"Tuve una espada de samurái contra mi garganta": el policía que se infiltró en las grandes pandillas del narcotráfico de Reino Unido

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Image caption Neil Woods dice que no llegó a ser agente encubierto "por vocación".

"He tenido una espada de samurái contra mi garganta y un cuchillo contra el muslo".

Durante 14 años, Neil Woods estuvo infiltrado en las pandillas británicas de narcotraficantes, asumiendo un gran riesgo personal.

Lo hizo haciéndose pasar por un drogadicto.

Se necesita valor y habilidad para pensar rápido en el más tenso de los ambientes.

Pero Neil Woods no llegó por vocación a esta tarea, sino porque estaba pasando un mal momento laboral.

"Yo no era un policía uniformado muy exitoso", le explicó al programa de la periodista de la BBC Victoria Derbyshire.

"Estaba teniendo problemas, por lo que pedí traslado al escuadrón antinarcóticos. Me sugirieron que me postulara a uno de los trabajos encubiertos que consistían en comprar crack (un tipo de droga)".

"Disfruté del trabajo"

Era 1993 y esa modalidad de trabajo encubierto no era frecuente en Reino Unido.

Para Woods, sin embargo, era un nicho apropiado para sus destrezas.

"Realmente disfruté del trabajo y me di cuenta que era muy bueno haciéndolo", asegura.

"Debía desarrollar las tácticas para ello, tal como idear una coartada, pero sin actuar. Debía aprender a representar una versión distinta de mí mismo".

"Todo depende de la empatía. Es usar la empatía como un arma para acercarse a ellos".

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Image caption Neil Woods trabajaba como policía encubierto en 1995.

Woods admite que tenía una opinión "llena de prejuicios" sobre los consumidores de droga cuando comenzó en el trabajo, pero a medida que conocía adictos, vio un lado diferente de las personas atrapadas en ese mundo.

"Antes, los veía como personas que habían tomado la decisión incorrecta, que no tenían fuerza de voluntad. Pensaba que era culpa de ellos", asegura.

"Pero entonces empiezas a descubrir algunas de las historias de sus vidas, que han estado automedicándose por haber sido víctimas de abuso infantil, por ejemplo".

"Dos terceras partes de los usuarios de heroína tienen un historial de abuso".

En ese momento, sin embargo, eso no alteró su actitud frente al trabajo.

"Seguí manipulándolos", recuerda. "Eran daño colateral".

"Quedarían envueltos en el trabajo y terminarían en la cárcel".

Y él se decía que "el fin justificaba a los medios".

Pandillas

La razón queda clara cuando se recuerda la clase de miembros de pandillas que él intentaba poner tras las rejas.

En 2004 ayudó a arrestar a seis miembros de la pandilla "Burger Bar", que operaba en la ciudad de Birmingham y que eran "criminales horrendos", según Woods.

"Violaban a personas como castigo por deudas de drogas", asegura.

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Image caption Woods pasó 14 años infiltrado.

Woods trabajó en ciudades en todo el Reino Unido y frecuentemente se vio en situaciones peligrosas.

"He tenido una espada samurái sobre mi garganta, un cuchillo contra el muslo, me han obligado con pistolas a quitarme la ropa", recuerda.

"Una vez, mi cámara oculta fue encontrada por un pandillero particularmente cruel".

"Llevó a dos socios que no me conocían a una reunión. Me cachearon y encontraron la cámara. Tuve que reaccionar rápido. Empecé a lanzar un torrente de insultos", cuenta.

"Eso generó confusión, lo que me permitió escapar. Me persiguieron en auto e intentaron atropellarme. Después supe que tenían un arma en el auto".

Mil años de condena

Woods dice que su trabajo llevó a más de 1.000 años de condenas de cárcel para los criminales que ayudó a encerrar.

Cuando se convirtió en padre, sin embargo, dice que encontró difícil combinar su trabajo con su vida familiar.

"Hacía este trabajo entre semana y los fines de semana era el papá. Me iba a nadar con los niños", recuerda Woods.

Al final, después de 14 años, decidió dejar la profesión.

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Image caption Woods está a favor de los planes de algunas policías locales británicas de proveer heroína a los adictos en condiciones médicamente supervisadas.

Empezó a considerar inútil su trabajo dadas las circunstancias.

"Interrumpía el suministro de drogas por no más de un par de horas en cualquier ciudad. Entonces, ¿cuál es el sentido?"

"Algunos de los arrestados eran miembros del crimen organizado. Pero muchos eran apenas víctimas de la 'guerra contra las drogas', los usuarios problemáticos, vulnerables".

Por varios meses, sufrió de desorden de estrés postraumático, como resultado de lo que vio.

Experiencia única

Pese a haber dejado la fuerza policial, todavía siente "el llamado del deber" para seguir peleando contra las drogas en las calles británicas.

Woods es ahora presidente de Leap UK, una organización que hace campaña por la reforma de la política antidrogas.

Apoya un plan de la policía de la ciudad británica de Durham, que piensa ofrecer a los adictos a la heroína esa droga en centros de consumo supervisados médicamente, en un esfuerzo por combatir el delito asociado al narcotráfico.

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Image caption Woods cree que el enfoque tradicional de la lucha antidrogas en Reino Unido no está funcionando.

Los opositores a este plan sostienen que hay experimentos que indican que esas iniciativas no ofrecen beneficios significativos a largo plazo.

Pero Woods insiste en que la medida ayudará a que la policía "controle la heroína, la mantenga lejos de los criminales".

El suministro de drogas está actualmente en manos del crimen organizado", advierte. "Eso es tan peligroso".

Su nuevo oficio es muy distinto de su antiguo empleo pero asegura que su experiencia como agente encubierto le ha dejado muchas enseñanzas.

"Tengo esta experiencia única", señala. "Ahora, solo la uso de un modo distinto".

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