Bahréin, el reino donde la tranquilidad se convirtió en espejismo

Última actualización: Jueves, 28 de abril de 2011
Hombre frente a un cartel que pide la horca para los opositores.

Hombre frente a un cartel que pide la horca para los opositores.

Un tribunal militar en Bahréin condenó a muerte a cuatro manifestantes opositores al gobierno que fueron declarados culpables de matar a dos policías durante la ola de protestas en febrero y marzo.

Otros tres manifestantes fueron condenados a cadena perpetua. El juicio es el primero que se celebra desde que comenzaron los disturbios. Las autoridades han detenido a cientos de personas e impusieron la ley marcial.

El corresponsal de la BBC Frank Gardner, quien solía vivir en Bahréin, regresó la semana pasada para evaluar la situación y escribió el siguiente reportaje.


El jeque parecía nervioso.

"Le pido que no vaya a ese pueblo", dijo.

"Si lo hace, la policía lo arrestará, le quitarán las cintas y voy a tener que ir a sacarlo de la estación de policía".

Nuestro equipo se indignó. Sin duda, se trataba de algo escandaloso.

¿No nos había prometido el Ministerio de Relaciones Exteriores de Bahréin que tendríamos libertad para entrevistar a quien quisiéramos?

Lo habían hecho, salvo que ya no tenían la última palabra.

Lo que el jeque -un miembro de la familia gobernante Al-Khalifa pero con una posición más bien subalterna- estaba tratando de decirnos es que él no tenía el poder para protegernos de las fuerzas de seguridad del país.

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Concesiones

Desde mediados de marzo, cuando se declaró la ley marcial, los de línea dura en este pequeño pero estratégico reino del Golfo han triunfado sobre los moderados.

Salman bin Hamad al-Khalifa

Salman bin Hamad al-Khalifa, el príncipe heredero, trató de negociar con la oposición.

Durante tres semanas, el príncipe heredero, educado en Occidente y reformista, mantuvo a la policía a raya, mientras que negociaba con la oposición.

Les ofreció, entre otras concesiones, un parlamento elegido, con poderes ejecutivos, algo que el resto de su familia no veía con buenos ojos.

Pero los líderes de la oposición chiita vacilaron.

Ellos vieron lo que estaba ocurriendo en Egipto y Túnez, donde los regímenes estaban siendo arrastrados por una ola de protestas populares, y tal vez los manifestantes más jóvenes pensaron que aquí podían hacer lo mismo.

O sea, ¿por qué conformarse con compartir el poder cuando se tiene la oportunidad de tenerlo todo?

Preocupación

La importante minoría sunita y los expatriados estaban horrorizados. Se preguntaban hasta dónde llegaría esto.

"Al otro lado de la calzada que une a Bahréin con Arabia Saudita, a los príncipes del vecino país se les estaba acabando la paciencia: esto podría resultar contagioso. O lo resuelven ustedes, le dijeron a Bahréin, o lo hacemos nosotros"

Frank Gardner, BBC

¿Iba el agradable y liberal Bahréin a convertirse en una república islámica al estilo iraní?

Mientras tanto, las protestas, que ya la policía había tratado de frenar con disparos letales, se estaban saliendo de las manos.

Jóvenes con pañuelos en la cara y piquetas a su lado estaban cortando las rutas.

La capital, Manama, se paralizó, la actividad económica se detuvo en seco y las personas tenían miedo de salir de sus casas.

Al otro lado de la calzada que une a Bahréin con Arabia Saudita, a los príncipes del vecino país se les estaba acabando la paciencia: esto podría resultar contagioso.

O lo resuelven ustedes, le dijeron a Bahréin, o lo hacemos nosotros.

Tras una ráfaga de llamadas telefónicas, se dio una señal y soldados sauditas entraron a Bahréin, mientras que las fuerzas de seguridad despejaban las barricadas.

El tiempo para el diálogo había terminado y se declaró el estado de excepción.

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Tranquilidad anormal

Así que allí estábamos la semana pasada, quedándonos en el mismo hotel donde yo solía jugar al backgammon con los pilotos de Tornados, mientras descansaban de sus misiones en Kuwait durante la Operación Tormenta del Desierto, hace 20 años.

Manifestantes

La capital de Bahréin, Manama, se paralizó por las protestas contra el gobierno.

El Sheraton estaba a menos del 10% de su capacidad, su restaurante iraní estaba cerrado, el chino también y la cafetería estaba totalmente desierta.

Un vehículo blindado, con un retrato del primer ministro pegado en un costado, estaba frente a mi antigua oficina.

Los soldados de Bahréin, con chalecos antibalas, vigilaban el tráfico y, no muy lejos, una fila de antiquísimos tanques estadounidenses abandonados estaban apostados en las carreteras vacías que conducen a los restos arrasados de la rotonda de la Plaza de la Perla, el epicentro de las protestas de febrero y marzo.

La capital parecía extrañamente tranquila, como si hubiera recibido algún tipo de sedante.

Pero en las aldeas chiitas encontramos un panorama bastante diferente.

Martirio

"El martirio siempre ha ocupado un lugar central en la cultura chiíta y, para los dolientes, el cuerpo que llegó desde el hospital, maltratado, magullado y lacerado, era el de un mártir"

Frank Gardner, BBC

Noche tras noche, hombres corpulentos con pasamontañas negros y ametralladoras irrumpen en las casas y se llevan a presuntos activistas de la oposición.

Más de 400 han sido detenidos y algunos no han regresado.

Asistimos al funeral de un hombre que se había entregado a la policía, sólo para que su muerte bajo custodia se anunciara una semana después.

La callejuela empobrecida, con sus paredes descascaradas, estaba llena de dolientes.

El martirio siempre ha ocupado un lugar central en la cultura chiita y, para los dolientes, el cuerpo que llegó desde el hospital, maltratado, magullado y lacerado, era el de un mártir.

La multitud estalló en gritos de "¡Abajo el rey Hamad" y "Abajo el régimen".

Un helicóptero de la policía sobrevolaba el lugar, tomando fotografías, según algunos con una cámara de alta definición.

La multitud agitó sus puños en el aire, temblando desafiante.

Viaje al pasado

El cortejo fúnebre pasó delante de mí. Era pura ira en movimiento y las mujeres, con sus velos negros abaya alrededor de sus rostros, gritaban al unísono.

Chico en Bahrein

Bahréin tenía fama de ser un lugar tranquilo, idílico.

El helicóptero se fue: tal vez ya tenían suficientes fotos para el día.

La tarde siguiente, aproveché que tenía tiempo entre unas entrevistas para visitar mi vieja casa, escondida en un pueblo de la costa oeste de la isla.

Poco había cambiado.

Las palomas continúan arrullando desde las hojas polvorientas de las palmeras datileras y las moscas siguen llegando desde los establos cercanos.

Éste es el Bahréin de a principios de los años 90 que yo recordaba, tranquilo y sin problemas, un lugar donde yo solía ir hasta la casa de un vecino para sentarme sobre su alfombra exterior y hablar en árabe, mientras disminuía el calor del día y la llamada a la oración vespertina se escuchaba a través de los palmares.

Nada se movía, salvo tal vez el susurro de una mangosta en la maleza.

Ahora, ese Bahréin estaba allí ante mis ojos.

Y sin embargo, de alguna manera, debido a todo lo que ha pasado aquí recientemente, sentí que, si extendía la mano para tocarlo, se desvanecería. El Bahréin que conocí no estaba allí en lo absoluto.

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