Romario y Bebeto, tan serios como un diputado

Romario de Souza Faria y José Roberto Gama de Oliveira (Bebeto)

Los ex futbolistas Romario y Bebeto, tan diferentes y tan semejantes, ahora convertidos en políticos, han ganado sendas bancas de diputados: el primero representará al Partido Socialista Brasileño en el congreso federal y el segundo al Partido Brasileño Laborista en la legislatura del Estado de Río de Janeiro.

Muchos se preguntan si estamos ante un nuevo fenómeno, la posible tendencia a que deportistas consagrados, que tras su retiro solían trabajar como técnicos o periodistas, aprovechen ahora para explotar su imagen pública como políticos.

Romario de Souza Faria y José Roberto Gama de Oliveira (Bebeto) comparten (o eso nos dicen) una encendida vocación por el servicio público.

Romario, en particular, es muy persuasivo sobre la necesidad de proteger a los discapacitados: su hija menor tiene Síndrome de Down.

Otros, más cínicos, equiparan la seriedad de los ex futbolistas a la del payaso Tiririca, flamante diputado por el Estado de Sao Paulo, cuyo mensaje electoral consistió en un tocante "quiero ayudar a los necesitados, incluida mi familia".

El payaso no se refería a Romario, claro, sino al nepotismo tan frecuente en la política local. "Conmigo no estarás peor que ahora", era otro de sus mensajes.

Los escépticos señalan que tanto Romario como Bebeto, antes que la vocación por el servicio público, están motivados por la necesidad de proteger sus cuentas bancarias y una popularidad que se disipa poco a poco.

Pero los cínicos no pueden explicar por qué equiparan los casos de dos futbolistas con el de un payaso.

Image caption Algunos equiparan la seriedad de los ex futbolistas a la del payaso Tiririca, diputado por el Estado de San Pablo.

La candidatura de Tiririca (Francisco Oliveira Silva) es legítima, según las autoridades electorales, a pesar de su supuesto analfabetismo.

También es muy útil a su Partido de la República, ya que gracias a su atractivo popular (más de 1.300.000 votos) otros tres correligionarios fueron elegidos.

De modo que la importancia política de Tiririca es evidente: gana, consigue votos para su partido, contribuye a la solidez de la alianza de gobierno.

Lo mismo podría decirse de Romario y Bebeto, con la gran diferencia de que estos dos señores tienen ocupaciones tan serias como las de cualquiera de nosotros.

Historias paralelas

¿Cómo explicar que muchos medios de comunicación pongan en la misma bolsa a un payaso y a dos futbolistas?

¿Por qué no mencionan a dentistas, corredores de bolsa y militares retirados?

Un ex futbolista puede ser tan buen diputado (o malo) como cualquier hijo de vecino. Sólo se podrá saber a través del seguimiento de su trabajo legislativo.

Es notable el paralelismo en las trayectorias de personajes tan disímiles como Romario de Souza Faria y José Roberto Gama de Oliveira (Bebeto).

Image caption Romario es muy persuasivo sobre la necesidad de proteger a los discapacitados.

Ambos coincidieron en la Liga española, Romario en el Barcelona (1993-95) y Bebeto en el Deportivo la Coruña (1992-96).

Ambos fueron determinantes en exitosas campañas de sus clubes y también del seleccionado nacional, que ganó el Mundial de 1994, en Estados Unidos.

Hasta la notable diferencia en sus personalidades tuvo el efecto de unirlos en la imaginación popular, a pesar de la antipatía que ellos se profesaron durante mucho tiempo.

Es que eran complementarios, una pareja dispareja.

Romario era un hombre de la noche, mujeriego, campeón del baile en todas las discotecas.

Bebeto el hombre serio, responsable, que "inventó" el gesto de festejar un gol como acunando a un niño (el suyo), durante aquel mundial de 1994.

Romario se especializaba en el área penal y dejaba el resto del terreno (y del trabajo) a sus compañeros menos talentosos y más responsables.

Bebeto era el hombre con visión de juego, que tejía y tejía las jugadas del equipo.

En España fueron rivales. Bebeto fue máximo goleador (pichichi) en 1992-93; Romario al año siguiente.

Romario se comparaba a sí mismo con un gato ("parece que duermo, pero despierto a la vista de la presa"), dejando en el aire, sin decir, la equivalente comparación de Bebeto con un perro, más trabajador pero más aburrido.

En el seleccionado nacional saltaban las chispas: todo parecía indicar que el experimento del seleccionador, Parreira, estaba condenado al fracaso.

Pero se comprobó que estas personalidades tan diferentes eran complementarias: comenzaron a llevarse bien en el campo de juego y a tolerarse fuera de él.

Después se dijeron amigos. Hasta qué punto es discutible, pero amigos al fin.

Fue el amigo Romario, gerente del América de Río, el que en febrero pasado despidió a su amigo Bebeto, entonces entrenador del club, tras un periodo de prueba de sólo ocho partidos.

"Entiendo su decisión, nuestra amistad sobrevivirá", dijo el amigo Bebeto.

Y ahora ambos amigos inician en común una nueva carrera, aunque en diferentes legislaturas, o clubes, si ustedes quieren.

La historia brasileña recoge el antecedente de otro campeón mundial metido a político: Wilson Piazza, del inolvidable equipo de México 1970, fue concejal en Belo Horizonte… y también comentarista deportivo, como quiere la tradición.

Imaginamos a Romario en su banca, agazapado, silencioso, con sus ojos de gato entornados, esperando el momento de la votación.

Bebeto se nos aparece muy atareado consultando sus notas, haciendo preguntas a sus colaboradores y otros diputados, trazando planes.

A diferencia de muchos observadores, creemos que los nuevos políticos se lo tomarán en serio, aunque más no sea porque, a diferencia de Tiririca, sus admiradores no les perdonarán si se lo toman a la chacota.

En esto, Bebeto y Romario tienen más para perder que los políticos profesionales.

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