Sarkozy entre los dos filos de Libia

Nicolas Sakozy Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption ¿Está Sarkozy intentando recuperar popularidad?

La intervención militar de Occidente en Libia supone un arma de doble filo para el presidente francés, Nicolas Sarkozy, que según analistas podría recuperar fuerza política con ella o sumar aún más problemas a su mandato.

Sarkozy ha buscado mostrarse como un impulsor de la operación aliada en Libia y este martes visitó personalmente la base aérea de Solenzara, en Córcega, de donde parten los aviones de combate franceses al país africano.

Diversos analistas y medios franceses coinciden en que Sarkozy obtuvo con esto la oportunidad de cobrar peso en la escena mundial y mejorar su pobre popularidad en Francia de cara a una eventual reelección en 2012.

Pero las dificultades que comienzan a aparecer en la intervención militar en Libia han llevado a algunos a advertir que el presidente francés pudo haber hecho una apuesta riesgosa, de resultado incierto.

“Cuando se lanza una intervención, se pone en juego un cierto capital político”, dijo Etienne de Durand, analista de política de defensa en el Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), a BBC Mundo.

“Si la intervención transcurre mal, eso repercute sobre los líderes que la han decidido”, agregó y evocó la caída del ex primer ministro británico Tony Blair tras la invasión de Irak liderada por Estados Unidos en 2003.

“Eso cuenta”

Al anunciar la intervención militar en Libia el sábado, tras reunirse con líderes occidentales y árabes en París, Sarkozy dijo que el objetivo era “proteger a la población civil de la locura criminal” del régimen de Muamar Gadafi.

De hecho, Francia fue el primer país en enviar aviones de guerra a sobrevolar el bastión rebelde libio de Bengasi el sábado, para prevenir ataques aéreos de las fuerzas de Gadafi en función de una resolución de la ONU.

Sarkozy también se había convertido el 10 de marzo en el primer jefe de Estado que se reunió con insurgentes libios y reconoció su liderazgo en Bengasi, sorprendiendo incluso a aliados de París.

Los analistas coinciden que, con estos gestos, Sarkozy buscó enmendar los errores y titubeos que tuvo Francia ante las revueltas populares previas en Túnez y Egipto, que provocaron una ola de críticas a su gobierno.

La voluntad era “restaurar las credenciales de Francia en materia de protección de civiles y derechos humanos”, dijo De Durand.

Libia también tiene una importancia estratégica para París, entre otras razones por tener fronteras con cuatro países francófonos: Túnez, Argelia, Níger y Chad.

Francia importa el 6% del crudo libio y en ese país existe un yacimiento petrolífero explotado por el grupo galo Total.

En estos días, muchos recuerdan la pomposa bienvenida que Sarkozy ofreció a Gadafi en París hace tres años, pese a las críticas de opositores y miembros del gobierno por la situación de los derechos humanos en Libia.

Además de permitirle instalar su carpa de beduino cerca del Palacio del Elíseo, Sarkozy justificó entonces que “Gadafi no es percibido en el mundo árabe como un dictador”.

“Es el más antiguo de los jefes de Estado de la región y del mundo árabe”, declaró el presidente francés en diciembre de 2007 sobre su actual enemigo. “Eso cuenta”.

“Peligroso”

Quizás la operación militar en Libia también permita a Sarkozy salir del pozo en que su popularidad se encuentra desde hace meses y aspirar a competir con alguna posibilidad por su reelección dentro de un año.

Encuestas recientes anticiparon que el presidente francés corre el riesgo quedar relegado de una segunda vuelta electoral ante el Partido Socialista y el ultraderechista Frente Nacional.

Pero los observadores coinciden en que Sarkozy es hábil en momentos de crisis y recuerdan el impulso político doméstico que logró en 2008 cuando negoció un cese el fuego entre Rusia y Georgia.

Otros especulan con que la intervención en Libia ofrezca a Sarkozy la posibilidad de reeditar el éxito electoral que supuso la guerra de las Malvinas/Falklands para la primera ministra británica Margaret Thatcher en los años ’80.

Sin embargo, en Occidente han comenzado a aflorar las dudas sobre quién debe comandar la operación aliada en Libia o sobre si el objetivo es remover a Gadafi del poder.

Sarkozy y sus aliados parecen sopesar los riesgos de un conflicto más largo de lo esperado o un escenario donde Gadafi logre sobrevivir políticamente a la intervención, aunque sea en una Libia dividida.

“La guerra nunca es simple”, dijo De Durand.

“En el pasado Gadafi ha probado que es capaz de atacar directamente a los occidentales entre otras cosas con acciones terroristas”, agregó. “Sabemos que es peligroso y que será capaz de replicar si tiene la oportunidad y los medios”.

Esto podría significar un desgaste extra para el presidente francés, precisamente por el protagonismo que ha asumido en la operación Libia.

“Si la guerra es larga, ineficaz y cada vez tiene menos apoyo de los aliados, las consecuencias en la opinión pública podrían ser muy malas para Sarkozy”, dijo el analista político francés Nicolas Sauger.

Sin embargo, en diálogo con BBC Mundo, Sauger explicó que Sarkozy podría tener más para ganar que para perder con Libia en las circunstancias actuales.

“Si se degrada su imagen en la opinión pública”, comentó, “no veremos mucho la diferencia por ser tan impopular ahora”.

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