Somalia: cuatro elementos que complican la hambruna

Refugiados somalíes en el campo de refugiados Dadaab en Kenia Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption La mitad de los 3,7 millones de somalíes están en situación crítica por el hambre.

El Cuerno de África, con Somalia a la cabeza, sufre los efectos del hambre.

Tras la declaración de hambruna que hizo la ONU el 20 de julio en dos áreas de este país, se multiplican los esfuerzos para hacerle frente a la crisis.

La mitad de los 3,7 millones de somalíes están en situación crítica.

Y en la región -Kenia, Etiopía y Yibuti también se ven afectados- suman 12,4 millones las personas afectadas por la peor sequía en más de 50 años.

Los desafíos son grandes, complejos y diversos.

Para dar cuenta de ello, basta citar cuatro elementos sobre esta situación que entorpecen la solución a la crisis.

"Presos" de al-Shabad

El grupo con afiliación a la red al-Qaeda, al-Shabad, control partes del sur y centro del país, donde se ha declarado la hambruna.

La organización rechaza desde la música occidental hasta la presencia en el terreno de organizaciones de ayuda humanitaria.

Acceder es virtualmente imposible por motivos de seguridad.

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Y de acuerdo al diario estadounidense The New York Times ahora también se complica la salida de los afectados.

La publicación asegura que el grupo islamista "está interceptando personas desplazadas que intentan llegar a la capital Mogadiscio y las fuerzan a quedarse en campos controlados por al-Shabad fuera de la ciudad".

Se estima que desde principios de 2011 cada mes unos 15.000 somalíes escapan a campos de refugiados en Kenia y Etiopía en busca de agua y comida.

Sin embargo, víctimas de la sequía que lograron llegar a la capital del país le dijeron al diario que el grupo amenaza matar a cualquiera que deje la zona, ya sea hacia los países vecinos o por zonas controladas por el gobierno.

Estas denuncias fueron negadas por el grupo.

De acuerdo al especialista en África de la BBC, Andrew Harding, numerosas mujeres confirmaron que el grupo islamista estaba haciendo difícil que la gente dejara las zonas afectadas por la hambruna.

Bintow Hassan, de 40 años, le dijo a Harding -enviado a Somalia- que hombres armados de al-Shabad mataron a su hijo cuando lo vieron con una bolsa de comida.

"Dijeron que era ayuda que venía del infiel. Lo ataron y le dispararon", contó.

Difícil acceso

La situación de inseguridad y anarquía -Somalia no cuenta con gobierno formal desde 1991- convirtió al país en uno de los de más difícil acceso para organizaciones internacionales.

A ello se suma el boicot, ahora levemente atenuado, que impuso en 2009 al-Shabad a organizaciones de ayuda humanitaria que no podían ingresar a territorios bajo control islamista.

Pero no es sólo al-Shabad. Antes eran grupos armados y los piratas que controlan la costa somalí.

Tanto la ONU como Estados Unidos denunciaron que el personal de las agencias necesita mayores garantías de seguridad para realizar su trabajo.

Docenas de trabajadores humanitarios han muerto a manos de al-Shabad en los últimos años.

Tampoco ayuda para la llegada de la asistencia que en 2008 el departamento de Estado de EE.UU. haya declarado a la organización como "grupo terrorista".

Esto criminaliza proveerle asistencia material.

"Trabajadores humanitarios dicen que las restricciones han tenido un efecto negativo -señala el diario- ya que es casi imposible garantizar que al-Shabad no se quede con parte de la ayuda entregada en sus áreas".

El Programa Alimentario de Naciones Unidas tiene el acceso impedido a las zonas de al-Shabad y es, asegura Harding, la única con el músculo logístico suficiente para hacerle frente a la hambruna.

"Por lo que la prohibición es un obstáculo letal", dice.

El director del organismo en el país, Stefano Porretti, asegura que "Somalia es uno de los lugares del mundo más complicados para distribuir ayuda, más complicado que Afganistán".

Saturación en los campos

Kenia ya cuenta en su territorio con unos 400.000 somalíes viviendo en campos de refugiados.

Y el flujo complica que el país, con la ayuda de agencias humanitarias, haga frente a todos los casos.

Hay quienes se encuentran "sin las mínimas condiciones de higiene y lejos de las clínicas, las escuelas y otros servicios", señala la ONG Save the Children.

En Dadaab, Kenia, se encuentra el que es hoy por hoy el mayor campo de refugiados del mundo.

Se encuentra a unos 100km de la frontera con Somalia y tiene una extensión de unos 50km2.

Sólo en julio llegaron al país 40.000 somalíes, de acuerdo a cifras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Ante el incremento en el número, las autoridades de este organismo comenzaron a mover a los desplazados hacia otras áreas del campo, que ya fue declarado con capacidad llena tres años atrás, señala el diario británico The Guardian.

Fueron construidos para albergar 90.000 personas.

"El número de refugiados que huyen de la crisis alimentaria en Somalia es tan elevado, que existe un retraso de más de 16.000 personas por identificar en las entradas de los campos de refugiados de Kenia", asegura Save the Children.

"Todos los niños y niñas que huyen del hambre y la guerra en Somalia llegan exhaustos al campo, pero aferrados a la vida. Tenemos que hacer algo más que obligarles a vivir entre la maleza", aseguró el responsable de esta ONG en Kenia, Prasant Naik.

Financiación

Derechos de autor de la imagen Reuters
Image caption Hay más de 12 millones de personas afectadas por la sequía en el Cuerno de África.

Aunque las agencias locales puedan aliviar en algo, igual se necesita la financiación extranjera. Y ni las grandes agencias las tienen todas consigo.

Unicef apeló este martes a la solidaridad de las compañías aéreas para transportar ayuda a Somalia.

El organismo pidió que las aerolíneas acepten transportar de forma gratuita o a tarifas reducidas alimentos terapéuticos que pueden salvar la vida a los afectados por el hambre.

En tanto, la Cruz Roja asegura que la ayuda llega por el momento "a un bajo porcentaje de quienes la necesitan".

La ONU asegura que se necesitan US$2.500 millones para atender la crisis en Somalia, US$1.400 millones más de los ya comprometidos por agencias y donantes.

La conexión local
Pese al rechazo a la grandes organizaciones internacionales, han sido grupos más pequeños y locales los encargados de trabajar en el terreno. Se estiman que ya son una docena. Es un hecho que se pierde, dice el enviado de la BBC, ante el escándalo generado por la prohibición a otras organizaciones. El plan ante la situación de hambruna es comenzar a utilizar la conexión local para canalizar el dinero y la asistencia. Otro elemento a tener en cuenta, explica Harding, pasa por la estructura de al-Shabad, un grupo de varias cabezas. Y cita a funcionarios de la Unión Europea que explican que en zonas controladas por esta organización, líderes locales igualmente solicitan ayuda para hacerle frente a la crisis y que están abiertos a la asistencia extranjera.

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