Antímano, un barrio que simboliza la violencia en Venezuela

Antímano, Caracas Derechos de autor de la imagen BBC World Service
Image caption Cada media hora asesinan a una persona en Venezuela.

Cada media hora asesinan a alguien en Venezuela. En lo que va de año, 3.603 cadáveres ingresaron a la morgue de Bello Monte en Caracas, según cifras del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC).

Se estima que en Venezuela el año pasado se cometieron unos 14.000 asesinatos.

El fin de semana pasado la violencia en la capital venezolana alcanzó una nueva marca: más de 70 personas ingresaron a Bello Monte, y en el 80% de los casos se trató de homicidios, señaló el diario El Universal citando información extraoficial del CICPC.

El corresponsal de BBC Mundo en Caracas, Juan Paullier, visita una de las zonas más violentas de la capital más violenta de América Latina.

En Antímano, una parroquia ubicada en el oeste de Caracas, los habitantes aprenden a convivir con la muerte.

No tienen otra.

Como Apolonia Tocuyo, a quien ya le mataron tres hijos.

Temporalmente alejada de Antímano por las lluvias de fin de año, que pusieron su hogar en riesgo de derrumbe, Tocuyo -de 56 años- recorre con BBC Mundo esta parroquia de poco más de 150.000 habitantes.

"Siento impotencia, tristeza. Cada día hay más jóvenes muertos. Y nadie hace nada", dice.

Sus hijos Héctor, Danny y Andy murieron a los 26, 19 y 25 años respectivamente. Los dos primeros en 2002. El último el 30 de mayo.

Derechos de autor de la imagen BBC World Service
Image caption A Apolonia Tocuyo le mataron tres hijos y dice que sólo Dios puede solucionar el problema de la violencia.

Balas perdidas de un tiroteo entre bandas acabaron con Héctor y Danny.

Andy volvía de trabajar y mientras aguardaba en la parada de autos rústicos 4x4, que suben a la gente a los cerros de este barrio, pasó una banda disparando.

Él corrió, pero le dieron.

Como el 90% de los asesinatos que ocurren en Venezuela, los homicidios de los tres hijos de Tocuyo no derivaron en una detención.

"Fatal"

Cuando cae el sol, Antímano es tierra de cualquiera menos de la autoridad.

"A las cinco de la tarde me guardo y no salgo. Eso es lo que hace la gente", asegura Johnny Lugo.

En una ciudad donde matan a la salida de funerales, que asesinen a alguien fuera de una estación del metro podría ni sorprender.

A principios de mes Henry Gómez esperaba sentado en su moto fuera de la estación de Antímano a las siete de la noche.

Le pegaron dos tiros. Nadie sabe por qué.

La muerte de Gómez, de 32 años y presidente de una línea de mototaxis, indignó a los transportistas que protestaron días después.

"La situación es fatal", dice Lugo, quien al igual que sus compañeros lleva una camiseta con la inscripción en la espalda que recuerda a Gómez: "Por siempre el presi".

"Faltan los cuerpos de seguridad. Ahora empezaron a meterse porque nos están matando a toditos allá arriba".

Ofensiva

La situación es tal que hace un par de semanas el gobierno anunció el despliegue, a partir del 1º de septiembre, de más de 600 efectivos de la Policía Nacional, 53 vehículos y 83 motos.

La semana pasada en varias horas de recorrido por la zona, BBC Mundo apenas se cruzó con un vehículo policial estacionado y tres agentes de seguridad bajo un toldo en la plaza de Antímano.

"No hay presencia de las autoridades, hay bandas que se disputan el control del territorio, que por la propia geografía de la zona complica el acceso de la policía y facilita el accionar de las bandas": esos son algunos de los factores que confluyen, explica Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de Violencia, OVV.

Pero no se trata sólo de eso. Los vecinos de Antímano dicen que los malandros (delincuentes) son cada vez más jóvenes. "Ya no quedan malandros viejos", dicen.

Carolina, madre de tres, no entiende: "¿Dónde están los padres? ¿Por qué no los controlan? ¿Cómo puede ser? Falta más atención de los padres".

Así es la dinámica de este barrio, que no es ajena a otras zonas populares de la capital de Venezuela, un país donde cada media hora asesinan a alguien.

"El único que puede parar esto"

Briceño León dice que se llegó a esta situación por "la decisión que ha tomado el gobierno de no hacer nada. No reprimió y eso significa impunidad".

"Y también -agrega- por el mensaje violento, el elogio a la violencia que hay en el país. La norma y la ley dejaron de funcionar como mecanismo regulador de conflictos. La ciudadanía tomó la decisión de protegerse y, en algunos casos, hacer justicia por mano propia".

El gobierno, en tanto, defiende que no busca aplicar una táctica de represión y destaca que ha cumplido con el 90% de las recomendaciones realizadas desde 2006 por la Comisión Nacional para la Reforma Policial (Conarepol), destinadas a la constitución de un nuevo modelo policial.

Ni los especialistas ni la gente del barrio creen que la situación actual se solucione con una mayor presencia policial.

"Si no hay una respuesta institucional del Estado, un mensaje muy claro en el cual la ley hay que respetarla y que se va a hacer cumplir, si ese elemento central no existe como mensaje, entonces difícilmente todo lo demás funciona", opina Briceño, quien resalta que el gobierno de Chávez puso en marcha más de 16 planes de seguridad en sus casi 13 años de gobierno.

"Eso no cambia nada", dice Tocuyo sobre el anuncio del gobierno. "Lo que me pasó a mí, le pasó a otras madres. Ahora confío más en Dios, porque él es el único que puede parar esto".

Violencia y criminalidad de cara a las elecciones
La organización International Crisis Group (ICG) aseguró en un informe que la violencia y la criminalidad podrían incrementarse de cara a las elecciones presidenciales de 2012.El ICG reconoce que aunque los problemas de inseguridad no comenzaron con el presidente Hugo Chávez, "su gobierno tiene que responder por su ambigüedad frente a varios grupos armados, su incapacidad o falta de voluntad para hacer frente a la corrupción y a la complicidad delictiva en sectores de las fuerzas de seguridad, su política de armar a los civiles 'en defensa de la revolución' y –por último, pero no por ello menos importante– la propia retórica incendiaria del presidente".

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