Barada, el río bíblico que se convirtió en el centro de la guerra por el agua en Siria

  • 12 enero 2017
Puente sobre el río Barada (Jan 2017) Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption El río Barada es el que surte de agua a la ciudad de Damasco.

En el momento más intenso de la guerra en Siria, conflicto que el próximo marzo cumple seis años, comenzó una batalla por el agua en el país.

El pasado 23 de diciembre el suministro de agua potable de los 5 millones de habitantes de la capital, Damasco, fue interrumpido por la Autoridad del Agua de la ciudad, que señaló que los rebeldes sirios habían contaminado varios tanques con diésel.

Los rebeldes negaron la acción y argumentaron que en realidad había sido un bombardeo del gobierno el que había afectado la infraestructura.

La principal fuente de agua potable es Ain al Fijeh y se encuentra en el valle de Wadi Barada, a unos 18 kilómetros de Damasco, donde un conglomerado de 10 localidades están bajo el control rebelde desde 2012.

Residentes de la zona se unieron a la revolución emprendida en 2011 contra el gobierno, al que acusaron de corrupto y negligente, por entre otras cosas supuestamente haberse apoderado de tierras bajo una nueva ley de ajuste territorial y haberlas entregado para que se construyeran lujosos hoteles y clubes privados.

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Image caption Ambos bandos del conflicto responsabilizaron al otro del corte en el suministro de agua a Damasco el pasado mes de diciembre.
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Image caption El suministro de agua en Damasco se ha visto drásticamente reducido.

El pasado 22 de diciembre, el gobierno de Bashar al Asad, usando bombas de barril lanzadas desde helicópteros y con el apoyo en tierra de las milicias de Hezbolá, comenzó una campaña para retomar el control del estratégico valle y de la vital fuente de agua potable.

Y no fue una fecha escogida al azar: la ofensiva ocurrió pocos días antes del anuncio del cese el fuego hecho por Rusia y Turquía sobre Siria el pasado 29 de diciembre.

Cadena de acueductos

El cañón de Barada fue cortado a lo largo de la cordillera Antílibano varios millones de años atrás por el río Barada, el cual continúa circulando a través de Damasco.

Lo que queda del río es una sombra de lo que alguna vez fue, reducido su caudal la mayor parte del año por la sequía y afectado por la contaminación cuando alcanza el centro de la ciudad.

Pero, siglos atrás, fue la fuente primaria de la fertilidad legendaria de la ciudad y la razón de que existiera un oasis de jardines conocido como Guta.

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Image caption Un acueducto romano todavía es visible en una de las riveras del río Barada.

El río fue y continúa siendo alimentado por las aguas del monte Hermón, la montaña más alta de Siria.

Mencionada al menos 15 veces en la Biblia, varias de ellas en el Nuevo Testamento, la mítica montaña conserva gran parte de su capa de nieve hasta la mitad de junio.

De hecho, la cantidad de nieve que cae en el invierno es un indicador seguro de cuánta agua Damasco va a tener durante el año.

El río Barada, conocido en tiempos antiguos como Abana, se nutre de otros siete afluentes cuyo curso fue redirigido por un complejo sistema de canales construidos durante la época del Imperio Romano.

Surcada por acueductos que iban hacia el centro de Damasco, la ciudad fue alimentada por este elaborado sistema de canales que permitieron la entrada y salida de agua a cada vivienda.

Durante la era del Imperio Otomano, el sistema se volvió más sofisticado y se ubicaron puntos de distribución que también llegaban a los baños públicos, las mezquitas y las fuentes donde la gente bebía agua.

Todavía hoy existen aguas que tienen un grifo de suministro conectado a estos canales de distribución.

Cafeterías

En el verano, muchas familias vienen a Wadi Barada los viernes o por vacaciones y por lo general alquilan una plataforma junto al río por el día.

Estas plataformas tienen una especie de toldo que solo se abre del lado del río, dando forma a un lugar acogedor y privado donde las familias se pueden relajar y disfrutar de la frescura del agua que circula por allí.

Unas pequeñas escaleras de acero están instaladas en las plataformas. De ese modo los niños pueden bajar al río de forma segura y nadar en sus aguas.

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Image caption Inscripciones romanas cerca de las riberas del río Barada.

En el siglo XVI, fue en la ribera del río -en las afueras de Damasco- donde se instalaron las primeras cafeterías en el país.

La mayoría de las personas que llegaban a estas cafeterías eran peregrinos que iban de camino hacia la Meca y esperaban allí a otras personas para conformar una gran caravana y de ese modo protegerse de los ataques de las tribus que habitaban el desierto.

Muchos grabados del siglo XIX muestran escenas de estos cafés ubicados en las riberas de Barada.

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Image caption Los ciudadanos han sufrido los cortes en el suministro de agua.

Inscripciones latinas

Cerca de la localidad de Souq Wadi Barada, todavía se puede acceder a unos enormes agujeros que están en la parte alta de los abismos que rodean el río.

Estos huecos son parte del sistema original del acueducto romano: elaborados túneles creados en el interior de la roca que conducían el agua derretida hacia Damasco.

Y en algunos sectores del antiguo camino romano entre Baalbek (en Líbano) y Damasco todavía se pueden apreciar inscripciones en griego (idioma oficial) y latín (idioma de los soldados), que describían cómo el camino había sido reconstruido en una parte más alta para evitar su destrucción por alguna inundación.

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Image caption Estas escaleras son usadas para acceder de forma segura al río desde las plataformas ubicadas en los bordes del afluente.

Para Hezbolá también es un punto estratégico. Para ellos esta es una especie de patio que conecta ambos países, especialmente con su bastión en Baalbek.

El gobierno sirio señaló que en esta zona hay combatientes del grupo Jabhat Fateh al Sham -que era conocido como Frente al Nusra- como una manera de justificar su actual proceder sobre la zona.

Los residentes locales insisten en que solo hay personas que pertenecen al Ejército Sirio de Liberación, de carácter moderado.

Desde que los agentes de Naciones Unidas y funcionarios no tienen acceso a la zona debido a la restricción al paso en los puntos de control de Hezbolá, la verdad sobre lo que ocurre allí permanece escondido tras la niebla de la guerra.

*Diana Darke se graduó en estudios árabes de la Universidad de Oxford y escribió, entre otros, el libro "Mi casa en Damasco: una visión sobre la crisis siria" (2016).

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