Brasil / elecciones: del aborto a la economía

Dilma Rousseff y José Serra
Image caption El día de la elección, Rousseff y Serra se habrán visto las caras en hasta ocho debates televisados.

En el paréntesis que se abrió al terminar la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, el debate se encendió con uno de los temas que son tradicionalmente más espinosos en muchos lugares del mundo: el aborto.

Pero a un par de semanas de que los brasileños decidan quién sucederá a Luis Inacio Lula Da Silva, esa discusión se apagó. Tras eso, llegó la corrupción, pero el asunto no tuvo mucho recorrido.

Con un aparente "empate" en escándalos en el entorno de la oficialista Dilma Rousseff (46,9% en la primera vuelta) y el opositor José Serra (32,6%), la recta final de la campaña inevitablemente volvió al terreno de la propuesta política y económica de ambos, según analistas consultados por BBC Mundo.

Con Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), por delante en los sondeos de intención de voto, lo único seguro es la necesidad imperiosa de pasar a la ofensiva de Serra, ex gobernador de Sao Paulo y aspirante a presidente por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

"Serra está al ataque porque es lo que tiene que hacer, ya que está por detrás en las encuestas. El que va por delante se convierte inevitablemente en el blanco", le dijo a BBC Mundo el analista André Pereira, de la consultora CAC.

Los votos religiosos

En la primera vuelta, quedó de tercera -con cerca del 20% de los votos- Marina Silva (Partido Verde), senadora ambientalista y declarada evangelista. Para el balotaje, el reto de Serra y Rousseff era captar los votos de Silva.

Brasil, con 192 millones de habitantes es el país con más católicos del mundo. Además, aunque no hay cifras ciertas, los evangélicos rondan el 20% del electorado.

En ese contexto, y con el histórico de Dilma Rousseff como defensora de la despenalización del aborto, el candidato Serra pasó al ataque por ese flanco, lo que le costó una sensible caída en las encuestas a la candidata del PT.

Image caption El candidato Serra pasó al ataque con un tono más agresivo, obligado por ir detrás en las encuestas.

Según Pereira, "ambos tienen problemas en el asunto por sus posiciones 'progresistas'", pero "Rousseff sufrió más porque Serra lo usó mejor y la población ve al PT y sus aliados con una posición menos contraria al aborto".

"Luego, ella negoció con los líderes evangélicos y se comprometió públicamente a no cambiar la normativa del aborto. Todo indica que con el tono más conservador que adoptó logro frenar la pérdida de votos. Tuvo que hacerlo por cálculo político", explicó Pereira.

La normativa que se comprometió a no alterar Rousseff data de 1940 y considera el aborto como un delito, salvo para el caso de violación y grave riesgo para la vida de la madre.

Pero según los analistas, lo que verdaderamente hizo pasar al olvido el debate del aborto fue que los medios se hicieron eco de un rumor concerniente al tema -no confirmado ni negado- que involucraba a la esposa de Serra.

Según el analista Gaudencio Torquato, de la Universidad de Sao Paulo (USP), "no es que se pusieran expresamente de acuerdo los candidatos, sino que le convenía a ambos olvidarse del asunto".

El corto recorrido de la corrupción

Con el tácito armisticio respecto al aborto, volvió a salir a flote la latente y recurrente cuestión de la corrupción. "Siempre estuvo presente como plano de fondo", declaró Torquato a BBC Mundo.

Image caption La ex ministra llega a la elección del 31 de octubre como favorita en las encuestas.

Serra salió a la carga con los problemas con la Justicia de la ex ministra Erenice Guerra, una estrecha colaboradora de la candidata del PT. El asunto no era nuevo y la respuesta de Rousseff tampoco.

La candidata insistió en recordar el escándalo de Paulo Vieira de Souza, ex alto funcionario de una empresa pública del Estado de Sao Paulo durante la gestión de Serra como gobernador al que se le acusa apropiarse de varios millones de dólares recaudados para la campaña.

Sin embargo, como explican los analistas consultados por BBC Mundo, las acusaciones de corrupción son muchas y llegan de ambos lados, con lo que no han conseguido tener demasiada influencia en las encuestas.

"Se volvió algo tan banal. Todos los días hay escándalos. La sociedad está ya impermeabilizada y es insensible. No creo que el asunto vaya a influir en el resultado porque ya es un asunto muy común", explicó Torquato.

"La corrupción también terminará por salir de la campaña, que volverá a girar sobre las propuestas de los candidatos en economía y política", prevé Ricardo Guedes, de la consultora Sensus, en conversación con BBC Mundo.

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