Omarino y Ricudo: dos esclavos indígenas desaparecidos en Londres

Dos esclavos de la fiebre del caucho Derechos de autor de la imagen Cambridge University MAA
Image caption Omarino y Ricudo, dos esclavos huitoto que fueron llevados a Reino Unido en 1911. © Cambridge University MAA

Fany Kuiru, activista indígena del Amazonas, ha hecho recientemente un llamamiento público para que se reconozca el genocidio indígena que tuvo lugar durante la primera "fiebre del caucho" entre finales del siglo XIX y principios del siglo pasado.

La intención de esta activista es investigar qué ocurrió con los dos esclavos indígenas, Omarino y Ricudo, que viajaron a Londres en 1911 junto a un cónsul británico para mostrar al mundo los crímenes que las empresas, ciegas por la codicia, cometían contra los pueblos de la Amazonia durante la primera fiebre del caucho que duró, aproximadamente, cincuenta años.

Para Kuiru, el descubrimiento del destino de los dos indígenas ayudará a que "los espíritus de los antepasados descansen en paz".

Fany Kuiru pertenece al pueblo indígena huitoto y es originaria de La Chorrera, en el departamento de Amazonas colombiano. Éste fue uno de los lugares donde se instalaron las empresas de caucho, uno de los recursos más explotados de la selva amazónica.

Kuiru es descendiente de los indígenas que vivían en la selva amazónica y que acabaron siendo víctimas de estos empresarios que les esclavizaban para satisfacer la demanda de recursos de Europa.

Este llamamiento forma parte de un proceso de reconstrucción de la memoria histórica que Kuiru lidera desde 2003. "Hay una herida abierta que no se ha sanado y la manera de hacerlo es reconocerlo públicamente y pedir perdón. Así ha sido con otros genocidios".

¿Por qué ahora?

Cien años después del viaje de los dos esclavos indígenas a Reino Unido, Fany Kuiru quiere recuperar su historia como símbolo para recomponer la memoria del pueblo indígena.

La historia de Omarino y Ricudo se dio a conocer en 1911 en el diario británico Daily News -que ya no existe- cuando viajaron al Reino Unido con el cónsul británico Roger Casement, directamente desde la provincia de Putumayo en la Amazonia.

Allí fue enviado un año antes Roger Casement, protagonista además de la última novela de Mario Vargas Llosa "El sueño del celta", por el Gobierno británico para investigar acerca de los abusos cometidos a los esclavos indígenas durante la fiebre del caucho.

Omarino y Ricudo viajaron a Londres con el cónsul británico para ser presentados en público y denunciar oficialmente los crímenes y la brutal esclavitud a la que estaban sometidos estos pueblos para satisfacer la gran demanda de caucho de Europa.

"Nos envían muy, muy dentro de la selva para conseguir caucho, y si no lo conseguimos o no lo conseguimos los suficientemente rápido, nos disparan", contó Omarino al Daily News.

Los dos esclavos indígenas representaban físicamente el drama que estaba ocurriendo a miles de kilómetros de Reino Unido, donde se calcula que murieron hasta 40.000 personas.

Según Survival International, organización que defiende los derechos de los pueblos indígenas tribales, las últimas declaraciones que hicieron Omarino y Ricudo fueron publicadas por el Daily News.

"Londres es maravilloso, pero el gran río y la selva donde vuelan los pájaros, son más hermosos. Algún día volveremos", contó Omarino. Tras estas palabras, no se volvió a saber de ellos.

Tampoco en las comunidades indígenas de la región los recuerdan. "Nuestros ancianos ya están falleciendo y la cauchería se llevó a cabo en un territorio muy grande", comenta Kuiru y añade, "además, no se habla del tema públicamente. Las nuevas generaciones creemos que es importante hablar de ello. A mí me ayuda mucho".

La herencia de la fiebre del caucho

Stephen Corry, director de Survival International, indica que "la fiebre del caucho puede parecernos historia antigua, pero sus efectos aún se sienten".

Según Survival, existe relación entre Omarino y Ricudo, los dos esclavos huitoto que viajaron a Londres, y los pueblos indígenas que hoy en día permanecen aislados en la selva amazónica.

Derechos de autor de la imagen W Hardenburg
Image caption Miles de indígenas fueron esclavizados y asesinados durante la fiebre del caucho. © W Hardenburg

Se dice que éstos últimos son los descendientes directos de los que sufrieron la iniquidad de las empresas del caucho, que huyeron hasta las remotas cabeceras de los ríos para escapar de los asesinatos, las torturas y las epidemias que diezmaron a la población indígena.

Además, todavía se producen abusos sobre los derechos de los indígenas. Con motivo del Día Internacional de la ONU para los Pueblos Indígenas, Ban-Ki Moon declaró hace dos días que es imprescindible "comprometerse a acabar con los graves abusos que sufren los pueblos indígenas en muchas partes del mundo".

El Secretario de Naciones Unidas ha instado a los Estados Miembros a "ayudarlos a proteger, desarrollar y obtener compensación justa por su patrimonio cultural y sus conocimientos tradicionales que nos benefician a todos". Para Rebecca Spooner, de Survival International, sin embargo, esta compensación se traduce en algo más concreto.

El convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, es un instrumento jurídico internacional creado exclusivamente para la protección de los derechos de los pueblos indígenas, en especial los derechos sobre la tierra.

"En países como Perú y Bolivia ha sido ratificada pero raramente es aplicada", indica Rebecca Spooner y añade, "Nuestros ojos deben estar puestos en esa ley para que la discriminación no continúe".

Para Fany Kuiru, la activista huitoto, se trata de que "la humanidad tome conciencia de que estos hechos no se pueden repetir".

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