¿Es buena idea que la guerrilla de las FARC no haya cambiado su sigla al convertirse en partido político en Colombia?

Un simpatizante de la FARC envuelto en la bandera con el logo del nuevo partido en el cierre de su congreso en Bogotá. Derechos de autor de la imagen RAUL ARBOLEDA/AFP/Getty Images
Image caption La elección de seguir siendo FARC se interpreta como un guiño a sus seguidores tradicionales.

Las FARC ya no son lo que eran.

Completados su desmovilización y desarme, la antigua guerrilla colombiana se instituyó como partido político en el congreso que celebró esta semana en Bogotá y adoptó una nueva denominación para la singladura que ahora inicia.

Seguirán siendo FARC, pero el acrónimo ya no significa Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, sino Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.

Ahora que ya no intentan imponerse en el campo de batalla sino en las urnas, la pregunta es si su nuevo nombre beneficiará o perjudicará sus opciones electorales.

Muchos en Colombia esperaban que dejaran de llamarse FARC tras el fin del conflicto, pero los exguerrilleros optaron por cambiar el significado, de su sigla, no la sigla misma.

La decisión decepcionó a quienes quieren desterrar esas cuatro letras de la vida pública. Los detractores alegan que impiden olvidar el tormentoso recuerdo de la guerra.

El cambio en el nombre del grupo se decidió en una votación interna por el millar de delegados de la nueva formación que participaron en el encuentro de Bogotá, en el que el nombre elegido se impuso al de Nueva Colombia, la otra opción que se barajaba.

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Image caption El congreso de las FARC se celebró esta semana en Bogotá.

La decisión estuvo precedida de un fuerte debate interno.

Preguntado al respecto por la BBC, Jorge Torres Victoria, alias Pablo Catatumbo, miembro del secretariado de la FARC y uno de sus históricos dirigentes, comentó: "Yo hubiera preferido que nos llamáramos Nueva Colombia porque me parecía que mandaba un mensaje de renovación, de algo nuevo, de que habíamos dejado atrás la guerra".

Catatumbo, no obstante, dijo aceptar la decisión aprobada: "El nombre FARC recoge el sentimiento de la guerrillerada, de las bases, para nosotros tiene una enorme significación".

Según este líder de la FARC, la sigla es para las bases, "una cuestión emocional, histórica".

Apuesta de continuidad

Alex Fattal, profesor de Medios de Comunicación de la Universidad Estatal de Pensilvania, cree que al mantener la sigla FARC, la antigua guerrilla "hace una clara apuesta por la continuidad".

Se trataría, según este académico, de un guiño a los que han sido los apoyos tradicionales del grupo en un intento de preservar su unidad.

Fattal cree que el mensaje estaría indicando las intenciones de futuro del nuevo partido sin renunciar a su pasado, por polémico que resulte.

Los últimos estudios de opinión indican que las FARC tienen mejor imagen que los desacreditados partidos políticos tradicionales.

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Image caption La antigua guerrilla tiene que definir sus líneas de actuación política, ahora que decidió dejar las armas.

Fattal señala que "su apuesta es para captar a los sectores populares, con el tema de las desigualdades como eje central, dejando claro que las FARC seguirán siendo un grupo revolucionario, no reformista".

Este analista tiene claro que, aunque renunciara a la violencia, la organización seguirá siendo de "izquierda radical".

Como Catatumbo, otros muchos dentro del nuevo partido pensaban que hubiera sido más conveniente un lavado de cara total que rompiera con el dolor asociado a la actividad armada y a la larga guerra en Colombia.

Con todo, este exguerrillero se muestra esperanzado en que "el país comprenderá que toda esa estigmatización del nombre de las FARC fue obra de la propaganda de guerra que existió".

La discusión en el seno de la organización va mucho más allá de lo meramente nominal. La FARC mantiene sus postulados marxistas y una ideología típica de la izquierda tradicional.


LUIS FAJARDO, Analista de BBC Monitoring

Al no cambiarse la sigla, las FARC pueden estar haciendo más difícil aún la tarea de atraer a otros sectores diferentes de la población y hacer una apuesta más transversal.

Para muchos colombianos, el nombre de las FARC se asocia a la violencia y los crímenes cometidos. Al mantenerlo, alegan sus críticos, ofenden a las víctimas.

Para la Colombia urbana, las FARC tienen una imagen negativa y la Colombia urbana son tres cuartas partes del país.


Se había especulado con que de la reunión en la capital colombiana saliera una renovación doctrinal que, de momento, no se produjo.

Natalio Cosoy, corresponsal de BBC Mundo en Colombia, subraya que "pese a que se esperaba que definieran mucho más su nueva línea política, los resultados del congreso de Bogotá fueron bastante vagos".

En la conferencia de prensa que siguió al cierre de su congreso, la dirigencia de la FARC evitó las definiciones claras. La duda es si eso se debió a los desacuerdos internos o un exceso de cautela.

"Estamos ante una organización que está pasando a integrarse en la vida democrática, por lo que es normal que tenga mucho que debatir", señala Cosoy.

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Image caption Se esperaba que en el congreso celebrado en Bogotá, la nueva organización de las FARC concretara sus bases ideológicas y decidiera si seguía siendo marxista.

El tiempo dirá si la nueva identidad del grupo armado que protagonizó su historia reciente seduce a los colombianos. Su primer examen será en las legislativas de marzo de 2018.

De aquí a entonces deberán haber dotado de contenido a su nuevo nombre.

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