Última actualización: Miércoles, 12 de enero de 2011

Tiroteo en Arizona reactiva el debate sobre el control de armas

Letrero formado con piedras sobre una bandera de Arizona en el que se puede leer "practica la paz".

Letrero formado con piedras sobre una bandera de Arizona en el que se puede leer "practica la paz".

La masacre de Tucson, en el estado de Arizona, ha reactivado en Estados Unidos la puja entre los defensores del derecho constitucional a portar armas y quienes temen sus consecuencias violentas.

La masacre del sábado, en la que murieron seis personas y quedó gravemente herida la congresista demócrata Gabrielle Gifford, reinició el viejo debate sobre el derecho a usar armas y la necesidad de controlar mejor su comercio.

La discusión es parte del ruido de fondo de la política estadounidense. Cada vez que se da un episodio violento como el de Tucson surgen las voces exigiendo controles, a las que les responden quienes defienden el "sagrado derecho constitucional" de llevar armas para la autodefensa.

En su editorial de este martes, el diario The Washington Post prácticamente implora a los políticos estadounidenses evitar que el debate regrese al "aparentemente inevitable status quo" y que el presidente Barack Obama cumpla con sus promesas de campaña de controlar la venta de armas.

Pero ni siquiera los más fervorosos promotores del control se hacen ilusiones, porque saben lo difícil que sería cambiar esta tradición en Estados Unidos, arraigada en la cultura, consagrada en la Constitución y celosamente defendida por uno de los grupos de cabildeo más poderosos del país.

clic En fotos: Más seguridad en el Capitolio tras el ataque en Arizona

Armas y Constitución

"Una milicia bien regulada, necesaria para la seguridad de un Estado libre, el derecho de la población a mantener y portar armas no será infringido", dice la segunda enmienda de la Constitución estadounidense.

"Nuestros padres fundadores entendieron que los hombres con las armas son los que hacen las reglas", afirmó en 2009 Wayne LaPierre, director de la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), el grupo pro armas más importante del país.

Nuestros padres fundadores entendieron que los hombres con las armas son los que hacen las reglas

Wayne LaPierre, director de la Asociación Nacional del Rifle

"Ellos entendieron que si los únicos con armas son los malos, estamos fregados. Por eso tenemos armas. La Constitución lo dice, nosotros lo creemos y eso cierra el tema", afirmó LaPierre.

Tras el tiroteo en Tucson, la organización difundió un comunicado en su página web lamentando "esta insensata tragedia" y ofreciendo sus oraciones a las víctimas.

Paradójicamente, tanto la congresista Giffords como el juez John Roll -uno de los muertos en Tucson- compartían el gusto por las armas, al igual que otros 90 millones de estadounidenses que tienen algún tipo de armamento.

"El mito de la frontera, el mito del individuo defendiéndose de los tipos malos, de lo que el Estado es incapaz o no está dispuesto a defenderlo está muy, muy arraigado", le dijo a BBC Mundo Jan Dizard, profesor de cultura estadounidense de la Universidad Amherst de Massachusetts.

Pero algunos destacan que esos mitos son "cosa del pasado", de cuando el país se enfrentaba a los imperios coloniales europeos o desplazaba violentamente a las poblaciones indígenas originales mientras expandía su frontera oeste.

Pequeño pero poderoso

Para la NRA y los grupos que defienden la interpretación literal de la Constitución, hay peligros actuales que hacen necesario portar armas, como el terrorismo y la delincuencia.

Entre sus miembros más radicales existe una gran desconfianza hacia el gobierno y la posibilidad de que este limite las libertades individuales, empezando por la tenencia de armas. Ese temor se ha exacerbado bajo la presidencia de Obama.

Bandera a media asta en el Capitolio.

El debate sobre el derecho a portar armas resurge periódicamente en EE.UU.

La imagen de grupo todopoderoso de la NRA, fundado en 1871, no se ajusta al relativamente "pequeño" tamaño de la organización, que tiene cerca de cuatro millones de miembros inscritos.

"Son un verdadero movimiento de base. Sus miembros están dispuestos a irse a las barricadas, políticamente hablando, y a veces más que eso", afirmó Robert Spitzer, sociólogo de la Universidad de Nueva York.

En materia electoral, la NRA suele actuar contra funcionarios que buscan la reelección proponiendo el control de armas, en anuncios pagados de TV y financiando campañas opuestas.

"Los miembros del Congreso pueden sentir esa presión, porque ellos se presentan en las reuniones, les escriben cartas, ejercen una buena presión", dijo Spitzer, quien considera además que los integrantes de la NRA son "extremadamente habilidosos en el juego del cabildeo en el Congreso estadounidense y en Washington".

Sin embargo, en los comicios legislativos de noviembre, 27 demócratas respaldados por NRA fueron derrotados, mientras que sólo dos de los 101 que presentaron leyes sobre armas perdieron la reelección, según informó The Washington Post .

Pocas limitaciones

En 2008, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos ratificó el derecho a tener armas personales, como la usada en Tucson, derogando una prohibición del Distrito de Columbia, en el primer caso en el que el máximo tribunal se refiere al polémico asunto.

El pistolero de 22 años no pudo alistarse en las fuerzas armadas, fue echado de la escuela y era considerado 'muy perturbado', pero eso no es suficiente para impedirle a alguien en Estados Unidos comprar legalmente cuantas armas quiera

Paul Helmke, Campaña Brady para la Prevención de la Violencia Armada

En 2010, la Corte adoptó una decisión que amplió ese derecho a los estados y no sólo a los enclaves federales.

Las regulaciones sobre la venta y el uso de armas están en manos de los estados. Arizona es considerado uno de los más permisivos, al punto que admite comprar y portar un arma personal oculta sin necesidad de autorización especial.

En noviembre, el acusado de las muertes en Tucson, Jared Loughner, pudo adquirir la pistola semiautomática Glock 19 que usó en el ataque del sábado sin que su complejo historial fuera verificado.

"El pistolero de 22 años no pudo alistarse en las fuerzas armadas, fue echado de la escuela y era considerado 'muy perturbado' (según compañeros de estudio), pero eso no es suficiente para impedirle a alguien en Estados Unidos comprar legalmente cuantas armas quiera", lamentó Paul Helmke, presidente de la Campaña Brady para la Prevención de la Violencia Armada.

Leyes sensatas

La Campaña Brady, considerada el mayor grupo que promueve el control de la venta de armas, afirma que el marco legal es insuficiente "para proteger a nuestras familias de este tipo de baños de sangre".

En 2004, el Congreso dejó expirar la prohibición sobre armas de asalto, algo que -según coinciden los expertos- le permitió a Loughner adquirir cartuchos especiales para su Glock de 30 disparos en lugar de diez.

"Leyes sensatas sobre armas pueden salvar vidas. El Congreso debería actuar ahora para endurecer las restricciones sobre armas, municiones y quien puede legalmente tenerlas, y el presidente Obama debería marcar el camino", afirmó Helmke en un comunicado.

Esas exigencias se han hecho antes. En abril de 2007, el representante demócrata por Florida, Alcee Hastings, expresó su frustración con los cálculos políticos que se hacen en Washington cada vez que se habla de controlar las armas

"La mayoría aquí somos rehenes de la NRA. ¡Al diablo con ellos! ¿Qué hay de la sociedad?", se preguntaba Hastings aquel entonces, justo después de la masacre del Tecnológico de Virginia, donde 32 muertos generaron el mismo debate de hoy.

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