Bolivia: un conflicto cada día durante los últimos 40 años

Un manifestante lanza piedras contra la policía en Bolivia. Derechos de autor de la imagen Reuters

Escuchar la explosión de una carga de dinamita o de petardos es cosa de todos los días en las calles de La Paz, la sede de gobierno de Bolivia.

Las marchas de protesta o los bloqueos contra el gobierno, la alcaldía, los jueces o los fiscales son tan frecuentes que dan la sensación de estar viviendo en un eterno conflicto.

Esta percepción tiene ahora bases más firmes, puesto que un estudio del Observatorio de Análisis de Conflictos Sociales (CERES) revela que en los últimos 40 años se ha registrado, en promedio, un conflicto cada día en Bolivia.

Según este documento, en el período comprendido entre 1970 y 2010 hubo 13.897 conflictos de diversa índole. Toda una rutina para el país.

Roberto Laserna, analista del CERES y uno de los autores del estudio, le dijo a BBC Mundo que la conflictividad, por lo general, está asociada a la distribución de la renta proveniente de los recursos naturales.

Con más dinero, hay más conflictos

Explica que cuando aumentan los ingresos del país por concepto de exportación de materias primas también se multiplican los conflictos porque las expectativas de la gente nunca son satisfechas.

El gobierno de Evo Morales está viviendo uno de esos momentos. La propaganda gubernamental insistió en que Bolivia vive su mejor momento económico tras la nacionalización de sus recursos naturales, con unas reservas monetarias internacionales que superan los US$10.000 millones y con unas finanzas tan saludables que no habían registrado déficit hasta este año.

Ante ese panorama, la Central Obrera Boliviana (COB), antigua aliada del presidente Morales, protagonizó durante los últimos 11 días el más largo conflicto social de su gestión exigiendo un incremento salarial del 15%.

Morales aceptó subir este lunes hasta un 11% los sueldos de los maestros y los trabajadores de salud, lo que aparentemente marcó el fin de la huelga y las protestas.

Siles y Morales, asediados

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Image caption Una de las razones de la alta conflictividad actual es la mayor fragmentación social, según los analistas.

Según los datos del estudio de conflictividad, durante el gobierno de Hernán Siles Suazo (1982-1985), se registró un promedio de 50 conflictos por mes. Ese era el récord hasta la llegada del presidente Morales al poder que, en sus cinco años de gestión, tuvo que enfrentar un promedio de 50,4 conflictos por mes.

Los conflictos del gobierno de Morales, si bien son más numerosos, no son los más intensos, comenta Laserna. El analista recuerda que los eventos más intensos (numerosos, largos y violentos) se vivieron durante el gobierno de Siles Suazo, quien tuvo que renunciar a la presidencia ante la ola inflacionaria y la presión de los sectores sociales que exigían infinitos incrementos salariales.

Laserna considera que en parte esto se debe a que los sectores sociales ahora están más fragmentados y no obedecen a una dirección única, como ocurría en los primeros años de la democracia.

En su columna dominical en el diario Página Siete, el economista Gonzalo Chávez, comenta que este retorno a la conflictividad en Bolivia se debe a que "con la nueva Constitución Política se prometió la felicidad económica instantánea".

Pero, agrega, "pasada la luna de miel, ciertos movimientos sociales quieren el pedazo de paraíso ofrecido, para esto recurren a una vieja práctica: el salarialismo" que es el pensamiento "que cree que dividiendo la misma torta en más pedazos, ésta crece automáticamente".

Creativos y radicales

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Image caption Los conflictos del gobierno de Morales, si bien son más numerosos, no son los más intensos de los últimos 40 años.

Para hacer conflictos, los bolivianos son de lo más creativos. Las más comunes formas de protesta son las marchas callejeras, caminatas de días o semanas por carretera, el bloqueo de caminos o de las "mil esquinas" en las ciudades, las huelgas generales, los paros escalonados y las huelgas de hambre.

Los manifestantes más radicales se crucifican, aunque sin clavos, se entierran hasta el cuello, se encierran en una habitación tapiada sin comida ni agua o se sacan sangre para escribir carteles de protesta e incluso se cosen los labios como en el último conflicto carcelario en el que los presos, paradójicamente, pedían más alimentos.

Hubo casos extremos de protestas como la voladura de ductos de gas o agua y la toma de represas o de generadoras de electricidad, sin medir consecuencias personales.

En los reclamos corporativos no solo hay sindicalistas o desocupados, sino que llegan a implicar a asociaciones de policías que en 2003 llegaron a enfrentarse con los militares a balazos a las puertas del Palacio de Gobierno.

El presidente Morales, que se hizo líder político y sindical en las calles y carreteras, no dudó en ponerse en huelga de hambre o dirigir cercos para presionar a la Asamblea Legislativa que en su primer período no estaba controlada por su partido.

Con los conflictos de las últimas dos semanas, Morales ha probado una fuerte dosis de su propia medicina. O, como dice el analista Gonzalo Chávez "el bloqueador ha sido bloqueado".

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