Por qué Michel Temer sobrevive como presidente de Brasil si enfrenta acusaciones más graves que Dilma Rousseff

Presidente de Brasil, Michel Temer. Derechos de autor de la imagen AFP/Getty Images
Image caption Michel Temer ha logrado permanecer en la presidencia de Brasil, aunque a un costo elevado.

Adivina cuál de estos dos presidentes consigue permanecer en el cargo y cuál cae, en un mismo país sacudido por un gran escándalo de corrupción, una feroz crisis económica y un desencanto generalizado con la política:

Caso A. El presidente tiene baja popularidad y está acusado de violar normas fiscales para disimular el déficit fiscal, aunque carece de denuncias de corrupción personal.

Caso B. El presidente tiene una popularidad aún más baja y enfrenta cargos de obstrucción de la justicia y corrupción presentados por la fiscalía, algo inédito para un mandatario en ejercicio en la historia del país.

Si tu respuesta es que el primer presidente se mantiene en el cargo y el segundo es suspendido, estás equivocado… bueno, al menos cuando el país en cuestión sea Brasil.

De hecho, el Congreso brasileño evitó la semana pasada que el presidente Michel Temer fuera juzgado y separado del cargo por una denuncia como la del caso B.

Esto ocurre al año siguiente de que el mismo Congreso sometiera a juicio político y destituyera a la presidenta Dilma Rousseff, por una situación como la del caso A.

¿Cómo se explica esto?

"La política en Brasil no funciona necesariamente de forma racional", dice a BBC Mundo Cristiano Noronha, de la empresa de análisis político y estratégico Arko Advice, con sede en Brasilia.

Ayer y hoy

Temer logró el miércoles el apoyo de 251 diputados contra 233 para detener la denuncia de corrupción de la fiscalía que, de continuar, podría haberlo apartado del cargo para que el Supremo lo juzgara.

El mandatario, quien según las encuestas cuenta con la aprobación de apenas 3% de los brasileños, ya había conseguido escapar a una votación similar en agosto.

Se trata de la misma Cámara de Diputados que en abril de 2016 decidió, por 367 votos contra 137, enviar a Senado la denuncia contra Rousseff por violación de normas presupuestales, lo que derivó en el impeachment de la presidenta y su reemplazo por el entonces vicepresidente Temer.

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Image caption Dilma Rousseff fue destituida como presidenta de Brasil en agosto de 2016.

Mientras la acusación contra Rousseff provino de juristas particulares, las denuncias contra Temer surgieron del fiscal general brasileño Rodrigo Janot, en base a delaciones y grabaciones.

Antes de que expirase su período en el cargo en septiembre, Janot acusó a Temer de obstruir la justicia y estar a la cabeza de una organización criminal que maneja sobornos desde hace años.

El presidente rechaza los cargos y, después de salir a salvo de la votación del miércoles, afirmó en un mensaje que "la verdad venció" y "prevalecieron las garantías individuales e institucionales" de la Constitución.

Sin embargo, diferentes analistas creen que hay otros motivos por los cuales Temer evitó una caída como la de Rousseff.

La llave del Congreso

Temer "es alguien que viene del Congreso, sabe cómo funciona el Congreso" y "articuló mucho para evitar que la denuncia fuera aprobada", explica Noronha.

Y esto supone una diferencia importante con Rousseff, que nunca fue legisladora ni tuvo buena relación con el Congreso siendo presidenta.

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Image caption El voto del miércoles en la Cámara de Diputados de Brasil permitió al presidente Temer evitar un juicio por corrupción.

Antes de la votación de Diputados, Temer destinó cientos de millones de dólares del presupuesto federal para aprobar proyectos y demandas de los mismos congresistas que definirían su futuro.

"Lo que sustenta a Temer es un tipo de relación con el Congreso basada en algo tradicional de la política brasileña: el ofrecimiento de bienes a cambio de apoyo", señala a BBC Mundo Marco Antonio Teixeira, un politólogo de la Fundación Getúlio Vargas, una universidad de élite en Brasil.

Temer también satisfizo intereses de grupos rurales y empresariales en el Congreso, al anunciar beneficios para empresas que tienen multas por daños ambientales y una flexibilización de las normas contra el trabajo esclavo.

Esto último llevó a las Naciones Unidas a expresar su preocupación por lo que puede pasar en un país donde el trabajo esclavo continúa siendo un problema en el campo y las fábricas.

Además, el argumento de Temer de que el exfiscal general busca criminalizar la política pudo caerle bien a muchos diputados: la mayoría de los que votaron a favor del presidente en agosto enfrentan investigaciones que los involucran a ellos mismos.

"Cierto cansancio"

Sin embargo, Teixeira advierte que, por tratarse de un mandatario tan impopular, los diputados que lo salvaron corren el riesgo de ser castigados por los votantes en las elecciones del año próximo.

El propio Temer, que en medio de este panorama fue internado el miércoles por un problema urológico, ha quedado aun más debilitado con esta batalla y podría tener que responder a las denuncias en su contra tras dejar el cargo.

Pero otra diferencia grande a su favor es que actualmente en las calles de Brasil brillan por su ausencia las protestas masivas anti-corrupción que rodearon a Rousseff, cuyo Partido de los Trabajadores (PT) tuvo varios altos dirigentes presos por el colosal escándalo de sobornos en la petrolera estatal Petrobras.

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Image caption En Brasil hubo protestas masivas en contra Rousseff que ahora se han desvanecido con el gobierno de Temer.

Según analistas, esto se vincula a un gran desencanto con el funcionamiento de la democracia: apenas 13% de los brasileños se declara satisfecho al respecto, reveló días atrás el informe 2017 de Latinobarómetro, una ONG chilena que coordina encuestas de 18 países de la región.

Esto ubicó a Brasil al final del ranking latinoamericano sobre satisfacción democrática.

Tan solo 3% de los brasileños estuvieron de acuerdo en la misma encuesta con que en su país "se gobierna para el bien de todos", lejos del 21% de promedio regional.

"El tamaño del movimiento que salió a las calles contra (Rousseff) no tenía precedentes en el país. Se apostó, hasta de manera ingenua, a que la salida de ella resolvería los problemas. Y el brasileño percibió al día siguiente que los problemas siguieron", dice Teixeira.

"Hay un cierto cansancio, una cierta razón para imaginar que toda la clase política está contaminada, entonces no vale la pena el esfuerzo de seguir cambiando por cambiar", concluye.

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