Teherán, una ciudad literalmente dividida por las presidenciales: las elecciones de Irán vistas desde adentro

Derechos de autor de la imagen ATTA KENARE
Image caption Las presidenciales las disputan dos candidatos claramente opuestos. En la imagen, simpatizantes de ambos clérigos.

En el área central de Teherán, un lugar al que muchos iraníes se refieren como Behesht o paraíso, la municipalidad lleva años trabajando en un proyecto urbano de parques y extensas áreas verdes que se extienden a los costados de una de las autopistas que unen el sur y el norte de la ciudad.

Decenas de hombres cuidan sin descanso estos jardines para mantener las flores en perfecto estado -especialmente las rosas que en este mes de mayo son un espectáculo de color-, un gran reto si se tiene en cuenta que estas son tierras de desierto.

Este proyecto, más allá de la gracia que le añade a la ciudad, no tendría nada en particular sino hubiera terminado por convertirse en la gran metáfora del escenario político iraní, cuya división ha vuelto a quedar en evidencia en las elecciones presidenciales de este viernes en las que dos clérigos, uno moderado-reformista, Hassan Rohani, y otro conservador-radical, Ibrahim Raisi, han quedado como los únicos candidato a disputarse el segundo puesto en importancia del país después del Líder Supremo.

A un lado de la autopista está el parque Taleghani, con cientos de árboles que crean una sensación de bosque en medio de la ciudad.

Detrás de esta área verde se esconde uno de los conceptos sobre los que está construido la república Islámica: "la resistencia", que en estas tierras tuvo su máxima expresión durante la guerra con Irak en la década de los 80.

Se calcula que más de un millón de personas de ambos bandos murieron durante los ocho años de esta guerra incitada por el ex presidente iraquí Saddam Hussein poco después de la victoria de la Revolución Islámica en 1979 y que todavía está profundamente anclada en el imaginario de los iraníes.

Derechos de autor de la imagen ATTA KENARE
Image caption Los parques, un símbolo de Teherán.

En las avenidas de cada ciudad o pueblos del país cuelgan fotos de aquellos mártires que murieron en combate, y quienes también están recordados en el museo de la guerra, eje central de este parque Taleghani.

Las familias de los mártires tienen prelación ante el sistema -como por ejemplo en temas de acceso a puestos oficiales o universidades- y son ellos quienes encabezan el inmenso grupo social sobre el que se basa el "nizam" para sostener aquellos valores revolucionarios, antiimperialistas, antioccidentales y religiosos que salieron victoriosos a finales de la década de los 70 cuando diferentes grupos de pensamiento, y de origen social, se unieron para derrocar a la monarquía de los Pahlavi.

Este parque también es la cara del Irán militar, de hombres uniformados que actualmente pelean guerras en otros países de la región, como Siria, de milicianos conocidos como basijis y de clérigos que sostienen el pensamiento revolucionario en sus plegarias y siempre invocan el nombre del Líder Jamenei como su gran guía a seguir, y defender.

De este gran grupo se desprende el ala de pensamiento al que en Irán llaman "radical", que años atrás fue representado por Mahmoud Ahmadineyad y que en estas elecciones ha vuelto a tomar cara a través del clérigo Ibrahim Raisi, un veterano integrante del sistema judicial, que ha sido fuertemente criticado por defensores de los derechos humanos en Irán, que lo vinculan con las ejecuciones extrajudiciales de cientos de prisioneros políticos durante los años 80.

Línea dura

Derechos de autor de la imagen ATTA KENARE
Image caption Raisi, el candidato conservador, ha sido fuertemente criticado por defensores de los derechos humanos en Irán por su papel en ejecuciones extrajudiciales en los años 80.

Un año atrás Raisi fue nombrado por el Líder Supremo como responsable de Astan-e Qods, una poderosa y multimillonaria institución que tiene a su cargo el manejo del mausoleo del Imam Reza en Mashad, la segunda ciudad de Irán, y que a su vez es uno de los complejos religiosos más grandes en el mundo islámico.

Desde entonces aumentaron los rumores de que encabezaba la fila de candidatos a suceder al Líder Supremo, el ayatola Ali Jamenei, en caso de muerte.

"Yo voto por Raisi porque el Líder Supremo lo ordena", dice Fatemeh, una joven de 22 años cubierta con el chador negro tradicional y que carga un cartel donde se ven las fotos de jóvenes militares mártires, pero de la guerra en Siria, y el ayatola Ali Jamenei.

"Sí, sí él lo apoya. Nosotros lo sabemos", contesta la joven cuando le pregunto qué la ha llevado a concluir que Raisi es apoyado por el Líder si siempre ha asegurado en múltiples ocasiones que no toma partido en las elecciones.

Derechos de autor de la imagen BEHROUZ MEHRI
Image caption Las rosas, que por esta temporada deslumbran en Teherán, también se han vuelto un símbolo de apoyo a Raisi.

Este encuentro con Fateme se dio en el rally de cierre de campaña de Raisi en Teherán en el gran mausoleo Imán Joemeini, un inmenso complejo religioso que empezó a ser construido antes de la muerte del fundador de la Revolución y que todavía está sin terminar.

En un salón inmenso, donde hasta hace dos años se llevaba a cabo la Feria del libro y que desde hace poco es la sede de la oración de los viernes en Teherán, miles de hombres y mujeres vestidas de estricto chador ondeaban banderas de Irán y, quienes irónicamente, repetían eslóganes similares a los que cantan en la campaña de los moderados reformistas, a cuyos valores ellos se oponen.

Al menos en teoría.

Reformistas

El parque Abo-Atash, o del agua y el fuego, está ubicado al otro lado de la colina llena de árboles que identifica a Taleghani.

En vez de bosques tiene jardines y prados donde en días de fiesta cientos las familias ponen sus mantas para hacer el picnic que tanto les gusta a los persas.

Los caminos del parque, que se extiende en paralelo a la autopista, están llenos de complejos de comidas donde en los últimos años se han abierto diferentes espacios de arquitectura moderna donde se han abierto cafés y restaurantes de comida persa y occidental, convertidos en fenómeno en la ciudad.

Derechos de autor de la imagen ATTA KENARE
Image caption Una pareja en un parque de Teherán.

Por estos caminos es fácil ver niñas en patines, parejas de jóvenes -algunos con atuendos tradicionales, muchos chadores, y otros modernos, con camisetas pegadas al cuerpo y letreros en inglés- y grupos de amigos que quedan para pasarlo bien, darse un paseo o incluso practicar bicicleta acrobática en la pista mixta que fue inaugurada por la municipalidad hace un par de años.

Nada más contradictorio con la retórica antioccidental, anti imperialista de la República Islámica que este parque que reúne todas las atracciones de un espacio de cultura occidental y que además está hecho por una institución oficial.

Pero al mismo tiempo es la cara de ese Irán que si bien sigue creyendo que sus principios revolucionarios y religiosos son el camino, también es consciente que tiene que dar un paso adelante, atraer inversión extranjera y abrirse para poder satisfacer a una juventud cada vez más actualizada, educada y conectada con el mundo.

Es un ejemplo de que la tradición, los valores patrios -la mayoría de estos jóvenes defenderían Irán en caso de que fuera atacado-, pueden convivir con esa modernidad que causa pánico entre los radicales, al tiempo que también los atrae. Irán tiene 80 millones de habitantes y más de la mitad carga en su bolsillo un teléfono inteligente.

El acceso a internet cada vez es más fácil a través de los proveedores de celular, con un 3G que funciona algunas veces mejor que el internet de casa, y el auge de las aplicaciones de mensajes como Telegram son todo un fenómeno en Irán.

Por estos grupos se comparte todo tipo de información hasta el punto que han sido la plataforma de comunicación central en estas elecciones y no sólo del candidato que defiende el fin del control de la información y la libertad de expresión, como lo ha hecho el presidente Hassan Rohani.

Derechos de autor de la imagen BEHROUZ MEHRI
Image caption Hassan Rohani es considerado el candidato moderado.

Este clérigo que hace cuatro años llegó al poder gracias al apoyo de los reformistas y de figuras como el hoy fallecido ayatolá Hashemi Rafsanjani, ha pasado a convertirse con el tiempo también en un símbolo del reformismo, y de aquellos que apoyaron el movimiento verde, que salió a las calles de Teherán y de otras ciudades del país, para protestar por la reelección de Ahmadineyad, que ellos consideraron fraudulenta.

En los encuentros con sus seguidores durante la campaña electoral, los asistentes siempre le recuerdan que tiene pendiente luchar por la liberación de los líderes de aquel movimiento, Mir Hussein Musavi y Mehdi karrubi, cuyos nombres han vuelto a oírse en las calles de Teherán en estos días después de estar totalmente vetados.

"Hace cuatro años voté por Rohani casi llorando, no creía en las elecciones desde 2009. Pero seguí las recomendaciones de los reformistas. Esta vez votaré a conciencia por él, pues si bien no ha cumplido todas sus promesas sí ha abierto el camino", cuenta Sara, de 22 años que asistía al rally de cierre de campaña de Rohani en el polideportivo Azadi, donde irónicamente las mujeres tienen prohibido la entrada para ver los partidos de los equipos nacionales masculinos de Voleibol o baloncesto.

Rohani, recuerda Sara, cumplió la promesa de firmar un acuerdo con las potencias occidentales sobre el programa nuclear persa a cambio de levantamiento de sanciones.

"Los efectos de este acuerdo todavía no los hemos sentido, pero se ha dado un gran paso", dice al justificar las críticas de muchos iraníes, especialmente de los radicales, de que el acuerdo no ha repercutido en sus vidas, no sus bolsillos. Especialmente de los más pobres, sobre los que se ha basado la campaña de Raisi.

Derechos de autor de la imagen ATTA KENARE
Image caption Rouhani tiene muchos simpatizantes entre los jóvenes.

Sin puentes

En medio de los dos parques, Taleghani y Abo-Atash, se encuentra el pol-e Tabiat, o puente de la naturaleza, una inmensa estructura metálica que se ha convertido en uno de las últimas atracciones, y orgullos de los iraníes.

Se trata de un viaducto de tres pisos, con jardines, cafés y restaurantes que fue diseñado por una joven arquitecta iraní antes de cumplir 30 años y que ha atraído millones de visitantes desde su apertura en 2014.

En este espacio coinciden todos los iraníes, sin importar la tendencia ideológica, etnia o la clase social. Todos coinciden allí para tomarse una selfie, apreciar Teherán desde sus terrazas, y pasar un buen rato.

"La diferencia entre Taleghani y Aba-Atash es que los dos parques están unidos por el puente. Pero en el aspecto político, no tenemos puente, nada nos une", aseguraba el miércoles en la noche Azin, de 28 años, con la que hablábamos sobre los conceptos de país que representaban los parques mientras caminábamos por las calles de Teherán donde seguidores de uno y otro candidato cantaban eslóganes bajo la presencia permanente de los motorizados, que con las horas se muestran más nerviosos.

"Estas elecciones han quedado divididas en dos bandos como pasó en 2009, han vuelto a dividirnos a la población y no han creado ningún lazo que nos una", dijo.

Derechos de autor de la imagen ATTA KENARE
Image caption Simpatizantes de Raisi.

Política e ideológicamente, Irán hoy está dividida en dos grandes grupos. El grupo que gane no sólo marcara la vida de los iraníes en el próximo cuatrienio, sino posiblemente también marcara el futuro de la Revolución.

El mismo Líder ha hablado de la posibilidad de morir en los próximos años. ¿De qué grupo saldrá su sucesor? Sobre eso también votarán este viernes los iraníes, aunque no todos sean conscientes.

Catalina Gómez, autora de este artículo y una de las pocas periodistas extranjeras que vive en Irán, realizará este viernes un Facebook Live con BBC Mundo sobre las elecciones presidenciales iraníes a las 13:30 GMT (10:30 am hora de Argentina; 8:30 am hora de Bogotá y México, 6:30 am de Los Angeles).

Temas relacionados

Contenido relacionado