El polémico cigarrillo electrónico

Un hombre fumando un cigarrillo electronico
Image caption Cuando la persona inhala el cigarrillo electrónico se enciende una luz en su punta.

Su venta está prohibida en países como México, Panamá, Brasil y Uruguay. En Estados Unidos, la Administración de Drogas y Alimentos (FDA por su sigla en inglés) recomienda no usarlos y aunque no están prohibidos, en algunos estados no pueden consumirse en lugares públicos.

Esta semana, el control del uso de los llamados cigarrillos electrónicos es uno de los temas de discusión de los delegados de 168 países reunidos en el balneario uruguayo de Punta del Este, en la cuarta reunión de la Conferencia de las Partes del Convenio Marco de la OMS para el control del tabaco.

Los cigarrillos electrónicos son dispositivos que operan con baterías recargables, que a través de un atomizador vaporizan distintas concentraciones de nicotina. A diferencia de los reales, estos no tienen alquitrán y no se produce combustión.

Sus fabricantes alegan que no contiene las sustancias químicas dañinas del cigarrillo convencional. Cuando la persona inhala, se enciende una luz en su punta, que emula la forma en que se iluminan los cigarrillos.

Estos aparatos en forma de varitas, un poco más largos que los tradicionales, vienen con cartuchos recargables con líquidos de distintos sabores como vainilla, menta, frutas, café y también tabaco.

Controvertidos

Su uso está rodeado de polémica. Algunos dicen que es más seguro y más inocuo que el cigarrillo real y que su ventaja radica en que permite al fumador reducir el número de cigarrillos hasta eventualmente, en algunos casos, dejar el vicio.

Otros aseguran que es peligroso para la salud y que sabotea las estrategias de aquellos países que han legislado para disminuir el uso del tabaco.

"En Uruguay se prohibió porque se estuvo promoviendo como un producto para dejar de fumar y no existe evidencia que demuestre tal utilidad. Además, no es inocuo. Tiene dietilenglicol, una sustancia tóxica para los seres humanos", aseguró a BBC Mundo Eduardo Bianco, director del Centro de Investigación para la Epidemia del Tabaquismo (CIET).

En 2009 la FDA analizó dos modelos de cigarrillos electrónicos y encontró que sus cartuchos contenían niveles perceptibles de productos químicos tóxicos y cancerígenos y por eso recomienda que no se usen. Los que lo defienden aseguran que hay varios otros modelos que son más seguros, y que algunos de ellos no contienen nicotina.

Prohibidos, pero se consiguen

Image caption Algunas personas optan por los cigarrillos electrónicos para dejar de fumar los convencionales.

En Uruguay, a pesar de que su venta está prohibida, hay gente, como Sara, que asegura que es fácil conseguirlos. "Se lo compró mi hijo a una persona que los vende. Para mí es fabuloso. Yo fumaba tres cajas de cigarros por día y desde que lo uso hace cuatro meses, fumo cuatro o cinco cigarrillos. Mi nuera fue la que empezó a usarlo y con esto logró dejarlo", dijo a BBC Mundo.

El objetivo de Sara no es dejar de fumar, sino que cree que es mucho más limpio y menos oloroso que la versión original. "No tiene humo, no ensucia, un fumador sabe lo que es tener entre sus manos un cigarrillo, te quedan amarillas, hay una gran diferencia", aseguró.

Sara asegura que ha usado su cigarrillo electrónico en sitios como aeropuertos y restaurantes sin ningún problema, a pesar de la prohibición de fumar en lugares cerrados. "Me sirve porque siempre lo puedo tener en la mano".

Eso es justamente lo que critican aquellos que diseñaron y apoyan las políticas antitabaco.

"El objetivo de la estrategia de ambientes sin humo de tabaco busca proteger a los no fumadores pero también ayudar a los fumadores a abandonar el consumo. Si el fumador tiene que estar varias horas sin fumar o salir para fumar, fuma menos. Si la persona usa el cigarrillo electrónico para mantener el consumo en los lugares donde no puede fumar, mantiene la conducta", por lo que no le permite cortar la dependencia, asegura Bianco.

El Estado enfrenta ahora varios juicios de parte de personas que importaron el producto y se quedaron sin poder vender la mercadería.

"Al mes de haber invertido US$15.000 de golpe se prohibió su venta", explicó a BBC Mundo Fernando Vann, quien busca recibir una compensación. "No sé qué tipo de presiones pudo haber tenido el gobierno, quizás de las tabacaleras, para prohibirlo de un día para el otro", dijo el empresario.

"Me pregunto cómo es tan fácil firmar un papel y prohibirlos y ni se habla de prohibir el cigarrillo. Se le ponen más impuestos para seguir recaudando", aseguró.

Sara es consciente de que aún no se tiene seguridad de qué tan nocivo es el cigarrillo electrónico para la salud pero cree que vale la pena correr el riesgo. "Que me digan si es mejor tomar medicación o antidepresivos cuando estás tratando de dejar el cigarrillo, o masticar chicles de nicotina. Yo no soy profesional y no sé mucho de esto, pero en Europa se usa sin problemas, por algo debe ser", aseguró.

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