Última actualización: Martes, 12 de octubre de 2010

Chile / mineros: ¿qué puede salir mal en el rescate?

Rescatista

Cuestiones técnicas, climáticas y sanitarias pueden ser determinantes en la fase final del rescate.

Los buenos resultados vienen marcando la gestión de rescate que el gobierno de Chile ha asumido para sacar a los 33 mineros del yacimiento de San José, atrapados a casi 700 metros de profundidad.

Después de confirmar que estaban con vida -el 22 de agosto pasado, 17 días después del derrumbe- las autoridades han montado un operativo estudiado al milímetro. Han hallado, también, respuestas técnicas para los desafíos que impuso la llamada Operación San Lorenzo, considerada el mayor rescate minero del mundo.

La celeridad en los procedimientos técnicos y los escasos contratiempos que encontraron al paso han alimentado el optimismo de los hombres del presidente Sebastián Piñera. Sin embargo, la fase final es crítica: lo que hasta ahora fue una cuestión de máquinas, ahora se centra eminentemente en los hombres, en "los 33".

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Las variables del rescate son múltiples, así como las "novedades" en materia de tecnologías, que en muchos casos se están poniendo a prueba aquí por primera vez.

¿Qué puede salir mal? Los expertos las mencionan sólo por lo bajo, pero la lista incluye cuestiones técnicas, climáticas y sanitarias, entre otras.

El encierro en la cápsula

Para monitorear el estado de salud de los mineros durante el ascenso, se utilizará un cinturón biométrico, similar al que usan los astronautas de la NASA en sus misiones, que controlará variables vitales –presión, frecuencia cardíaca y respiratoria, temperatura y nivel de consumo de oxígeno- y dará una señal de alerta en tiempo real al exterior si algo va mal.

La primera dificultad será el viaje en cápsula: la Fénix, esa jaula metálica de aproximadamente 53 centímetros de ancho, en la que apenas quedará espacio libre entre la pared y los hombros de los mineros.

Será un recorrido de unos 10 a 20 minutos, según los datos oficiales, atrapados en una suerte de ascensor. Como si subieran dos veces la Torre Eiffel, una vez y media el Empire State, o un edificio de unos 200 pisos. Un viaje no apto para claustrofóbicos.

Por eso, uno de los riesgos mayores será la reacción física de cada minero ante el exigido periplo tierra arriba. Las autoridades anticipan la posibilidad de desmayos, ahogos y ataques de pánico.

Para evitar los vómitos dentro del habitáculo, los obreros han sido sometidos a una dieta especial, que comenzó horas antes del rescate.

"Una dieta líquida, enriquecida con proteínas, carbohidratos, vitaminas, fosfato, potasio y magnesio de manera que no tengan náuseas pero a la vez tengan la reserva calórica y energética suficiente para el estrés fisiológico que van a experimentar", dijo el ministro de Salud, Jaime Mañalich, en entrevista con BBC Mundo

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Para monitorear su estado de salud durante el ascenso, serán equipados con un cinturón biométrico, similar al que usan los astronautas de la NASA en sus misiones, que controlará variables vitales –presión, frecuencia cardíaca y respiratoria, temperatura y nivel de consumo de oxígeno- y dará una señal de alerta en tiempo real al exterior si algo va mal.

Puede ser desde un simple taponamiento de oídos por los cambios de presión a variaciones severas –y potencialmente peligrosas- en la presión arterial.

Otros expertos médicos consultados por la BBC no descartaron incluso que se produzcan infartos o descompensaciones severas que, de todos modos, deberán ser tratados en cada caso individual, según las características y patologías preexistentes de cada minero.

Será, además, la primera vez que estos hombres estarán en soledad, en los casi 70 días transcurridos desde el accidente.

"Se los ha ido preparando para esto con los psicólogos, pero va a ser difícil… tienen que por primera vez responder a la crisis como individuos y no como grupo", reconoció a BBC Mundo la médica Liliana Devia Balbotin, de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), involucrada en el operativo.

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Helicópteros a la espera

Policías

El optimismo y la ansiedad opacan las reservas sobre lo que podría echar a perder la Operación San Lorenzo.

Una vez sobre la tierra, y tras una revisión médica preliminar en el cerro y un primer encuentro con tres familiares, los mineros deberán ser trasladados al hospital de Copiapó, a unos 45 kilómetros del campamento.

Pasarán, así, de 700 metros bajo tierra a 700 metros en el aire. Para muchos, será el primer vuelo en helicóptero de sus vidas.

Esta parte del rescate tampoco está exenta de dificultades. El Comandante Aldo Carbone, de la Fuerza Aérea Chilena, está a cargo de la misión de los 3 helicópteros de rescate, de la que se dice "orgulloso, aunque es una tremenda responsabilidad".

Pero reconoce que todo puede abortarse a último momento, por una razón incontrolable: la "camanchaca", esa neblina implacable que cae sobre esta zona del desierto por la noche y se empeña que cubrirlo todo hasta bien entrado el día.

"Si la visibilidad es límite, obviamente eso va a impedir la operación", anticipa Carbone, en diálogo con BBC Mundo.

Para volar, necesitan una visibilidad de al menos 500 metros. Después, la ruta es sencilla y corta: 9 minutos de día, 12 por la noche. Para los vuelos nocturnos, se sumará un segundo piloto.

Aunque están equipados con visores de navegación nocturna, a veces la camanchaca espesa puede contra ellos. Todos esperan que éste no sea el caso.

El "plan B" en materia de transporte es el traslado de los mineros por tierra, por un camino de mediana calidad, con curvas y bajadas. Si algún minero tiene un estado de salud crítico, el trayecto podría complicar el cuadro, dicen los especialistas.

Tierra rebelde

El desprendimiento de rocas lo estamos precaviendo con el casing en la parte donde hace falta, no más, porque más abajo la calidad de la roca es extraordinaria, no da espacio para pensar en percances

Gerardo Jofré, supervisor

Pero, ¿qué chances tiene el ascenso de no prosperar más allá de los contratiempos salvables? En el campamento Esperanza nadie lo baraja como posibilidad, ni las familias ni las autoridades.

Algunos aspectos, sin embargo, podrían atentar contra el operativo y demorarlo más allá de lo que los expertos han anticipado públicamente.

En particular, preocupa la decisión oficial de detener el encamisado del túnel a los 56 metros, cuando en principio se había considerado reforzarlo por completo y, tras un análisis con una cámara de video enviada por el ducto ya abierto, se había decidido que se harían 96 metros.

Fue durante el proceso de casing o entubamiento que los técnicos encontraron una curvatura en la roca y temieron que la presión del material fuera a romper las tuberías de acero. Por eso interrumpieron el operativo a los 56 metros, con 9 de los 16 caños que pensaban instalar originalmente.

Algunos ingenieros señalaron que podría no ser suficiente. Sin embargo, otros destacaron que sólo los primeros 40 o 50 metros, los más cercanos a la superficie, son los que presentan algún riesgo de derrumbe y que la intención de reforzar el doble era simplemente una medida de seguridad extra.

"El desprendimiento de rocas lo estamos precaviendo con el casing en la parte donde hace falta, no más, porque más abajo la calidad de la roca es extraordinaria, no da espacio para pensar en percances", opinó ante BBC Mundo el presidente de la compañía minera estatal Codelco, Gerardo Jofré, supervisor del rescate.

En caso de que la Fénix se bloquee a mitad de camino, existe un mecanismo para que la cápsula se descuelgue, incluso permitiendo que los mineros puedan retornar a la base en la parte inferior del dispositivo, el llamado "módulo vital".

El peor de los miedos lo entraña la naturaleza y es uno que nadie podrá controlar: un "enjambre sísmico", como lo definió el ingeniero rescatista Miguel Fortt a BBC Mundo, que ponga a la tierra a temblar.

Pero, cuando todo está a punto de empezar, nadie quiere pensar en ello. El Día D está en marcha y el optimismo y la ansiedad opacan todas las reservas sobre lo que podría echar a perder la impresionante Operación San Lorenzo.

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