Por qué algunas de las jóvenes secuestradas por Boko Haram están regresando con sus captores

"Esposa" de Boko Haram Derechos de autor de la imagen Adaobi Tricia Nwaubani
Image caption Aisha recibió regalos costosos del comandante de Boko Haram con quien se casó.

El 14 de abril de 2014, miembros del grupo islamista Boko Haram atacaron el internado de un colegio de secundaria en Chibok, el estado de Borno, en el norte de Nigeria.

Los extremistas secuestraron a 276 niñas que estaban hospedadas allí provenientes de poblados cercanos y que habían ido a hacer sus exámenes al colegio.

Algunas de las niñas lograron escapar, y en mayo de este año unas 100, que todavía estaban secuestradas, fueron liberadas a cambio de militantes del grupo que habían sido detenidos por el gobierno.

Pero entonces se dio a conocer que algunas de las niñas que iban a ser liberadas se rehusaban a regresar a su hogar.

El mundo no podía creerlo. Y muchos no lograron convencerse cuando Boko Haram publicó un video que mostraba a las niñas cubiertas con velos musulmanes, portando rifles Kalashnikov y diciendo que estaban contentas con su nueva vida, indica la periodista de la BBC Adaobi Tricia Nwaubani.

"Seguramente las obligaron a decirlo", dijeron algunos. "Debe ser el síndrome de Estocolmo", señalaron otros. ¿De qué otra forma se podía explicar que una niña, una joven, eligiera permanecer con hombres tan horribles?

Sin embargo, dentro del grupo de jóvenes que fueron rescatadas por el ejército nigeriano varias están dispuestas a regresar al bosque Sambisa, el escondite de Boko Haram en el noreste de Nigeria, a vivir con esos mismos "hombres horribles".

"Como un cuento de hadas"

En enero, Adaobi Tricia Nwaubanil, corresponsal de la BBC, se reunió con Aisha Yerima, de 25 años, quien fue secuestrada por Boko Haram hace más de cuatro años.

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Image caption En mayo casi 100 jóvenes fueron liberadas por el ejército, pero varias decidieron regresar a Boko Haram.

Le contó que cuando estaba en cautiverio, se había casado con un comandante que la colmó de romance, regalos costosos y canciones de amor árabes.

Esta vida de "cuento de hadas" en el bosque de Sambisa que la joven describió terminó súbitamente con la aparición del ejército nigeriano a principios de 2016. Entonces su esposo se había ido a combatir con otros comandantes.

Cuando la BBC entrevistó a Aisha, la joven había estado bajo custodia del gobierno por unos ocho meses, y había completado un programa de desradicalización dirigido por la psicóloga Fatima Akilu, directora ejecutiva de la Fundación Neem y fundadora del programa de desradicalización del gobierno nigeriano.

"Ahora veo que todas las cosas que Boko Haram nos dijo eran mentiras", afirma Aisha. "Ahora, cuando los escucho en la radio, me rio".

¿La fuerza del poder?

Pero en mayo, menos de cinco meses después de que Aisha fue entregada a su familia, en la ciudad de Maiduguri, en el noreste del país, la joven regresó al escondite de Boko Haram.

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Image caption El ejército nigeriano ha estado combatiendo a Boko Haram desde 2009.

Durante los últimos cinco años, la doctora Akilu ha estado trabajando con antiguos miembros de Boko Haram -incluidos algunos comandantes, sus esposas e hijos- y con cientos de mujeres que fueron rescatadas del cautiverio.

"La forma como las jóvenes eran tratadas cuando estaban cautivas por Boko Haram dependía del campamento en el que eran confinadas. Porque eso dependía del comandante que dirigía el campamento", explica a la BBC.

"Las que fueron tratadas mejor fueron las que voluntariamente se casaron con miembros de Boko Haram o las que se unieron al grupo de forma voluntaria. Y no fue la mayoría. La mayoría no recibió el mismo tratamiento".

Aisha había hecho alarde sobre el número de esclavas que tenía cuando estaban en el bosque Sambisa, el respeto que le tenían otros comandantes de Boko Haram, y la fuerte influencia que ella tenía sobre su esposo.

Incluso, dijo, lo había acompañado una vez a la batalla.

"Estas son mujeres que, en su mayoría, nunca habían trabajado, ni tenían poder ni voz en sus comunidades, y de pronto se les había puesto a cargo de entre 30 y 100 mujeres que desde ese momento estaban bajo su total control y a su total disposición", afirma Akilu.

"Es difícil saber cómo reemplazar esa posición cuando regresas a la sociedad, porque la mayoría de las mujeres están regresando a sociedades donde no van a poder tener ese tipo de poder".

En shock

Además de la pérdida de poder, otras razones por las que la doctora Akilu cree que las mujeres están dispuestas a regresar a Boko Haram incluye el estigma de sus comunidades que las trata como parias debido a su asociación con los militantes radicales y a las duras condiciones económicas.

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Image caption Para algunas jóvenes que fueron secuestradas, enfrentar las consecuencias de la liberación puede ser muy difícil.

"La desradicalización es sólo una parte de ello. La reintegración también forma parte de ello. Algunas de las jóvenes no tienen ningún apoyo para sostenerse", asegura Akilu.

"El tipo de apoyo que tienes en los programas de desradicalización no continúa cuando partes a tu casa. A menudo las jóvenes salen con éxito del programa de desradicalización pero tienen problemas en la comunidad y esa es una lucha que a menudo las hace regresar", agrega.

La corresponsal de la BBC visitó a la familia de Aisha, quien aún está conmocionada por su partida y preocupada por su bienestar.

Su madre, Ashe, afirma que ha a conocido a unas siete "ex esposas" de Boko Haram, todas amigas de su hija, que regresaron al bosque Sambisa mucho antes que su hija.

"Cada vez que una de ellas desaparecía, su familia venía a nuestra casa a preguntarle a Aisha si sabía algo de la hija", recuerda. "Así es como supe".

Algunas de las jóvenes mantuvieron contacto con Aisha después de que regresaron a Boko Haram.

Su hermana menor, Bintu, estuvo presente durante las dos últimas llamadas por teléfono.

"Le dijeron que regresara y se uniera a ellas, pero ella se rehusó", dice Bintu. "Ella les dijo que no quería regresar".

¿Por buen camino?

A diferencia de algunas "esposas" de Boko Haram, que están luchando por sobrevivir con duras condiciones económicas o enfrentando el estigma, la vida de Aisha parecía ir por buen camino.

Estaba ganando dinero comprando y vendiendo telas, asistía regularmente a eventos sociales y publicaba en redes sociales fotos en las que aparecía muy arreglada. También tenía una serie de pretendientes.

"Al menos cinco hombres querían casarse con ella", dice su madre. Subraya que no hay mejor forma que esa de mostrar la aceptación a una mujer y lo pone como evidencia de que su hija no estaba enfrentando ningún tipo de estigma de la comunidad.

"Uno de los hombres vive en Lagos. Estaba pensando casarse con él", afirma.

Pero, las cosas comenzaron a ir mal cuando Aisha recibió otra llamada telefónica de las mujeres que habían regresado al bosque, informándole que su "esposo" de Boko Haram estaba ahora con una mujer que había sido su rival.

A partir de ese día, la vivaz y sociable Aisha se convirtió en una reclusa.

"Dejó de salir, de hablar y comer", afirma Bintu. "Siempre estaba triste".

Dos semanas después, salió su casa y no regresó. Su ropa desapareció. Sus teléfonos fueron apagados. Se llevó a su hijo de dos años que había procreado con el comandante en el bosque de Sambisa, pero dejó al hijo mayor que tuvo con el esposo del que se divorció antes de su secuestro.

"La desradicalización se complica por el hecho de que tenemos una insurgencia activa y continua", explica la doctoa Akilu.

"En casos donde el grupo ha alcanzado un acuerdo con el gobierno y despuesto sus armas, es más fácil. Pero cuando tienes a los padres, esposos e hijos todavía en el movimiento, lo que quieren es reunirse, especialmente las mujeres".

Asta, otra antigua "esposa" de Boko Haram, le dijo a la BBC que había escuchado de varias mujeres que habían regresado al grupo pero que ella no tenía planes de hacerlo.

Derechos de autor de la imagen Video de Boko Haram
Image caption Boko Haram ha causado la muerte de miles de personas y desplazado a millones.

Sin embargo, la joven de 19 años describió lo mucho que extrañaba a su esposo y las ganas que tiene de saber de él y de reunirse con él.

Insiste en que no regresará al bosque, ni siquiera si él se lo pide.

"Le diré que venga y se quede aquí con nosotros y que vivamos una vida normal", afirma.

Pero igual que Aisha, el deseo de estar con el hombre que desea podría convertirse en algo más fuerte para Asta que la aversión al grupo responsable de la muerte de miles de personas en el noreste de Nigeria y del desplazamiento de millones que están luchando por sobrevivir en campamentos de refugiados.

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