La BBC halla grietas en la versión oficial sobre los violentos ataques contra los musulmanes rohingya en Myanmar

Gaw Du Thar Ya
Image caption El gobierno niega estar detrás de los incendios en aldeas de la minoría rohingya.

La violencia contra la minoría musulmana de los rohingyas en Myanmar no cesa y preocupa cada vez más a la comunidad internacional.

La líder del país, la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, decidió no asistir a la reunión anual de Asamblea General de la ONU, que comenzó este martes en Nueva York (foro en el que el año pasado fue la "niña mimada"), ante las crecientes críticas sobre el trato de su gobierno contra los rohingyas.

Poco antes, el periodista de la BBC Jonathan Head tuvo acceso a una zona donde miles de integrantes de esta minoría se han refugiado, donde fue testigo de hechos que podrían justificar la condena internacional frente a lo que un informe de Naciones Unidas denunció como una "limpieza étnica" contra esta minoría étnica.

A continuación cuenta lo que vio.

Las 300.000 personas que en las últimas dos semanas huyeron a Bangladesh provienen todas de los municipios de Maungdaw, Buthidang y Rathedanung, situados al norte del estado de Rakhine, en el oeste de Myanmar.

Son las últimas zonas del país (ex Birmania) con una cantidad importante de rohingyas que no están confinados a campamentos para desplazados.

Además de tratarse de lugares de difícil acceso, para el viaje se requieren permisos oficiales. Así que aprovechamos la oportunidad de unirnos a una visita organizada por el gobierno para 18 periodistas locales y extranjeros.

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Más de 350.000 rohingyas están huyendo de la violencia en Myanmar.

Significaba sólo ver lugares y personas que nos indicaran, pero incluso con esas restricciones era útil para ver detalles valiosos.

Además, también era necesario escuchar los argumentos del gobierno, que está enfrentando una insurgencia armada, aunque algunos dirían que fue autoinfligida.

El conflicto entre comunidades en el estado de Rakhine tiene una larga historiay, para cualquiera que estuviese en el poder, representaría una situación difícil de resolver.

Fotos falsas

Al llegar a Sittwe, la capital del estado, recibimos instrucciones de no movernos solos. Además, no podíamos salir después de las 6 pm porque había toque de queda.

Podíamos solicitar ir a sitios que nos interesaban, pero esas solicitudes eran rechazadas por motivos de seguridad.

Image caption Un monje budista local dijo que los musulmanes incendiaron sus propias viviendas para inculpar a los rohingyas.

Para ser justos, creo que estaban verdaderamente preocupados por mantenernos a salvo.

La mayor parte del trayecto en esa región baja de Myanmar se hace a través de un laberinto de arroyos y ríos en abarrotados botes.

El viaje desde Sittwe hasta Buthidaung toma seis horas. Desde allí nos trasladamos hasta Maungdaw por una accidentada carretera sobre las colinas de Mayu.

Al entrar en la ciudad, pasamos la primera aldea incendiada que vimos, Myo Thu Gyi. Hasta las palmeras habían sido quemadas.

Al llevarnos, el gobierno tenía el objetivo de conseguir un equilibrio informativo frente a las historias abrumadoramente negativas que han contado los refugiados rohingyas tras su huida a Bangladesh.

Casi todos han hablado de una campaña deliberada de destrucción por parte del ejército de Myanmar y hordas en Rakhine, yterribles violaciones de los derechos humanos.

Sin embargo, inmediatamente la estrategia oficial flaqueó.

Primero, nos llevaron a una pequeña escuela en Maungdaw, ahora repleta con familias hindúes desplazadas. Todos tenían la misma historia que contar de musulmanes que los atacaban y los hacían escapar atemorizados.

Sin embargo, todos los hindúes que han escapado a Bangladesh aseguran que fueron atacados por budistas locales de Rakhine por su parecido con los rohingyas.

Image caption A los periodistas se les entregaron fotos supuestamente de musulmanes "atrapados in fraganti".
Image caption Sin embargo, la BBC identificó más tarde a la misma mujer en una aldea hindú.

En la escuela estuvimos acompañados por la policía y por funcionarios del gobierno. ¿Podrían hablar con libertad? Un hombre comenzó a contarme cómo los soldados dispararon a su aldeay, rápidamente, un vecino corrigió su relato.

Una mujer de blusa anaranjada y un distintivo sarong (longyi) gris y violeta se mostraba especialmente animada a contar los abusos de los musulmanes.

Luego fuimos llevados a un templo budista, donde un monje describió cómo los musulmanes quemaban sus propias casas. Nos entregaron fotografías que nos mostraban esos supuestos actos.

Se veían raras: hombres con gorros musulmanes posando mientras encendían techos de hojas de palmera y mujeres con los que parecían ser manteles envueltos en sus cabezas, melodramáticamente blandiendo espadas y machetes,

Posteriormente, me enteré de que una de las mujeres era realmente la animada mujer hindú de la escuela y vi que uno de los hombres también había estado presente entre los desplazados hindúes.

Se trataba de fotos falsas, cuya intención era hacer ver que los propios musulmanes eran responsables de los incendios.

"Ataques de militantes"

Tuvimos una audiencia con el coronel Phone Tint, ministro local para seguridad fronteriza, quien nos describió cómo los "terroristas bengalíes", como llaman a los militantes del Ejército de Salvación Rohingya de Arakan (conocido por sus siglas en inglés ARSA) habían tomado control de la aldea rohingya.

Image caption El coronel Phone Tint insiste en el que los militantes musulmanes son responsables por el incendio de todas las aldeas.

Nos indicó que obligaron a las familias a ofrecer a un hombre por casa como combatiente. A las que se negaban, le quemaban sus viviendas, y acusó a los militantes de colocar minas antipersonales y destruir tres puentes.

Le pregunté si las decenas de aldeas destruidas eran responsabilidad de los insurgentes y me repitió la posición oficial del gobierno.

Y salió al paso de la pregunta sobre las supuestas atrocidades perpetradas por los militares.

"¿Dónde está la prueba?, le preguntó. "Mira a esas mujeres", dijo refiriéndose a las refugiadas rohingya. "¿Quién está haciendo esos reclamos?, ¿quisiera alguien violarlas?".

Los pocos musulmanes que pudimos ver en Maungdaw tenían demasiado miedo para hablar frente a la cámara.

Luego de eludir a nuestros acompañantes, hablamos con algunos que describieron las dificultades que enfrentaban luego de que el ejército les impidiera dejar sus poblados, la escasez de alimentos y la sensación de estar constantemente bajo amenaza.

Un joven dijo que quería escapar a Bangladesh, pero sus líderes firmaron un acuerdo con las autoridades para quedarse. En el ahora silencioso mercado bengalí le pregunté a un hombre a qué le temía. "Al gobierno", me contestó.

Fuera de Maungdaw nuestro principal destino era la población costera de Alel Than Kyaw, uno de los lugares atacados por militantes del ARSA el 25 de agosto.

En la ruta pasamos aldeas completamente vacías. Vimos botes aparentemente abandonados, al lado de cabras y ganado. No había gente.

Image caption La ONU ha calificado lo ocurrido con los rohingyas como una "limpieza étnica".

Alel Than Kyaw quedó completamente arrasada. Incluso la clínica, con un aviso de Médicos Sin Fronteras, quedó destruida.

A lo lejos, hacia el norte, pudimos ver cuatro columnas de humo elevándose y escuchamos ráfagas de armas automáticas. Me imaginé que eran más aldeas que estaban siendo incendiadas.

El teniente de la policía, Aung Kyaw Moe, nos describió cómo fue advertido del ataque con anticipación.

Indicó que trasladó a la población no musulmana a sus cuarteles y afirmó que sus hombres enfrentaron a los agresores, que estaban armados con pistolas, espadas y explosivos caseros.

Según su relato, la lucha duró tres horas hasta que los atacantes fueron expulsados. Un total de 17 militantes murieron, además de un funcionario de inmigración. Poco después la población musulmana escapó.

Sin embargo, le costó explicar por qué de la ciudad seguía saliendo humo, dos semanas después del ataque y en temporada de lluvias.

Quizás unos pocos musulmanes se quedaron y luego recientemente encendieron sus viviendas antes de irse, sugirió.

Aldea en llamas

Entonces, a nuestra vuelta de Alel Than Kyaw, sucedió algo que no estaba planificado.

Image caption El grupo de periodistas vio cómo ardía la aldea de Gawdu Thar Ya.

Divisamos humo negro sobre unos arrozales. Era otra aldea que estaba al lado de la carretera.

Y los incendios acababan de empezar. Todos gritamos a nuestro escolta policial pidiendo que detuviera la furgoneta. Cuando procedió a hacerlo, salimos corriendo, dejando atrás a nuestro estupefacto acompañante oficial.

La policía vino con nosotros, pero luego los efectivos declararon que no era seguro estar en la aldea, así que nos adelantamos a ellos.

Los efectos del fuego se sentían por todos lados. La ropa de mujeres, claramente de musulmanas, estaba esparcida en el sendero fangoso.

Y había jóvenes musculosos, con espadas y machetes, parados en el camino, perplejos al ver a 18 sudorosos periodistas corriendo hacia ellos.

Intentaron evitar ser grabados y dos de ellos se metieron dentro de la aldea, sacando al último grupo que quedaba apresuradamente del lugar.

Image caption Un hombre musulmán sentado en un mercado en Maungdaw, que fue visitado por el grupo de periodistas bajo supervisión oficial.

Dijeron ser budistas de Rakhine. Uno de mis colegas consiguió conversar con uno de ellos y admitió haber prendido fuego a las casas, con la ayuda de la policía.

Mientras entrábamos, pudimos ver el techo de la madrassa (escuela religiosa) que acababa de ser incendiada. Los textos escolares con escritura árabe estaban tirados afuera. Una jarra plástica, apestando a gasolina, había quedado sobre el sendero.

La aldea se llamaba Gawdu Thar Ya. Era musulmana y no había señales de sus habitantes. Los hombres de Rakhine que la encendieron salieron caminando y pasaron a nuestra escolta policial. Algunos llevaban productos domésticos saqueados.

El incendio ocurrió cerca de varios cuarteles grandes de policía. Nadie hizo nada para detenerlo.

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