Cómo después de dos guerras y evitar convertirse en satélite de la Unión Soviética, Finlandia mantiene buenas relaciones con Rusia

El presidente de Finlandia, Sauli Niinisto, y su par ruso, Vladimir Putin. Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption El presidente de Finlandia, Sauli Niinisto, recibe a su par ruso, Vladimir Putin, en el marco de las celebraciones por el centenario de la independencia finlandesa.

No es fácil en estos tiempos ver al presidente ruso, Vladimir Putin, recibido en un país occidental del modo en que Finlandia prevé hacerlo este jueves para celebrar sus 100 años de independencia.

La agenda incluye un paseo de Putin y el presidente anfitrión, Sauli Niinisto, en un viejo barco de vapor cerca de la frontera bilateral, así como una ceremonia en un castillo medieval con el teatro ruso Bolshói interpretando la ópera lírica Iolanta, de Tchaikovski.

Y, por supuesto, un diálogo personal entre ambos presidentes, que mantienen una comunicación "bastante clara y franca" según el propio Niinisto dijo a la agencia rusa estatal de noticias Tass antes de la visita.

"Podemos discutir cualquier cosa", aseguró.

La pompa de esta cita difícilmente podrá hacer olvidar la peculiar historia de las relaciones entre ambos países, marcada por guerras, pactos y amenazas.

Pero con una mezcla de habilidad política y determinación militar, Finlandia logró asegurar desde el siglo XX su independencia de Moscú manteniendo buenas relaciones con el gigante vecino y un comercio mutuo que se afianzó en años recientes.

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Image caption "Los finlandeses fueron expertos en diplomacia", señala Walter Clemens, experto de relaciones internacionales de la Universidad de Boston.

Y todo esto lo hizo integrándose al mismo tiempo en Europa.

"Finlandia encontró a lo largo de las décadas un equilibrio que le permite mantener su independencia, su democracia y una economía exitosa y, sin embargo, no caer en conflictos con Moscú", dice a BBC Mundo Robert English, un exanalista del Pentágono y profesor de relaciones internacionales en la Universidad del Sur de California (USC, por sus siglas en inglés), experto en Rusia y Europa Oriental.

Entonces, ¿es Finlandia un ejemplo para Occidente de cómo relacionarse con Rusia?

Lidiando con "el oso ruso"

Finlandia logró su independencia del Imperio ruso en 1917, pero luego, durante la Segunda Guerra Mundial, mantuvo dos conflictos bélicos con la Unión Soviética, entre 1939 y 1944, en las que decenas miles de soviéticos murieron en territorio finlandés.

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Image caption Finlandia mantiene una relación fluida con Rusia pese a la desconfianza y los temores que genera la política regional de Moscú.

El país consiguió asegurar su soberanía sin volverse un estado satélite soviético y en la Guerra Fría delineó una política de neutralidad, delicada por el vecindario donde se encuentra y por tener una frontera de 1.300 kilómetros con Rusia.

Aunque se integró en Europa, Finlandia se abstuvo de pasar a integrar la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), algo que resultó clave para cultivar buenas relaciones con Moscú.

Algunos vieron esto como una actitud de genuflexión ante el poderoso vecino, pero Helsinki lo planteó como un acto de independencia: del mismo modo, evitó sumarse al Pacto de Varsovia del bloque del Este bajo URSS.

Tras el fin de la Guerra Fría, Finlandia pasó a ser miembro de la Unión Europea (UE) pero desarrolló en paralelo el comercio bilateral con Rusia, comprándole gas natural, petróleo y carbón, vitales para su economía.

El país de 5,5 millones de habitantes se mantuvo fuera de la OTAN, a diferencia de otras naciones bálticas como Estonia o Lituania, pero al mismo tiempo invirtió en sus Fuerzas Armadas y participó de ejercicios militares con la alianza atlántica.

"Los finlandeses fueron expertos en diplomacia y aprendieron a no generar antagonismo con el oso ruso. Hay algún ejemplo en su disposición y capacidad para defenderse, pero también en su habilidad para aliviar las preocupaciones de Rusia de que Finlandia pueda ser parte de la OTAN", dice Walter Clemens, profesor emérito de relaciones internacionales en la Universidad de Boston (Estados Unidos) y experto en la región báltica.

"Tal vez podría servir como ejemplo de lo que podría ser la relación entre Rusia y otros países europeos", añade Clemens en diálogo con BBC Mundo.

"Boca cerrada"

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Image caption La visita de Putin a Finlandia no escapó a las protestas.

Claro que la anexión de Crimea y la invasión de Ucrania por parte de la Rusia de Putin aumentaron las inquietudes en Finlandia sobre las intenciones de su vecino.

El debate sobre el ingreso a la OTAN se avivó en ese país que cuenta con un Estado benefactor y una calidad de vida y un sistema educativo que suelen ser elogiados internacionalmente.

El propio Putin advirtió el año pasado a Finlandia que si decide sumarse a esa alianza militar Rusia podría responder enviando tropas más cerca de su frontera.

Sin embargo, Helsinki logró manejar la tensión y una prueba de ello es su bienvenida a Putin este jueves para una fecha tan especial.

Esta actitud finlandesa con Moscú sigue generando dudas entre quienes le reclaman al país una postura más firme y comprometida con sus vecinos.

Pero ante la crisis de Ucrania en 2014, el exsecretario de Estado de EE.UU. Henry Kissinger sugirió a los líderes de ese país seguir una postura comparable a la de Finlandia.

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Image caption Finlandia podría ser un ejemplo a la hora de las relaciones con Rusia, según los expertos.

"Esa nación no deja dudas sobre su extrema independencia y coopera con Occidente en la mayoría de los campos, pero evita cuidadosamente la hostilidad institucional hacia Rusia", escribió Kissinger en el diario The Washington Post.

No obstante, es discutible hasta qué punto otros países pueden seguir este camino en momentos en que el modo de plantarse frente a la Rusia de Putin domina el debate hasta en EE.UU.

"A veces Finlandia mantiene su boca cerrada y evita criticar a Rusia (o) no habla de los derechos humanos o las cuestiones democráticas cuando tal vez debería", dice English, el experto de la USC.

"Finlandia se da el lujo de disfrutar de las protecciones occidentales económicas y de seguridad sin tener que unirse formalmente a todas las instituciones. Alemania o Inglaterra no pueden hacer eso", agrega.

"Sin embargo", concluye, "Finlandia tiene algo que enseñar: un poco de moderación y deferencia a las peculiaridades de los personajes rusos pueden ayudar mucho".

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