EE.UU. vigila transición en Egipto

Estados Unidos seguirá siendo un socio confiable de Egipto y aportará la ayuda que le sea solicitada para garantizar la transición a la democracia, dijo en la tarde del viernes el presidente Barack Obama, en su primera reacción a la renuncia de Hosni Mubarak.

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Image caption Obama señaló que recién comienza la transición en Egipto.

"EE.UU. seguirá siendo un amigo y socio de Egipto. Estamos listos para aportar cualquier asistencia necesaria y solicitada en la "búsqueda de una transición creíble hacia la democracia", afirmó Obama.

"Este no es el fin de la transición egipcia, es el inicio. Estoy seguro que vendrán días difíciles", dijo el mandatario en una breve aparición televisada desde la Casa Blanca.

"Estoy confiado en que la gente de Egipto podrá conseguir las respuestas y que lo hará pacíficamente, constructivamente, y con el espíritu de unidad que ha definido estas últimas semanas".

Obama calificó de "responsable" y "patriótica" la actuación de los militares durante la crisis, y anunció que su gobierno seguirá aportando ayuda a Egipto, lo que se interpreta como la continuación de los US$1.300 millones anuales que aporta a la nación árabe.

Sin embargo el presidente advirtió a las Fuerzas Armadas que han asumido el manejo del poder en Egipto que deben liderar un proceso creíble ya que "los egipcios han dejado claro que nada menos que una genuina democracia" es su aspiración.

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Aplausos

Como reflejan las palabras de Obama, en Washington hay alivio por la renuncia del ahora ex presidente, Hosni Mubarak, pero también hay expectativa por cómo las nuevas autoridades van a manejar la transición "pacífica y ordenada" en la que insisten los estadounidenses.

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Image caption Biden dijo que se vienen días "delicados y esperanzadores” para Egipto.

El vicepresidente Joe Biden calificó el viernes por la mañana la renuncia de Mubarak como un "momento de pivote" en el Medio Oriente, pero advirtió que se vienen días "delicados y esperanzadores" durante un evento en la Universidad de Louisville, en Kentucky, adelantándose tanto a la Casa Blanca como al Departamento de Estado.

Pero independientemente del portavoz o de la oficina de la que salgan las declaraciones, las palabras de Biden parecen reflejar las expectativas que genera entre la clase política de Washington la salida de Mubarak de la escena.

Desde el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, su presidente, el demócrata John Kerry, y el republicano, John McCain, aplaudieron la decisión y reconocieron el valor "histórico" del gesto, aunque también recordaron a los militares la necesidad de cumplir con la apertura democrática.

Atención a los militares

Todas las miradas están puestas en el papel que desarrollarán en la transición política egipcia los militares, un sector con el que EE.UU. tiene profundos lazos y con el que ha contado los últimos 30 años para mantener la paz con Israel y cierta estabilidad en toda la región.

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Image caption Los militares jugarán un papel clave en la transición.

En la tarde del viernes se informó que el secretario de Defensa, Robert Gates, habló telefónicamente con el ministro de Defensa egipcio, mariscal Hussein Tantawi, quien encabeza el Alto Consejo Militar que asumió los poderes ejecutivos de la presidencia.

El portavoz del Pentágono, Geoff Morrell, dijo no tener detalles sobre lo conversado, pero muchos dan por descontado que Gates haya aprovechado la buena comunicación que tiene con la cúpula militar egipcia para advertirle sobre la posibles consecuencias de no darle salida a las demandas populares egipcias.

En cables del Departamento de Estado filtrados por Wikileaks, diplomáticos estadounidenses calificaban a Tantawi como un aliado en la paz con Israel, pero como una fuerza de resistencia a los cambios que en esos años pedía la Casa Blanca.

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¿Golpe de Estado?

Aunque el ascenso de los militares al control de la dinámica política en Egipto pueda ser visto como una "sinceramiento" del vínculo entre el sector armado y el poder, algunos advierten que podría ser el cumplimiento de un golpe de estado.

"En si misma, la creciente huella militar era el paso siguiente en un golpe de estado en cámara lenta. Es un regreso del ejército del control indirecto al directo, el trabajo para el que fue creado en 1952", aseguró Ellis Goldberg, especialista de temas del Medio Oriente.

Según Goldberg, aunque "el ejército en si mismo representa una fuerza de orden y un árbitro neutral entre partes opuestas" tiene "un gran interés" en mantener el status quo dado que ha sido el respaldo de los gobiernos fuertes que ha tenido Egipto en su historia republicana.

"En vez de buscar un cambio institucional, las principales figuras militares tratarán seguramente de satisfacer al público con gestos simbólicos", advierte Goldberg.

Sin embargo, en muchas capitales, particularmente en las de Estados Unidos e Israel, y pese a las dudas que se abren con el nuevo papel de los militares, sienten que la presencia de los uniformados garantiza la estabilidad de Egipto y por ahora aleja la posibilidad de un eventual vacío de poder.

Nuevas preguntas

El principal interés de EE.UU. es que Egipto siga siendo una fuerza moderada en la región y que siga cumpliendo los compromisos del acuerdo de paz con Israel.

Para la presidenta del Comité de Exteriores de la Cámara de Representantes, la republicana Ileana Ros-Lehtinen, eso implica evitar que algunos grupos políticos puedan controlar el poder en El Cairo.

"Debemos urgir el rechazo inequívoco de cualquier participación de la Hermandad Musulmana y otros extremistas que puedan buscar explotar y secuestrar estos eventos para ganar el poder, oprimir al pueblo egipcio y hacer gran daño a las relaciones de Egipto con EE.UU., Israel y otras naciones libres.", dijo Ros-Lehtinen en su comunicado.

Esos esfuerzos deberán adaptarse a "la nueva fase" que transitará la diplomacia estadounidense, según dijo a BBC Mundo, Michael Werz, analista del Centro para el Progreso Estadounidense, un centro de estudios de políticas públicas de Washington.

"La pregunta va a ser para la Casa Blanca cómo se establece la legitimidad política para poder establecerse como una voz dentro del contexto del mundo árabe. Y esas es una pregunta totalmente nueva".

El presidente Obama, al igual que hizo su predecesor George Bush, ha presionado a sus aliados en la región –sin demasiado éxito- para que relajen el control sobre sus poblaciones, como estrategia para debilitar potenciales agendas políticas y religiosas radicales.

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