El joven británico que quiere que vayas a estudiar a Corea del Norte

Benjamin Griffin en una universidad de Pyonyang
Image caption La hora del té en la casa de la "amistad internacional" era uno de los momentos de convivencia de Benjamin Griffin.

Corea del Norte provoca temor en el mundo.

Con sus pruebas de misiles y amenazas de ataques nucleares, no es extraño que se haya creado una imagen oscura.

Por eso mismo es que un estudiante británico de 24 años cree que es hora de intentar hacer amistad con los norcoreanos o por lo menos llegar a conocerlos mejor.

"Somos muy rápidos en etiquetar a Corea del Norte como 'prohibido', 'cerrado', 'loco', 'sufrido', pero yo quiero quitar esa barrera que hemos creado, solo por un minuto, y arrojar luz sobre el país a un nivel humano", dice Benjamin Griffin.

Antes de su primera visita hace cuatro años, su conocimiento del país se había limitado a "un documental y algunos clips de YouTube".

Por lo que el paquete de vacaciones que reservó con Servicios de Viaje Juche (JTS, por sus siglas en inglés), una agencia de turismo aprobada por el gobierno norcoreano, fue una revelación.

"Cuando estuve por primera vez a Pyongyang en 2013, esperaba ver un ejército de soldados por todas partes a las que fuera".

En cambio se encontró con gente caminando al trabajo, yendo de compras, comiendo o bailando en el parque. De alguna manera, la vida normal parecía sorprendente.

"La verdad es que, en la vida cotidiana, un ciudadano de Pyongyang no está preocupado por la mejor manera de derrotar al imperialismo de Estados Unidos, o por la maldad del capitalismo", dice Griffin.

Más bien, se hacen preguntas como: "¿a dónde voy a ir de compras hoy?, ¿qué posición tengo en mi trabajo?, ¿se casará mi hija?".

Al año siguiente, a los 21 años, el joven británico volvió a ser voluntario como profesor de inglés en la universidad de turismo de Pyongyang.

Image caption Griffin se convirtió en profesor, con lo que pudo conocer mejor a los jóvenes norcoreanos comunes.

Más tarde se convirtió en un guía acreditado de la JTS y ahora ha creado un programa de "viaje de estudios" para personas de cualquier edad o nacionalidad que deseen pasar tres semanas en la Universidad Kim Il-sung en julio próximo.

Los participantes dormirán en el campus de la universidad y estudiarán coreano durante cuatro horas por día.

El resto del tiempo será para realizar visitas guiadas, tomar parte en cursos de natación, baile tradicional y futsal, actividades en las que podrán conocer a los norcoreanos, aunque sean personas cuidadosamente seleccionadas.

"No intentamos excusar a Corea del Norte de sus evidentes problemas, pero necesitamos un cierto nivel de comprensión mutua. El turismo educativo es un paso en esa dirección", dice el joven.

"No quiero dejar de ser crítico, pero también es vital encontrar lo central del país, y lo que la gente valora. Por supuesto que existe la política -hacen pruebas nucleares, hay violaciones de los derechos humanos impensables- pero es importante centrarse en las interacciones de humano a humano".

Griffin no niega que hay pobreza agobiante en el campo y culto a la personalidad del líder supremo y su familia.

Image caption La Universidad Supremo Líder Kim Jong-un es la que acogerá a los estudiantes del programa.

En Pyongyang, una ciudad reservada para las familias de élite, la gente suele trabajar seis días a la semana de 10 a 12 horas al día, mientras que los domingos son para "descansar y trabajo voluntario", como cortar hierba y ensayar para los bailes masivos.

"Uno no pasa mucho tiempo a solas", dice Griffin.

A pesar de la incesante propaganda en contra del imperialismo occidental, algunos norcoreanos se interesan en la cultura del otro hemisferio, dice Griffin.

Ropa de marcas como Nike y Adidas, tanto auténtica como falsificada, se puede encontrar en el país, y los estudiantes de familias privilegiadas saben de los cantantes y películas de Occidente.

"Recuerdo que me pedían que les contara chismes acerca de Beyonce, sobre un vestido que había llevado a una ceremonia de premios. No tengo ni idea de dónde sacaron esa información. Incluso habían visto algunas películas estadounidenses y británicas que yo no había visto", dice.

Sin embargo, en clase no estaban acostumbrados a ver a monstruos, y algunos se ocultaron debajo de sus escritorios cuando pusieron la película "Guía del viajero intergaláctico".

Mantener la disciplina no era un problema para Griffin.

Image caption Griffin ha dado clases de inglés para los guías de turistas, un oficio en el que él también participa.

"Al principio estaban como en un regimiento militar. Cuando entraba en el salón, dejaban de hablar y se ponían de pie. Les decía, 'chicos, no necesitan hacer eso'. Y todos decían en coro, 'buenos días, profesor Ben'".

"Pero eso empezó a cambiar después de que me encontré con algunos de ellos por Pyongyang. Me hablaban sobre sus dramas de novios o de dónde habían almorzado. Les encantaba que les dijera trabalenguas en inglés y grabarme en sus teléfonos", explica.

El karaoke es popular entre los compañeros de Griffin en la agencia de turismo. A veces salen a cantar en Pyongyang.

El británico recuerda un largo viaje en minibús con otros guías que se convirtió en un karaoke.

"Eran dos mujeres jóvenes, y una de ellas tenía una hermosa voz, angelical. Entonces la otra se puso de pie. Y era evidente que había visto "Titanic" recientemente. Durante unos 10 minutos nos quedamos atrapados en este minibús escuchando la versión más desentonada que puedas imaginar de My heart will go on. Era evidente que quería aprovechar la oportunidad de actuar frente a los extranjeros".

"Fue muy difícil no reírse. En momentos como ese te olvidas de la política por un minuto. Es solo una persona, no un peligroso norcoreano".

Image caption En su tiempo libre, la gente suele participar en los ensayos de los bailes en las plazas de Pyongyang.

Griffin rechaza la idea de que alguien que paga por una visita a Corea del Norte está subsidiando su programa nuclear o ayudando al régimen.

Si el tour de "viaje de estudios" que ha ayudado a organizar cubre sus costos, dice, cualquier dinero sobrante irá a la universidad de destino, para inventgirlo en los maestros o en gastos de mantenimiento.

Y aún así, argumenta, la necesidad del diálogo y el intercambio cultural es de importancia primordial.

Para reforzar su idea, Griffin creó una imagen de satélite de Corea del Norte de noche que muestra una región escalofriantemente oscura, rodeada de las deslumbrantes luces la ciudad china de Shenyang y la surcoreana de Seúl.

Image caption Las luces de la ciudad china de Shenyang (arriba a la izquierda) y Seúl (al centro) resaltan la oscuridad de Corea del Norte en medio.

"Este es un gran ejemplo de cómo entendemos a Corea del Norte. Es 'nosotros y ellos', 'oscuridad y luz', 'el bien y el mal'. Es oscuro, es desconocido. Le hemos dado todos estos clichés. Una lente a través de la cual miramos a la República Democrática de Corea del Norte".

"Es demasiado simplista decir que el país es 'malvado', ¿puede hacer algo bien? Si esta foto se hubiera tomado de día, no veríamos ninguna división entre los países. Corea del Norte pertenece a nuestro mundo".

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