Noruega: "El Anders Behring Breivik que yo conocí"

Última actualización: Domingo, 31 de julio de 2011
Anders Breivik

Anders Breivik en sus años escolares.

Anders Behring Breivik ha admitido que mató a 77 personas en dos ataques en Noruega. El periodista Peter Svaar, de la emisora pública NRK, ​​fue uno de los primeros en llegar al lugar de la explosión en Oslo, la capital, y en este artículo escrito para la BBC cuenta cómo se sintió al descubrir que el autor de los ataques era un antiguo amigo.


Era mi último día de trabajo antes de las vacaciones de verano y yo había estado pensando en dejar la oficina temprano.

Columnas de humo negro se elevaron desde el Ministerio de Comercio y en la calle había varios muertos y heridos.

Mientras estábamos allí, escuchamos las noticias de disparos en el campamento de verano del Partido del Trabajo en la isla de Utoya. Al principio lo descarté como un rumor, pero no fue así.

A las diez de la noche finalmente me dirigí a casa, a pie, porque todo el centro de Oslo ya había sido acordonado por la policía.

"¿Fue mi amigo, mi compañero de escuela quién lo hizo? Sí. Fue él."

A sólo una cuadra de mi apartamento, los escaparates de algunas tiendas estaban destrozados y había un silencio escalofriante, fantasmal.

De vuelta a casa, recibí un mensaje de un amigo.

"Éste es él", decía. "Éste es el hombre. El hombre que acaba de ser detenido en el campamento de verano".

Había incluido un vínculo a una página de Facebook. Tres o cuatro imágenes, sin duda hechas profesionalmente, en un estudio. Casi como si fuera un kit de prensa.

Eran imágenes de un hombre que yo conocía.

Imágenes de un hombre cuyo nombre mucha gente ni siquiera volverá a pronunciar, ya que no quieren contribuir a su fama.

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Compañero de escuela

Anders Behring Breivik era amigo mío. Fue mi compañero de clase durante cuatro años.

Fuimos juntos a la escuela secundaria y a la primera parte de la universidad. Crecimos en el mismo barrio de Oslo.

Anders Breivik

Breivik, de 32 años, mató a 77 personas, la mayoría de ellos adolescentes.

Yo lo veía casi todos los días durante esos años, participábamos juntos en excursiones escolares y, de vez en cuando, nos veíamos los fines de semana.

Al principio, yo no podía creer que fuera cierto.

¿Fue realmente él el atacante rubio en Utoya, el hombre que acababa de matar a tanta gente, a tantos jóvenes?

El hombre que había jugado con ellos, diciéndoles que no se preocuparan, instándolos a acercarse, antes de dispararles a quemarropa, con una ametralladora.

¿Fue mi amigo, mi compañero de escuela quién lo hizo? Sí. Fue él.

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Odio

No era un hombre muy diferente de mí. Teníamos la misma edad, estudiamos en los mismos lugares.

"Todavía no puedo entender el origen de todo ese odio"

A ninguno de nosotros nos ha faltado nada material ni hemos sido víctimas de alguna injusticia social importante, en este país que tiene un amplio estado de bienestar.

Por supuesto, nunca he pasado años delante de mi computadora investigando recetas de bombas o visitando sitios web de la extrema derecha.

Y, lo que es más importante, nunca he sentido el tipo de ira o de odio que él debió haber tenido en su interior.

Todavía no puedo entender el origen de todo ese odio.

La mayoría de la gente ahora lo considera un monstruo.

Pero yo aún recuerdo su sonrisa y sus bromas.

Recuerdo cómo Anders a veces se le acercaba a uno por detrás y, en tono de broma, le gritaba "kra!" en el oído, sólo para darle un buen susto.

Era su saludo habitual en el patio de la escuela en esos años.

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Un tipo ordinario

También me acuerdo de su creciente fijación con el levantamiento de pesas y con el hip-hop, y de cómo siempre se mantenía muy bien presentado.

Utoya

El periodista Peter Svaar estuvo en la isla el día antes de la masacre.

Hacia el final de nuestros días escolares, yo sabía que él estaba tomando esteroides para tener más músculos. Pero no era un tipo completamente solitario, alguien con quien no valía la pena salir.

Básicamente, no era alguien muy fuera de lo común.

Nuestros caminos casi se cruzaron, no una sino dos veces, la semana de los ataques.

La primera vez fue en el centro de Oslo, que supongo que dejó unos minutos o tal vez una hora antes de mi llegada: él había ido a poner la bomba y yo, un poco más tarde, a informar sobre ella.

Lo mismo ocurrió en la isla de Utoya. Yo también estuve allí, sólo que primero que él.

Un partido de fútbol

En la mañana del jueves, el día antes de los ataques, esperé pacientemente por el ferry que nos llevaría a la isla con el ministro de Asuntos Exteriores, Jonas Gahr Store, que iba a dar un discurso allí.

Jonas Gahr Store

El ministro de Asuntos Exteriores dio un discurso en Utoya y después participó en un juego de fútbol.

Conocido simplemente como Jonas en la isla, llegó en su Mercedes negro, solo, sin equipo de seguridad, sin asistentes, sin secretario de prensa, sin nada.

Eran sólo él y su chofer, quien se quedó en el coche.

Jonas se había vestido de manera informal, con vaqueros y un jersey, y en el corto viaje en ferry había charlado de cosas sin importancia.

Cuando llegamos a la isla, me senté en la hierba frente a una pequeña cabaña de madera de color rojo, mientras varios cientos de campistas escuchaban un breve discurso de Gahr Store sobre la crisis del hambre en el este de África y las perspectivas de un Estado palestino.

Posteriormente, se vistió con ropas de fútbol y participó en un partido amistoso, que su equipo perdió.

Muchos de los jugadores en ese partido ahora están muertos. Y varias decenas de los que los animaban también murieron.

Les disparó no sólo una, sino dos veces, para estar seguro. Niños. Recuerdo sus caras.

¿Loco?

No sé lo que llevó a Anders a hacer eso. Pero, lamentablemente, no creo que esté loco.

"El Anders que yo conocía no era un monstruo. Y como dice el refrán, no era una isla. Era un producto de nuestra sociedad. Era uno de nosotros."

Habría creado una distancia cómoda entre nosotros si yo pensara que lo está.

Nada de lo que sé de él desde nuestros días escolares o de lo que he leído en su llamado manifiesto indica que lo esté.

Más bien, es frío, inteligente y calculador.

El Anders que yo conocía no era un monstruo.

Y como dice el refrán, no era una isla. Era un producto de nuestra sociedad. Era uno de nosotros.

Contexto

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