"Dañar a quienes no tienen dinero no resuelve nada"

Trabajadores tapiando una ventana Derechos de autor de la imagen Ian Nicholson PA Wire
Image caption Trabajadores tapian una ventana en Hackney horas antes de los disturbios tras el aviso de la policía.

El barrio londinense de Hackney, donde hubo disturbios el lunes en la noche, se convirtió en un escenario intimidatorio para los residentes que se atrincheraron en sus negocios y casas para protegerlos y protegerse a sí mismos.

Hacia las nueve de la noche, en la calle Clarence Road, uno de los puntos donde hubo disturbios en el distrito londinense de Hackney, sólo quedaban los restos de la batalla y un ir y venir de encapuchados que todavía participaban de algún modo en los desórdenes.

La policía esperó a que los agitadores se tranquilizaran o se alejaran para ocupar la calle. Una vez protegida la zona, los vecinos salieron a recoger los destrozos y volvieron a sus casas.

Poco después, en Clarence Road, no quedaban más que discusiones entre vecinos indignados y algunos encapuchados que caminaban nerviosos.

"¡En Hackney somos pobres! ¡La gente es el motivo por el que luchar y ustedes están destrozando nuestros negocios y nuestro barrio!", gritaban algunos vecinos.

El ambiente, aunque tenso, se relajaba poco a poco y algunos empezaron a salir a la calle.

Un refugio en Clarence Road

Mustafa Mustafa, es un vecino turco que lleva un centro social internacional en Clarence Road en el que se juntan hombres de todas nacionalidades, la mayoría de edad avanzada, para pasar el tiempo, jugar a las cartas y tomar café o té inglés.

La entrada al local es muy pequeña y las ventanas están protegidas con barras. A pesar de ello, Mustafa asegura que han tenido mucha suerte. Los negocios de ambos lados presentaban daños evidentes en los cristales, incluso, calle abajo, habían vaciado algunos establecimientos y bares.

Derechos de autor de la imagen Aida Prados
Image caption Tres hombres juegan a las cartas dentro de un bar tras la intervención de los disturbios por parte de la policía. (Foto: Aída Prados)

"Tiendas en las que normalmente compraba, ahora están hechas pedazos", explica Mustafa, que no deja de hablar de la situación que aún se vive. "Aquí, en esta zona de Hackney, estamos acostumbrados a los saqueos pero esto es algo que se ha contagiado y que no sabemos de dónde viene", aclara.

Dentro del centro social, un grupo de hombres charlaban sobre lo ocurrido sentados alrededor de una mesa redonda bajo un gran retrato del líder turco Atatürk, que preside el local. "Estos destrozos los vamos a pagar entre todos. Además, los seguros a partir de ahora serán más caros", comentaban entre ellos mientras escuchan las noticias de la televisión que ya no difundía nada nuevo.

Unos minutos después, se convirtió en un simple ruido de fondo. Según los ánimos se calmaban, todo volvía a la normalidad dentro del local.

"Somos un grupo de amigos que nos juntamos desde que llegamos a Londres, hace muchos años, y ahora nos hemos hecho viejos", comenta uno de ellos, mientras empiezan una partida de cartas para seguir pasando las horas.

Aun con un ambiente tranquilo, se podía escuchar en la calle a jóvenes gritando Fuck the police a lo que Mustafa añadía que el motivo por el que los jóvenes a veces odian a la policía es porque "algunas personas tienen que pasar por experiencias desagradables en las que son tratados como criminales" por su color de piel.

Esta situación se repite más a menudo en barrios como Hackney o Tottenham donde menos de la mitad de la población pertenece al grupo de británicos blancos.

"Esto es Hackney", dice Mustafa mientras mira el local y señala las mesas donde juegan y charlan sus colegas que vienen de diferentes países de Europa del Este, África, India y Pakistán.

El barrio de Hackney se ha construido la reputación de ser uno de los barrios más conflictivos de Londres. Sin embargo, es también conocido por su multiculturalidad y su referencia como centro cultural lo que ha ayudado a reducir la criminalidad de la ciudad.

"No es la manera"

Las sirenas volvieron a sonar varias veces en las siguientes horas. Aunque la batalla campal entre los jóvenes y la policía había terminado, todavía quedaba un hilo de actividad de las revueltas.

Algunos de los hombres que permanecían en el local se alarmaban y salían para ver qué pasaba en la calle. Uno de ellos se acercó a investigar un poco más los incidentes y regresó con una botella de vino entre las manos que tomó del escaparate de un establecimiento que había sido saqueado: "Están por todas partes ¡Miren lo que han hecho!", decía enseñando la botella a sus colegas.

Mustafa aseguró no saber quiénes eran los jóvenes responsables del pillaje pero lo que tiene claro es que si hubieran estado en su local con él, les habría dicho que "esta no es la manera de hacer las cosas, que dañar a quienes no tienen dinero o seguros no resuelve nada y que volvieran a casa con sus padres".

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