"Ojalá no nos arrepintamos de estar dejando tan desprotegida a una democracia naciente": la advertencia de Woldenberg ante el desencanto con la política en México

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Image caption El hartazgo, la desilusión y la frustración con la democracia es palpable en México.

José Woldenberg es de las personas que más ha estudiado, reflexionado y trabajado sobre la democracia en México.

Que su último libro se titule "Cartas a una joven desencantada con la democracia", es sintomático del estado de la vilipendiada democracia mexicana.

El hartazgo, la desilusión, la frustración con ella es palpable. Por eso Woldenberg decidió dirigirse a los jóvenes para intentar convencerlos de la importancia de lo que está en juego.

De 64 años, presidió el Instituto Federal Electoral, ahora llamado Instituto Nacional Electoral, entre 1997 y 2003, es doctor en ciencias políticas, fundó el sindicato de trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde todavía da clases, y en los 80 militó en diversos partidos políticos de izquierda.

"Entre el ideal democrático y la realidad democrática", escribe en el libro, "normalmente suele existir una fosa". Y aquí la depresión parece haberse acentuado en los últimos años.

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Image caption "Lo que existe puede dejar de existir y puede ir a peor, no hay ninguna ley de la historia que nos diga que mañana será mejor que el presente", le dice Woldenberg a BBC Mundo.

No olvidar los logros

La democracia, le dice Woldenberg a BBC Mundo, "no ha logrado cumplir muchas de las ilusiones, aspiraciones o promesas que parecía cargar el proyecto democratizador mexicano y de ahí este malestar tan profundo en relación a la vida política en México".

Las cifras confirman el desánimo. Apenas el 48% de la población considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Sólo el 50% cree que permite solucionar los problemas del país. El 56% opina que los políticos han perdido credibilidad y que no la recuperarán.

Estos datos, de 2016, surgen de la encuesta que realiza anualmente la organización Latinobarómetro. En los tres ejemplos citados, México registra los peores números en América Latina.

El temor de Woldenberg es que la sociedad olvide el camino recorrido y los avances logrados y lo pone de esta manera: "Ojalá no nos arrepintamos de estar dejando tan desprotegida a una democracia naciente, acechada por todos los flancos".

Es un punto en el que insiste a lo largo del libro y en la conversación con BBC Mundo: México es una democracia muy joven y basta repasar la tónica de la vida política durante buena parte del siglo XX para comprender cuánto se ha logrado.

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Image caption Doce presidentes del Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernaron el país entre 1929 y 2000.

Woldenberg habla de la época de un "partido casi único". Doce presidentes del Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernaron el país entre 1929 y 2000 tras obtener una votación promedio del 80%, un porcentaje que fue del 88% hasta fines de los 70'.

En esas últimas elecciones de la década sólo hubo una opción para elegir presidente. El candidato del PRI llegó a decir que si sólo su "mamita" votaba por él, sería presidente. José López Portillo obtuvo el 100% de los sufragios válidos. Así funcionaba la democracia mexicana no tanto tiempo atrás.

"La sociedad era ahogada por el Estado" y se esperaba de ella "una actitud reverencial hacia el presidente", apunta Woldenberg, "parecía que en México sólo existía espacio para la unanimidad".

El gran arquitecto

Luego llegó un período de casi dos décadas donde seis reformas político-electorales le dieron vida a la democracia. Woldenberg jugó un rol esencial.

El antropólogo y académico mexicano Roger Bartra lo considera "el gran arquitecto y animador del Instituto Federal Electoral". "Su trabajo allí", escribió años atrás, "ha sido su más importante y valiosa aportación a la política, y ha sido fundamental para estimular la transición democrática en México".

Woldenberg desestima los elogios y apunta que el que hizo el trabajo fue el IFE. "Fueron años muy productivos en el terreno político", señala, "porque pasaron muchas cosas que mucha gente creía que no podían pasar".

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Image caption El 56% de los mexicanos opina que los políticos han perdido credibilidad y que no la recuperarán.

Por primera vez en 1997 el PRI no obtuvo la mayoría absoluta en la cámara de Diputados y tres años después ocurrió lo mismo en la de Senadores. En ese año 2000 se dio la histórica primera derrota priista en las presidenciales.

"En los años de la construcción democrática, entre 1997 y 2003", recuerda Woldenberg, "lo que había era una enorme ilusión, esos años se vivieron bajo la idea de que la llave para cambios más promisorios era la democracia".

Los cambios llegaron. Hoy México goza de un sistema de partidos, elecciones competidas, pesos y contrapesos en el entramado estatal, una ley de acceso a la información pública, una prensa con márgenes de libertad "mucho mayores", un Congreso "vivo", una Corte convertida en un "auténtico tribunal constitucional". "Todo eso", dice Woldenberg, "debe valorarse, cuidarse y fortalecerse".

"Lo que existe puede dejar de existir y puede ir a peor, no hay ninguna ley de la historia que nos diga que mañana será mejor que el presente", afirma, "y entonces más vale que nos hagamos cargo de nuestros avances pues vale la pena apuntalarlos y no menospreciarlos".

El desencanto

Pero los problemas del sistema o la incapacidad de la democracia para corregir los mayúsculos desafíos a los que se enfrenta México son imposibles de esconder y son fuente de ese desencanto.

Woldenberg se lamenta por el déficit del Estado de Derecho, que "corroe" la relación de los ciudadanos entre sí y de los ciudadanos con las instituciones, la corrupción, la violencia, el crecimiento económico insuficiente y la desigualdad.

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Image caption En muchos sectores mexicanos hay desencanto con la democracia.

"Si no le entramos a eso", advierte, "el deterioro en el aprecio a los instrumentos de la política puede seguirse incrementando".

A la desigualdad en particular la considera la gran "falla estructural" de México. No en vano el 1% de la población acumula riqueza similar a la del 95%. No hay mayor ignominia mexicana que esa.

"Es muy difícil generar un sentido de pertenencia, generar cohesión social en el mar de desigualdades en el que se desarrolla la vida social de nuestro país", señala, "somos un archipiélago de clases, de grupos, de pandillas, que no se reconocen. Eso genera mucha tensión, rencor y problemas".

La receta que admite que se dice fácil, pero implementarla es "complicadísimo" pasa por atacar las causas que nutren ese desencanto: "Se requieren políticas" y también apuesta por el vigor de la ciudadanía. "Hay una sociedad cada vez más demandante (...) quiero pensar que la sociedad mexicana tiene reservas suficientes como para hacerle frente a los retos que tienen".

Woldenberg admite que una de las lecciones que le dejó escribir este libro fue constatar que muchas de sus convicciones son minoritarias en el país.

"Me di cuenta de que lo que para mí es sentido común, para muchas personas no lo es. Es un pequeño aporte para los lectores jóvenes que están muy enojados, y es comprensible, es un llamado a ser un poquito más analíticos, de qué es lo que queremos preservar, no se pueden tirar todas las instituciones a la basura".

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Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad mexicana entre el 7 y el 10 de septiembre.

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