Última actualización: Lunes, 31 de enero de 2011

Lo que dejó Davos 2011

Foro Económico Mundial

El Foro Económico Mundial finalizó este domingo con los líderes políticos y económicos preocupados acerca de si el boom económico en Asia, Brasil, Estados Unidos y Alemania puede durar o no.

Y es que a falta de un gran tema, la reunión de los ricos y poderosos de este año se centró en las diferentes amenazas globales, desde las revueltas políticas -como las que afectan a Túnez y Egipto- hasta la escasez de recursos.

Los líderes europeos, por su parte, aprovecharon el escenario de Davos para lanzar el mensaje de que harán todo lo posible por salvar el euro.

Y el Reino Unido y la Fundación Gates hicieron lo propio para anunciar que aunarán esfuerzos para lograr la erradicación de la polio.

Logo del Foro Económico Mundial

El primer ministro británico David Cameron dijo que el gobierno de su país duplicará sus fondos para luchar contra la enfermedad, hasta los US$60 millones, a pesar de los problemas económicos.

Por su parte la fundación Bill y Melinda Gates añadirán otros US$100 millones a la lucha contra la enfermedad.

"Esta es una oportunidad increíble para erradicar el último 1% de la polio, de salvar vidas ahora y prevenir la amenaza de posibles rebrotes en el futuro", dijeron.

Optimismo contenido

En 2009 y 2010 la reunión anual, que congrega a más de 2.000 de los líderes económicos y políticos más poderosos del mundo, había estado marcada por un ambiente de pesimismo, por los problemas de los bancos y la crisis económica global.

Este año, en cambio, los directores ejecutivos de las compañías participantes mostraron mayor optimismo, aunque siempre matizado por las advertencias de que los buenos tiempos podrían no durar mucho.

Somos optimistas pero tenemos miedo de serlo

Paul Bulcke, jefe de la sección de comida del gigante Nestlé

Chanda Kochbar, directora ejecutiva del banco indio ICICI, dijo que aunque es importante mostrarse optimistas y buscar oportunidades, éstas tienen que estar ancladas a la realidad.

"Somos optimistas pero tenemos miedo de serlo", afirmó por su parte Paul Bulcke, el jefe del gigante de la industria de los alimentos Nestlé.

Ellen Kullman, directora ejecutiva de DuPont, se mostró de acuerdo y dijo que 2010 fue un "año fantástico para el crecimiento, pero 2011 todavía será bueno".

Y con cualquiera con el que uno hablase, fuese Michael Dell, fundador del gigante informático que lleva su apellido; Kris Gopalakrishnan, de la compañía de informática Infosys; o Wei Jiafu, representando a China Ocean Shipping Group, todo el mundo reportó un crecimiento muy fuerte y predijo inversiones y expansión.

Recuperación de la confianza

Un banquero habló en una reunión privada de "tiempos de boom".

Una encuesta entre jefes de alrededor del mundo recopilada por la compañía de consultores Pricewaterhouse Coopers y hecha pública en la víspera del comienzo del Foro sugiere que los niveles de confianza se encuentran en el mismo punto que en el momento anterior a la crisis.

A pesar de esto, muchas de las discusiones y sesiones mantenidas a lo largo de los cinco días del evento se concentraron en aquello que podía ir mal.

Ministro de transporte tunecino Brahim y ministro de tecnologías de la Comunicación tunecino Zaoui

La sesión de este año contó con la presencia de dos miembros del recién formado gobierno interino de Túnez.

La deuda del gobierno, especialmente en Europa, la creciente inflación, especialmente en el precio de la comida y la escasez de recursos desde la comida a la energía, así como las guerras cibernéticas, se encontraba en la larga lista de preocupaciones que dominó la agenda de Davos.

Davos llevó a cabo un debate enérgico acerca de la salud económica de la eurozona, o mejor dicho, la falta de la misma.

Sin embargo esta discusión fue aplastada cuando el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel, lanzaron un ataque claramente coordinado contra especuladores, banqueros, inversores, para que les aseguraran, sin términos ambiguos, que harían cualquier cosa que fuese necesaria para defender el euro y apoyar a los miembros más débiles de la unión monetaria.

Junto al apoyo de los representantes de los bancos centrales regionales, que realizaron declaraciones contundentes en sesiones privadas para los líderes de la industria banquera, parecía que tuvieron éxito a la hora de calmar los nervios de la mayoría.

Crisis de Egipto

El primer ministro griego, George Papandreou, mientras tanto, acudió a una serie de reuniones para defender el argumento de que la crisis de la eurozona había sido contenida y que Grecia estaba en el camino de la recuperación.

"Las declaraciones de Merkel y Sarkozy calmaron los mercados y me tranquilizaron y me hicieron sentir cómodo", afirmó Jacob Wallenberg, presidente de la compañía de holding sueca Investor AB.

Sin embargo también hubo escepticismo. "La eurozona está todavía expuesta a un alto riesgo en 2011. Otra crisis de deuda soberana es posible y la reducción del déficit gubernamental tendrá un impacto negativo en el crecimiento económico", afirmó Wei Jiafu.

Manifestantes con pancarta

Las manifestaciones antiglobales también acudieron a su cita anual en Davos.

Y, como suele ocurrir en todas las ediciones de Davos, una crisis exterior -los disturbios que se extienden en el Norte de África, desde Túnez hasta Egipto- también afectó la agenda.

Una sesión organizada a toda prisa contó con la presencia de dos tecnócratas que se encuentran en posiciones ministeriales en el gobierno interino de Túnez y, en los vestíbulos y recibidores, los participantes intercambiaron noticias y opiniones sobre las protestas en las calles de El Cairo.

Sin embargo, debido a la escasa presencia de líderes árabes en esta edición la discusión no alcanzó el peso que un evento de este tipo habría tenido en Davos durante gestiones de crisis anteriores.

Y si la edición de Davos de este año cumplió algún propósito, fue el de confirmar el hecho de que India y China son ahora jugadores completos del escenario mundial, importantes tanto política como económicamente.

En determinados momentos, el debate en Davos parecía empeñado en tratar de medir la salud de la economía global con base en el crecimiento de ambos países.

Y los dos enviaron grandes y poderosas delegaciones al foro.

Y tanto políticos como líderes de negocios no se mostraron reacios a reafirmar su fortaleza y autoridad.

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