Última actualización: Martes, 9 de noviembre de 2010

"La ciencia necesita al arte"

Dibujos anatómicos de Leonardo Da Vinci

La obra de Da Vinci es un ejemplo de la relación entre ciencia y arte.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad la interrelación entre arte y ciencia ha sido una constante, hasta el punto que casi todos los grandes hombres del Renacimiento fueron científicos y artistas a la vez.

Y autores como el estadounidense Jonah Lehrer -quien es editor asociado de la revista especializada en tecnología Wired y ha escrito sobre psicología y neurociencia para numerosas publicaciones- insisten en que ya es hora de recuperar esa relación.

"La ciencia necesita al arte", le dijo Lehrer a BBC Mundo.

Y desde el mundo del arte también hay voces que apuestan por ese reencuentro.

No se trata de una idea descabellada.

Después de todo, el nombre de Leonardo Da Vinci basta para recordar que ciencia y arte no siempre se han mantenido tan claramente separados como sucede con los actuales programas de estudio, desde el bachillerato hasta la universidad.

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Reconociendo los límites

Para Lehrer, una razón de peso para buscar un mayor acercamiento es que la ciencia moderna, por sí sola, no ha logrado encontrar la respuesta a todas las preguntas, como en algún momento se aspiró.

"La ciencia tiene su propio método. Y todos los métodos tienen sus límites. No hay ningún método, proceso o enfoque que pueda contestar todas las preguntas. Esa es la realidad de la realidad. Eso es lo que la hace tan interesante", dijo.

Contemplar el arte, involucrarse con el arte, interrogar al arte, puede ayudarnos a hacer mejor ciencia.

Jonah Lehrer

Además, en lo que se refiere a las preguntas fundamentales -sostiene Lehrer- el arte ha demostrado ser más efectivo que la ciencia a la hora de ofrecer una explicación.

Su ejemplo favorito es el de la autoconsciencia. "¿Qué significa estar consciente? ¿Qué le permite al cerebro, a esas tres libras de carne que tenemos en la cabeza, reconocer y ordenar la propia experiencia?"

Ese es, afirma, "el gran misterio"; la pregunta más importante de todas. Y la forma en la que las neurociencias intentan responderla -dividiendo al cerebro en pedazos, explicándolo en términos como proteínas, neuronas y neurotransmisores- le parece claramente insuficiente.

"Somos mucho más que la suma de las partes. E intentar explicar lo que somos de esa manera, es perder de vista lo verdaderamente importante", le dijo Lehrer a BBC Mundo.

"No deja de ser irónico que justo la realidad que la neurociencia no es capaz de explicar, es en realidad la única que somos capaces de experimentar los humanos".

"Y es por eso que necesitamos novelistas", afirmó.

"Proust era un neurocientífico"

El ensayista no es el único en haber llegado a esa conclusión.

El lingüista Noam Chomsky también dijo en una ocasión que siempre aprenderemos más sobre la naturaleza humana de los novelistas que de los científicos o psicólogos.

Jonah Lehrer

Lehrer es el autor de "Proust era un neurocientífico" y de "¿Cómo decidimos?"

Y Lehrer lo pudo comprobar en carne propia mientras trabajaba en un laboratorio que estaba estudiando el funcionamiento de la memoria.

La lectura del francés Marcel Proust lo acompañaba durante las largas horas de espera propia de los experimentos. Para ese entonces, todavía tenía fresco el recuerdo de los intentos de James Joyce por capturar en su obra el abigarrado y continuo presente de la actividad mental.

"Esos novelistas estaban revelando cosas acerca de la memoria que yo no podía siquiera empezar a estudiar en el laboratorio", cuenta Lehrer.

La experiencia le dio el título de su primer libro: "Proust era un neurocientífico".

Su tesis central: que una relación más estrecha entre ciencia y arte puede ayudar a hacer mejor ciencia.

Las preguntas correctas

Para el también autor de "¿Cómo decidimos?", parte del problema es que la realidad "comprobable" nos dice que la materia es algo cierto, el tiempo fluye hacia delante y que existen sólo tres dimensiones.

"Y para poder aventurarnos más allá de esas intuiciones innatas, nos vemos forzados a recurrir a metáforas. Por eso es que la ciencia moderna necesita del arte", explicó.

Pintura cubista

El arte cubista ayudó a entender mejor la estructura del átomo.

Un ejemplo histórico es el de Niels Bohr, ganador del premio Nobel de física de 1922 por sus contribuciones al estudio de la estructura de los átomos.

El físico danés encontró inspiración en la pintura cubista, la que le permitió reconocer la naturaleza dual de los electrones como ondas y como partículas.

Y Lehrer sostiene que el arte también puede ayudar a los científicos a hacerse mejores preguntas.

"Nuestras universidades deberían comenzar a ofrecer un curso de ‘Poesía para físicos’ y todo departamento de física debería tener un artista en residencia", propone.

"Es importante que los científicos aprendan a incorporar el arte dentro del proceso experimental", dijo.

"Contemplar el arte, involucrarse con el arte, interrogar al arte, puede ayudarnos a hacer mejor ciencia", concluyó.

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