España: dentro de la "ciudad" de la protesta

concentración en Puerta del Sol en Madrid Derechos de autor de la imagen AP
Image caption Los manifestantes siguen desafiando la prohibición de concentraciones previas a la hornada electoral

La Puerta del Sol de Madrid se ha convertido en una pequeña ciudad, un laberinto de habitaciones de madera y plástico donde funcionan todo tipo de comisiones y de las que cuelgan mapas para no perderse.

En la víspera de las elecciones municipales en España, los simpatizantes del llamado Movimiento 15-M siguen llegando como si quisieran contagiarse de algo.

A las cinco de la mañana sus sonrisas y miradas brillan de satisfacción. La acampada ha cruzado el umbral de la prohibición de la Junta Electoral sin que se haya movido un policía para desalojarlos.

Casi todos llevan pegados en sus camisas frases como "Estoy reflexionando".

Sin etiquetas

El movimiento se ha desmarcado de los partidos políticos aunque la acampada está salpicada de mensajes que subrayan la misma idea a la hora de votar: "hay otras opciones, infórmate".

Apenas se puede caminar por las calles aledañas, tapizadas de gente que lee con avidez las pancartas que cubren las fachadas: "La Revolución estaba en nuestros corazones"; "Por qué tengo votar al menos malo?"; "No somos antisistema, el sistema es antinosotros"; "Pocos panes para demasiados chorizos (ladrones)"...

En varias esquinas también se pueden leer los nombres de políticos investigados por corrupción que, pese a ello, se presentarán en las listas de sus partidos.

"Vuelvo a tener fe en la gente. Siempre me había preguntando por qué los jóvenes no reaccionaban contra la crisis y el mundo financiero que nos controla", comenta a BBC Mundo el chileno Juan Carlos Águila.

"Lo están haciendo muy bien, sin violencia, sin que esto se convierta en un botellón (consumo de alcohol en la vía pública). Estoy emocionado", dice mientras avanza entre alguna nube de hachís y grupos que juegan a las cartas, tocan tambores o discuten a la espera del amanecer.

A su lado la valenciana Maite Vidal busca entre el enjambre de tiendas de campaña y carteles un símbolo o una bandera.

"Eso me ha gustado: no han querido poner ninguna bandera para que no se les etiquete y para que no se les asocie con ningún partido", comenta y agrega con una sonrisa: "es un lugar para cargarse de energía, sólo hay que ver la mirada de la gente".

Comisiones y micrófono abierto

El sol comienza a salir sobre la pequeña república mientras se escucha un megáfono de fondo: "por favor los miembros de las comisiones recuerden que tenemos asamblea general al mediodía". La comisión de alimentación comienza a distribuir los desayunos.

"Hemos crecido muy rápido y hemos ido creando grupos de trabajo dependiendo de lo que sabe hacer la gente. Tenemos comisiones de comunicaciones, infraestructuras, temas legales, limpieza, respeto, una zona recreativa para los niños. Todo lo que tenemos ha sido a través de donaciones de la gente", explica a BBC Mundo Noelia Moreno, de la comisión de comunicaciones.

A su alrededor carpas y mesas donde los voluntarios dan información del movimiento, de las replicas que hay en otras 29 ciudades de España y cómo la chispa se ha ido exteniendo por otros países de Europa y el mundo.

"Aún no hemos decidido qué vamos a hacer después de las votaciones de este domingo".

"Lo que no queremos es que el impulso se muera. Siento que sin pensarlo hemos creado un movimiento que puede cambiar la historia de la democracia", agrega la joven con la voz ronca por las decenas de entrevistas que ha concedido.

En la fuente de Sol, en un improvisado escenario de discursos, un joven toma la palabra. "No podemos vivir al margen del sistema pero sí se puede vivir de otra manera", comenta en medio de aplausos mientras le deja el micrófono a otro espontáneo.

"Nos gobiernan las empresas y los bancos. Mientras no terminemos la hegemonía del sector financiero vamos a seguir viviendo los mismos problemas", agrega ante un público variopinto de jóvenes, inmigrantes, jubilados.

Ha llegado el rey

Derechos de autor de la imagen juanjo robledo
Image caption Un falso rey Juan Carlos y su guardespaldas en medio de la concentración en Madrid, a la que hasta ahora ningún politico se ha asomado

Bajo una de las tiendas de campaña, la madrilena Marcela Correa, de 74 años de edad, invita a los curiosos para que entren a la "ciudad" de los acampantes.

"Pasen y echen una firmita de apoyo que, si mi jubilación me lo permite, invito a chupa chups (dulces) a los primeros que entren", exclama con megáfono en mano.

Luego lo baja y se dirige a una mujer: "Llevo tres días aquí. Esta gente es sana. Lo que queremos es cambiar la forma de hacer política, que ya estamos hartos de los mismos con las mismas", subraya la anciana.

Entre los tumultos de personas discurre la silueta del que parece ser el rey Juan Carlos con un guardaespaldas. Manifestantes y curiosos se restriegan los ojos como si vieran una alucinación.

Son actores que deambulan entre murmullos. "Don Juan Carlos ¿a quién va a votar?", le pregunta alguien. "A nadie. El rey no vota", responde el imitador.

La ciudad continuará existiendo durante las votaciones. Frente a las pocas furgonetas de la policía que permanecen en la plaza cuelga un cartel: "Nos quedaremos a dormir para poder seguir soñando".

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