARC que están desmovilizándose, La Negra Rosa les dice: "Estén a cuatro ojos, no se vayan a confiar de nadie, porque muchas veces usted tiene su mejor amigo y su mejor amigo es su enemigo y por detrás está con la pistola".

"Lo primero que ellos tienen que hacer es saber que vienen para un mundo desconocido y difícil, tienen que armarse de paciencia y compromiso", les sugiere Cuéllar. "Tratar de ser las personas más transparentes que puedan ser en la vida, para que la persona que les de trabajo confíe en ello"

Después de tantos años, ¿se arrepienten de haberse desmovilizado? Cuéllar, aunque al principio le costó, dice que no.

Y la Negra Rosa asegura: "No, no me arrepiento. Ni me arrepiento de haber estado allá. Una vez hablando con una compañera yo le dije: 'Será que soy cuadrada como la panela (bloque de azúcar de caña), porque ni me arrepiento de haber estado en la guerra ni me arrepiento de haberme salido'".

Contenido relacionado