Última actualización: Lunes, 14 de febrero de 2011

Portugal sigue en la línea de fuego de la crisis financiera

Corredor de bolsa en Lisboa

Los bonos portugueses se mantienen a una tasa superior al 7%, que algunos consideran insostenible.

La Unión Europea enfrenta esta semana una nueva prueba de fuego, en medio de crecientes temores de que Portugal está a punto de convertirse en la próxima víctima de la crisis financiera de la eurozona.

En los últimos días ha habido gran nerviosismo en los mercados, ya que el costo de los bonos portugueses alcanzó el nivel al que llegaron los de Grecia e Irlanda cuando sus economías fueron rescatadas.

La tasa de interés que tiene que pagar el país sobre sus bonos llegó a 7,6% a fines de la semana pasada, la más alta desde que pasó a ser miembro de la eurozona y por encima del 7% que se acepta convencionalmente como insostenible.

Como era predecible, el Banco Central Europeo intervino en el mercado y compró bonos portugueses en una operación dirigida a calmar los mercados.

Los inversionistas dudan que Portugal tenga la capacidad de refinanciar 10 mil millones de euros de deuda que se vencen en la primavera.

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¿Próxima víctima?

Primer ministro de Portugal, José Sócrates

El gobierno de Portugal insiste en que no necesita un paquete de ayuda.

El gobierno ha insistido en que no hay razones para pensar que Portugal no está en condiciones de cumplir con sus compromisos, pero ese discurso optimista no convence a muchos inversionistas, que ya escucharon afirmaciones similares de parte de Grecia e Irlanda.

En diciembre pasado, el Parlamento aprobó un drástico paquete de ajuste en un intento por ganarse la confianza de los mercados.

El primer ministro José Sócrates ha resaltado que el país redujo el déficit fiscal en 2010 de 9,3% a 7,3% del PIB.

Pese a esto, algunos analistas señalan que Portugal parece estar siguiendo la trayectoria de Grecia e Irlanda, que debido al alto costo de endeudamiento tuvieron que recurrir a un paquete de ayuda.

Sin embargo, Peter West, de la firma Poalim Assets Management, basada en Londres, señala que aún no hay un consenso entre los analistas.

"Nadie sabe con certeza lo que va a pasar. Portugal no quiere recurrir a la asistencia financiera por el estigma que representa", destacó West.

Agrega que "no se puede descartar que sea obligado a aceptar un paquete de ayuda y muchos inversionistas prefieren que se acoja a uno para remover la incertidumbre del mercado".

España en la mira

No se puede descartar que (Portugal) sea obligado a aceptar un paquete de ayuda y muchos inversionistas prefieren que se acoja a uno para remover la incertidumbre del mercado.

Peter West, analista

Una profundización de la crisis en Portugal podría tener serias implicaciones para España, y en consecuencia para toda la eurozona.

Muchos economistas han resaltado en más de una oportunidad que Portugal es la última trinchera antes de que España entre directamente en la línea de fuego.

Y han señalado que el Fondo Europeo para la Estabilidad Financiera de Europa tiene suficientes recursos para asistir a Portugal, no así a España.

Por otra parte, los bancos españoles parecen estar muy expuestos a los problemas financieros de Portugal

Pero los mercados han dado señales en las últimas semanas que muchos califican de alentadoras para España.

El diferencial que los inversionistas demandan para adquirir bonos de Portugal con relación a los de Alemania se ha disparado, mientras que la cifra equivalente para el caso de España se ha mantenido estable.

Peter West destaca que "las cosas han llegado a un punto ahora en el que los inversionistas han comenzado a diferenciar a España de Portugal, Irlanda y Grecia. De manera que España no necesariamente será el próximo foco de atención, aún cuando Portugal sea rescatada".

"España está adoptando las medidas correctas y además es una economía mucho más fuerte que la portuguesa", dijo West.

Pero todo depende de qué pasará con el paquete de medidas para enfrentar la crisis financiera de la eurozona que deberán acordar los líderes europeos el 24 y el 25 de marzo.

Un fracaso en este sentido podría poner en juego no sólo a España sino a toda la eurozona.

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