Las cinco lecciones de Afganistán e Irak para Libia

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Image caption La nueva institucionalidad libia tiene un largo camino que recorrer.

Con los tiempos de Muamar Gadafi en el filo de ser ya historia, la cuestión a la que se enfrentan los libios es si el nuevo régimen surgido de la rebelión les llevará a tener una vida mejor y, sobre todo, cuándo.

Para responder, antes deberán asegurarse de no repetir los errores de Afganistán e Irak, que tras las caídas del Talibán (2001) y Sadam Hussein (2003) no entraron precisamente en una acelerada senda de democratización.

Ambos son en la actualidad dos de los países más violentos y menos habitables del mundo, donde el horror es casi cotidiano: día sí, día también, las noticias son atentados bomba que dejan decenas de muertos.

Salvando las distancias, que son muchas, al nuevo gobierno libio, que todo apunta a que recaerá en el Consejo Nacional de Transición, no le vendrá mal tener presente los grandes patinazos de los casos afgano e iraquí.

Eso no garantizará el éxito en la nueva Libia, pero algo ayudará.

BBC Mundo examina cuáles son las cinco lecciones que dejan Afganistán e Irak a los libios.

1.- Soldados en el terreno

El mayor error en el que coinciden los expertos consultados por BBC Mundo sería que de la seguridad de Libia se terminara encargando un contingente de tropas extranjeras ignorantes del idioma y costumbres locales.

Image caption La presencia de fuerzas extranjeras alimenta una reacción ultranacionalista.

El experto en resolución de conflictos Mariano Aguirre, director del Centro Noruego de Recursos para la Construcción de la Paz (Noref), considera que la presencia de militares extranjeros contribuiría a exacerbar un sentimiento ultranacionalista y de anticolonialismo.

"Los soldados entrando en las casas, invadiendo la intimidad, las mujeres siendo cacheadas, las torturas en Abu Ghraib o Guantánamo... Todo eso sólo alimenta la reacción popular", le dijo a BBC Mundo.

Así, recuerda Aguirre, pasó en Afganistán y en Irak, donde "líderes locales aprovecharon la presencia extranjera para fomentar la agitación y ganar crédito".

O, en los términos que lo puso el propio exsecretario de Defensa Robert Gates: "Cualquier secretario de Defensa que recomiende al presidente volver a enviar un gran contingente a Asia, Medio Oriente o África, debería 'hacerse examinar la cabeza' como tan delicadamente lo dijo el general MacArthur".

2.- Desmontar las fuerzas de seguridad

"La desarticulación de las fuerzas de seguridad en Irak fue un error muy fuerte que trajo dos problemas: los soldados invasores se tuvieron que hacer cargo de la seguridad y los despedidos se unieron a la insurgencia", señala Aguirre.

Como apunta el experto, el grueso de las tropas de la coalición, fundamentalmente estadounidenses y británicas, no hablaban el idioma ni conocían la idiosincracia, con lo que "discernir aliados de enemigos se volvió tarea imposible".

Pero también, "los privados de empleo, bien por frustración, por venganza o por convicción política, se sumaron a la insurgencia".

"Éste es el gran desafío libio, ver cómo se mezclarán los antiguos policías de Gadafi con los insurgentes", considera Aguirre.

3.- Desarticular las instituciones

Los nuevos encargados de gobernar libia se encuentran en la encrucijada de qué hacer con el aparato institucional de Gadafi, por más tenue que fuera.

El experto internacionalista George Joffe, de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), lo describe en los siguientes términos: "Si te deshaces de todo el sistema, como en Irak, creas caos. Si no lo haces, te ves ante una potencial nueva dictadura", le dijo a BBC Mundo.

Como apuntó el politólogo y experto en Relaciones Internacionales Richard Young, director del FRIDE, "una equivocación muy grande en Irak fue echar a todos los funcionarios públicos que tenían algo que ver con el partido Batah".

"Si la comunidad internacional quiere ayudar, debe trabajar cooperando con las instituciones existentes, con los grupos más tradicionales que retienen alguna forma de credibilidad", le dijo Young a BBC Mundo.

Para Young, es necesario "un pacto político inclusivo". "Habrá quien no acepte las nuevas reglas del juego, con esos es imposible trabajar, pero hay que dar el primer paso de ofrecer la incorporación a la nueva institucionalidad y eso no se hizo en los cambios de régimen anteriores".

4.- Imponer modelo liberal-occidental

Young recuerda que, allá donde no existe tradición en ese sentido, "imponer un modelo de democracia liberal es muy complicado y además puede ser muy contraproducente". Y ésa es una de las lecciones tanto de Afganistán como de Irak.

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Image caption Los expertos coinciden en que tampoco se puede imponer el modelo liberal.

"Lo más complicado es reconocer en el nuevo modelo el lugar de las tribus, tan relevantes en el modelo social libio. Si les das demasiados privilegios, hay riesgo de que el sistema político se convierta en un mercadeo, como pasó en Afganistán".

El profesor Joffe considera además que el modelo liberal occidental se trata de una fórmula que "no es necesariamente universal".

"Los valores subyacentes que crean situaciones de justicia social y participación política existen en otras culturas y civilizaciones y se manifiestan de forma diferente", explicó Joffe.

"Debemos aprender con humildad a aceptar que estos países tienen sus propios mecanismos para lograr sus objetivos y que lo que hay que hacer es apoyarlos, no imponerles nuestra visión de cómo ellos deberían ser".

5.- Fomentar la corrupción

Según Aguirre, "otro error de EE.UU. fue canalizar gran cantidad de fondos, sin rendición de cuentas, que potenciaron la corrupción internacional y local, tanto en Afganistán como en Irak".

Con la experiencia de la transición desde el régimen de Suharto en Indonesia, la directora gerente del Banco Mundial, Sri Mulyani Indrawati, escribió sobre Libia un artículo titulado "Ganando la transición" en el que insta al nuevo gobierno a acelerar la creación de un tejido institucional para evitar la corrupción.

"Transparencia y rendición de cuentas son ideas poderosas con apoyo casi universal, lo que implica que los nuevos líderes no deben abandonarlas cuando la pelea se ponga difícil", escribió la exministra de Finanzas indonesia.

"La sociedad civil, las comunidades locales, los representantes de los pobres y la mujer juega un rol vital a este respecto y deberían ser incluidas en todos los niveles de toma de decisiones".

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