Autores chismosos tras sus secretos

Mujer hablando por teléfono
Image caption El teléfono celular está haciendo públicas conversaciones que deberían ser íntimas.

La próxima vez que esté teniendo lo que usted piensa es una conversación privada, tenga cuidado pues alguien puede estar prestando mucha atención.

Un grupo de escritores dados a fisgonear, se pasó un día entero escuchando conversaciones privadas y utilizó posteriormente los trozos de diálogos que registraban, fragmentarios y a ratos chocantes, como inspiración para una nueva colección de cuentos titulada Bugged.

El primero de julio pasado, Jen Ashworth se recobraba tras haber dado a luz a su hijo Aiden en la unidad de tratamientos intensivos.

Pero como miembro del grupo de escritores de Bugged, no podía olvidar su labor de ese día: escuchar todo lo que dijera cualquier persona para utilizarlo en una narración o un poema.

"No me podía mover y estaba postrada en cama, de manera que fue algo bastante agradable en la que concentrarme", dice Ashworth, cuya primera novela "Una cierta intimidad" fue publicada el año pasado.

"No tenía mucho más que hacer que escuchar las conversaciones a mi alrededor".

"La frase que escuché fue más o menos así: 'Oh, nunca pensé que una mujer como ella tendría un par de zapatos como estos'. Eran dos matronas chismosas. Dado que la cortina era redonda, creo que se olvidaron de mí"

Ese comentario al pasar se constituyó en la base para una narración totalmente ficticia sobre una mujer que se roba a un recién nacido del pabellón de un hospital.

Ashworth no siente vergüenza al declarar que es una fisgona dedicada.

"Existe la ilusión de que cuando la gente utiliza sus celulares están dentro de una burbuja privada. Pero uno escucha de todo".

"Hace dos semanas, cuando iba llegando a Manchester, un hombre con un celular le decía a alguien que necesitaba hacer creer que realmente estaba llegando a Bornemouth ".

"¡Ah, mentiroso de cuarta!, pensé yo, asumiendo que era para engañar a la esposa o la novia".

"Materia prima brillante"

Bugged reunió historias y poemas de diez autores comisionados así como 44 obras de escritores establecidos y aficionados que fueron enviadas a través del sitio web del proyecto. El libro, publicado a medida de la demanda, fue lanzado en el Festival de Literatura de Manchester.

Image caption Mucho cuidado, porque cualquier conversación privada puede inmortalizarse en letra de imprenta.

Las únicas reglas eran que todos los participantes debían obtener su inspiración espiando a otra gente el primero de julio y que había que alterar nombres y lugares para proteger a los culpables.

La idea nació en un viaje en tren durante el cual la poeta Jo Bell no pudo evitar -dice ella- escuchar a un par de adolescentes haciendo un recuento de las hazañas de la noche anterior.

"Oí esta conversación de una joven contando su vida sexual. Pensé que la materia prima era excelente. Cuando me bajé del tren, ya tenía la idea de Bugged".

Los textos que le enviaron los otros escritores se inspiraron en conversaciones oídas en muchos sitios, pero los más populares para espiar resultaron ser las colas de los supermercados, el transporte público y los bares.

"Lo más evidente en todo esto es lo increíblemente inconsciente que es la gente cuando charla en la calle. Revelan detalles verdaderamente íntimos y personales".

Algunos lo hacen

Jo Bell dice que algunos escritores afirman no haber hecho jamás una labor de espionaje para escribir. Sin embargo, muchos otros reconocen que lo han hecho secretamente todo el tiempo y que estaban felices de tener una excusa legítima para hacerlo esta vez.

Algunos se quejaron de no haber escuchado nada interesante el día elegido, pero Bell dice que la labor de un escritor es convertir "la hojalata en oro".

"Lo que yo escuché ese día fue a una mujer en un tren que decía: 'Estoy segura de que tenía un lápiz. ¿Qué se me hizo el lápiz?'. Esta frase se transformó en la historia de un hombre cuyo hijo se había suicidado".

El escritor de libros de viaje y dramaturgo Ian Marchant basó su narración Rumores no en una conversación ajena, sino en música que oyó a través de la pared de su dormitorio, en horas de la madrugada.

Su vecino de 23 años tocaba todas las noches Fleetwood Mac (que tiene un famoso álbum llamado Rumores) a todo volumen. "No creo que me habría llamado la atención si hubiera estado escuchando algo de batería y bajo, como cualquier veintiañero normal", escribe Marchant.

El escritor afirma que escuchar chismes y conversaciones al azar forma parte integral de sus libros de viaje.

"Lo hago todo el tiempo. Uno habla con gente en sus viajes, pero como los escritores de verdad no andan con reproductores de MP3, me la paso tomando notas constantemente".

"El otro día, oí a una niñita decir: 'Mi perro acaba de tener gatitos'. Ésta es una de las razones de por qué no soy un escritor de ficciones, porque las cosas que me pasan, las cosas que veo, no las puedo inventar".

Vidas privadas

El aumento de los teléfonos móviles ha hecho que la gente no note que está haciendo públicas conversaciones íntimas, cree Marchant. Todo esto es muy alentador para el entusiasta escritor espía.

Image caption En medio de esta muchedumbre que espera el bus, puede haber un escritor espiando.

"En esos mundos privados, la gente casi se olvida de que está en un espacio público. Hablan como si nadie más estuviera presente", afirma.

La narraciones de Bugged se basan en decenas de conversaciones escuchadas y los perpetradores no tienen la más remota idea de que su conversación suelta ha sido inmortalizada en letra de imprenta.

Así que si usted está en medio de una conversación en un lugar público, eche una mirada a su alrededor para ver si hay alguien más escuchando o si tienen una libreta de apuntes.

"Espiar conversaciones no es sólo esencial para lo que yo hago. Debería ser esencial para lo que hacen todos los escritores", declara Marchant.

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