La muerte: actor clave del peronismo

Juan y Eva Perón
Image caption Juan y Eva Perón: figuras cruciales de la política argentina.

La muerte tiene un lugar privilegiado en la historia de Argentina y del peronismo, eje central de la política nacional en las últimas siete décadas.

La muerte de Eva Perón en 1952 fue un punto de inflexión que marcó para muchos el comienzo del fin del mandato de su esposo Juan Domingo Perón, derrocado tres años más tarde en un golpe de estado.

El 1 de julio de 1974, la muerte de Juan Perón, que había regresado del exilio, rompió el fragilísimo equilibrio interno peronista y desembocó en un baño de sangre que allanó el camino para el golpe de estado de 1976 y los 30 mil desaparecidos.

Néstor Kirchner muere en un momento político delicado, con un país polarizado, un peronismo rasgado por grupos disidentes y a un año de elecciones presidenciales.

Opine: ¿cuál es su reacción a la noticia de su muerte?

Pasado y presente

La Argentina de los 50 era muy diferente a la de los 70 y esta es diametralmente distinta a la actual.

Image caption Nestor y Cristina Kirchner: días felices

La muerte de Evita ocurrió en esa primera etapa fundacional del peronismo en el gobierno donde, a partir de 1946, transformó la estructura económico-social del país.

Más que nadie Evita representaba la mística del peronismo en su elemento más distintivo: la justicia social.

El Perón que tomó las riendas en 1973 se encontró con un país convulsionado por una intensa militancia de masas y la presencia de grupos guerrilleros dentro y fuera del peronismo que cuestionaban su autoridad como nadie se había atrevido en sus dos anteriores gobiernos.

Para llegar a la Argentina de Kirchner hay que atravesar el gobierno militar 1976-1983, el regreso a la democracia, el peronismo neoliberal de Carlos Menem y el estallido de 2001, un línea llena de zigzags que termina con la emergencia de un líder poco conocido del sur del país que volvería a cambiar las cosas.

Néstor, Cristina y después....

Fuera por méritos personales (como dicen sus simpatizantes) o por la Diosa fortuna (China y la soja, según sus detractores), entre la Argentina de 2003 y la de 2010 hay una distancia sideral.

Aquel país, al borde de la bancarrota, viene experimentando un crecimiento de más del 9%.

En su mandato y el de su esposa, Cristina Fernández, ha habido un giro de 180 grados en políticas clave de la década neoliberal menemista con la estatización del sistema jubilatorio y la reivindicación de derechos humanos y sociales.

Ha sido también un período de creciente enfrentamiento con sectors de gran poder e influencia a nivel nacional como la Sociedad Rural y el grupo mediático Clarín.

En este marco de polarización, Néstor Kirchner manejaba como nadie los resortes internos de poder del peronismo.

La presidenta Cristina Kirchner, notable oradora, no tiene el mismo manejo de los hilos internos que algunos analistas consideran esencial en un modelo de construcción política marcado por el "caudillismo".

En 1952 y en 1974 la muerte tuvo un impacto devastador en el peronismo.

La historia no se repite, pero el gran enigma hoy es si Cristina Kirchner podrá conducir por sí sola o de manera colegiada ese complejo movimiento de masas que es el peronismo.