Calderón: ¿Hablar de "legalización" sin decir la palabra?

Felipe Calderon Derechos de autor de la imagen AP
Image caption Las recientes declaraciones del presidente de México refiriéndose a una "alternativa de mercado" respecto a la lucha contra el narcotráfico levantaron muchas cejas.

Son unas pocas palabras sumergidas en las miles que ha pronunciado el presidente mexicano Felipe Calderón en las últimas semanas, pero -según algunos- podrían estar marcando un cambio radical en la posición de México respecto al debate sobre la posible legalización de las drogas.

En su discurso a la nación, horas después del brutal ataque en Monterrey que dejó 52 víctimas a fines de agosto, Calderón dijo que, mientras los estadounidenses continúen siendo consumidores de drogas, la violencia generada por el narcotráfico en México es más difícil de detener.

Y agregó: "Si (Estados Unidos) están decididos y resignados a consumir drogas, busquen, entonces, alternativas de mercado que cancelen las estratosféricas ganancias de los criminales, o establezcan puntos de acceso claros, distintos a la frontera con México. Pero esa situación ya no puede seguir así".

Muchos en ese momento arquearon sus cejas ante la mención de "alternativas de mercado" como posible solución al problema del narcotráfico, una frase que, sin dudar, interpretaron como una referencia a la legalización de las drogas.

Si ese fuese el caso, marcaría un cambio radical - al menos discursivo - en la forma en la que el gobierno mexicano entiende el conflicto y lo que debe hacer su vecino del norte para ayudar a solucionarlo.

"La única 'alternativa de mercado' que no genera esas ganancias es la despenalización", le comentó a BBC Mundo, poco después de ese discurso, Luis de la Barreda Solórzano, un experto en seguridad.

"No se puede interpretar como otra cosa", afirmó.

La misma frase, en distintas variantes pero siempre mencionando "alternativas de mercado", ha sido repetida desde entonces por el presidente en varios foros, en entrevistas con la prensa local y extranjera y - la semana pasada - en su discurso frente a la Asamblea General de Naciones Unidas.

Sin embargo, Calderón nunca ha dejado claro a qué se refiere con esa frase, y cuando - durante una entrevista en un programa matinal de la cadena estadounidense CBS - se le pidió si se refería a la legalización, el presidente mexicano no lo aclaró.

"Sin comentarios"

Tanto después de la mención de "alternativas de mercado" que Calderón hizo en su discurso tras la tragedia de Monterrey, como tras las repeticiones de los últimos días, BBC Mundo pidió una aclaración a la oficina de prensa de la presidencia y la respuesta fue la misma: "Sin comentarios".

Esa falta de clarificación ha generado un mar de especulaciones sobre el significado de la frase.

Calderón ha dicho antes que la legalización de la producción, venta y distribución de las drogas deben estar en el debate sobre qué rumbo tomar, pero siempre ha sido firme en su rechazo personal a esa posible vía de solución al problema, ya que -por ejemplo- según el presidente, no tendría sentido que México tome una decisión así sin que su vecino tome una similar.

La pregunta es si Calderón, como parte de la ya históricamente delicada relación bilateral entre México y Estados Unidos, estaría virtualmente sugiriendo a Washington que cambie su postura agresiva contra el consumo de drogas.

"Si (la legalización) es a lo que se refiere, es lo único que podría hacer una diferencia real para reducir la violencia", dice a BBC Mundo Jeffrey Miron, un economista de la Universidad de Harvard en EE.UU. que defiende la legalización en sus escritos económicos.

"Los carteles tienen ganancias altas precisamente porque es ilegal", explica, "y no creo que haya mucha disputa sobre la idea de que la legalización hará bajar los precios, reducirá la violencia y la corrupción".

Pero, ¿encontraría en Washington la propuesta de Calderón algún tipo de recepción, si eso es a lo que se refiere?

"El presidente Obama no ha hecho nada que indique que es comprensivo con el argumento de la legalización; tiene básicamente la postura de un republicano", afirma Miron.

¿Una alternativa a la 'alternativa'?

Otros también han sugerido que quizás la legalización total y abierta de todo el proceso de producción y venta de drogas no es necesariamente la vía a tomar, pero sí que debería dejarse de lado el foco exclusivo y primordial en el tráfico de drogas que van hacia el norte.

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Image caption Otros expertos insisten en la necesidad de crear una política que desincentive la violencia.

Mark Kleiman, profesor de políticas públicas de la Universidad de California (UCLA), asegura que él ha encontrado una "alternativa de mercado" que podría funcionar.

"Se necesita crear una política que desincentive la violencia, que haga que ser violentos sea una mala decisión de negocios para las organizaciones del tráfico de drogas", asegura en entrevista con BBC Mundo.

Kleiman propone que el gobierno lleve a cabo un proceso abierto y público en el que se elija a la organización criminal más violentas a través de un sistema de puntos.

Una vez que se decida esto, que el estado mexicano dedique todos sus esfuerzos a destrozar esa particular organización, "haciendo que quede fuera del negocio, que sea poco competitiva con sus rivales".

"Es aumentar la ofensiva de manera que nadie quiera hacer negocios con, por ejemplo, los Zetas", explica Kleiman, quien dice que el esfuerzo contra ese cartel debe ser necesariamente bilateral.

Tanto sus rivales como quienes se abastecen de las drogas que vienen de ese grupo al norte de la frontera decidirían dejar de hacer negocios con ellos, ya que tiene todo el peso de la ley sobre ellos, y aprenderían que usar métodos violentos es contraproducente para sus ganancias.

Una vez que esa primera organización sea destruida, elegir la siguiente más violenta y enfocar los esfuerzos sobre ella, y así sucesivamente.

Este avance gradual sobre las distintas organizaciones no detendría el flujo de drogas, pero sí la violencia que tanto ha sufrido México en los últimos años, en la que han muerto alrededor de 40.000 personas desde fines de 2006.

A esa creciente violencia es a la que un aparentemente frustrado Calderón hizo referencia en su discurso. Y quizás la que lo llevó a pronunciar esas palabras cuyo exacto significado, por ahora, queda en la incertidumbre.

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