Las extrañas historias en las monedas del euro

monedas y billetes de euro Derechos de autor de la imagen PA
Image caption Las monedas de euro revelan historias extrañas y mitológicas.

En medio de todo el debate macroeconómico sobre el euro, que la mayoría de nosotros francamente no entiende, y en medio de todos los debates sobre rescates y bonos, cesación de pagos y dobles recesiones, nadie ha tenido mucho que decir sobre la moneda como tal. Digo, sobre lo que realmente se ve en los billetes del euro y, en particular, en las monedas.

Observe con detenimiento la cara y la cruz de estas monedas y verá unos ángulos algo desconcertantes de la historia y la política europeas -y una historia que se remonta a los primeros intentos de lograr una unión monetaria europea, hace 2.500 años.

Irónicamente, con todo lo que ha pasado en los últimos meses, ese prototipo de eurozona fue planeado por los griegos, en la antigua Atenas, en medio del siglo V antes de Cristo (a.C.).

Por supuesto, los diseños modernos del euro son algo comprometedores. Desde cuando fueron inventadas, las monedas siempre han sido símbolos nacionales y políticos. Los reyes de Lidia, en la actual Turquía, que acuñaron el primer dinero metálico alrededor del año 600 antes de Cristo, no lo hicieron para facilitar las compras o darle un empujón a la economía lidia, sino para alardear de su propia riqueza, su poder e identidad. Para ello estamparon el distintivo emblema de un león en cada una.

Así que cuando aparecieron los billetes y monedas del euro en 2002, hubo un compromiso entre los símbolos de la nueva unión monetaria y los de los diferentes estados-nación que la componían. Los billetes son idénticos en toda la eurozona, decorados con imágenes genéricas y algo deprimentes de arquitectura europea, pero las monedas muestran en un lado un mapa uniforme de Europa y en el otro tienen espacio para un emblema particular para cada nación.

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Simpleza o diversidad

Las monarquías de la eurozona fueron más o menos obligadas a escoger a su rey, reina o gran duque para el lado disponible; el Vaticano, cuando decidieron acuñar monedas, al Papa. Pero el resto -desde Austria a Eslovenia- tuvieron la libertad de escoger entre un amplio rango de emblemas o esloganes nacionales.

Algunos mantuvieron la simpleza: las de Irlanda tienen un harpa en todas las denominaciones desde la minúscula moneda de un centavo hasta la de dos euros; las de Estonia, la más aburridas, son un mapa de Estonia.

Pero otros trataron de fomentar diversidad. En algunas de las monedas francesas está su eslogan "Libertad, Igualdad, Fraternidad" y en otras, su emblema femenino Marianne.

Italia escogió una obra de arte distinta para cada denominación, con su arena favorita para las matanzas masivas -el Coliseo Romano- relegado a la moneda de cinco centavos. Austria también tiene un diseño particular para cada pieza: desde un busto de Mozart hasta el famoso Pabellón de la Secesión en Viena.

Image caption Mary Beard, escritora y experta en historia clásica

Pero son las monedas griegas las que ofrecen la mayor cantidad de material para reflexionar.

Las denominaciones más pequeñas tienen una selección de barcos; las de 10, 20 y 50 centavos conmemoran cada una a un héroe moderno de la lucha por la liberación griega de los turcos; pero las de un euro y dos euros se devuelven en diferentes maneras a la antigüedad clásica.

No hay sorpresa en ello. Los políticos griegos no paran de hablar sobre su herencia directa del mundo clásico. De hecho, a veces creo que la nostalgia es una cruz en el estado moderno de Grecia tanto como los gastos exagerados o la pobre contabilidad.

Pero en este caso debe haber muchos griegos que, en retrospectiva, se preguntan si la elección de estos diseños clásicos para sus monedas fue tan inteligente como alguna vez pareció. ¿Era este orgullo una previa del fracaso?

Moneda de dos euros

En el centro de la moneda de dos euros está un toro y en su lomo lo que parece ser una niña joven. A primera vista, si usted no sabe de mitología clásica, podría pensar que es un logo patrocinado por los verdes: un símbolo de los humanos cohabitando pacíficamente con los animales.

De hecho, se trata de una violación: Zeus, el padre de los dioses, está llevando a la Princesa Europa de su ciudad de Tiro, en el Líbano.

La historia es que Zeus se había "enamorado" (para decirlo con un eufemismo, como lo explican la mayoría de libros de historias) con la joven Europa y para que todo saliera como él quería, se convirtió en un toro y fue hasta la playa donde estaba jugando con sus amigos; La acarició dócilmente lamiendo sus manos y tentándola para que ella lo acariciara a él y decorara sus cuernos con flores.

Entonces, apenas ella se encaramó en su espalda, él salió volando (literalmente, pues los dioses pueden volar) y se la llevó -aterrada- para su nido de amor en Creta.

Escritores romanos y griegos debatieron esta historia como si se tratara de una corte moderna. ¿Fue Europa descuidada e ingenua? ¿Lo estuvo tentando? ¿Él la drogó? ¿Ella quiso la situación desde el principio?

Pero en el fondo, sin importar los alegatos, esto fue una violación.

Uno puede ver por qué los griegos pueden haber querido la escena en sus euros. A pesar del hecho poco conveniente que la Princesa Europa venía de El Líbano, con su nombre fue finalmente bautizado el continente de Europa. El emblema del mito en la moneda viene a ser lo mismo que decir que sin Grecia no habría habido Europa, que Grecia había inventado el continente.

Más allá de eso, siempre me ha parecido difícil de entender cómo los griegos lograron aceptar tan fácilmente que una escena de una violación hiciera parte de las monedas que tintinean en sus bolsillos.

¿No pensaron en la historia detrás de este toro y esta niña, o en lo que estaba por pasar después? ¿Y cómo se sienten ahora? Con periodistas griegos que informan morbosamente sobre la "violación" de su país y cómo ha sido "tratado injustamente", ¿qué nuevo significado adquiere el rapto de Europa?

El búho de Atenea

Pero la moneda griega de un euro nos lleva en direcciones más enigmáticas y ambivalentes. Su diseño es una copia exacta de una moneda de cuatro dracmas de Atenas, del siglo V a.C., con un búho malvado que lo observa a uno.

Esta pequeña ave fue el símbolo de Atenea, la diosa de la sabiduría y la astucia y la protectora de la ciudad de Atenas. Casi todas las monedas antiguas de Atenas tenían este emblema.

Pero en este punto es cuando entra la primera unión monetaria.

Atenas en el siglo V a.C. era una democracia (la primera del mundo, por lo menos así lo aseguran los griegos dudosamente). También fue un imperio explotador, que controló muchos otros estados alrededor del Mediterráneo.

Image caption "La moneda griega de un euro nos lleva en direcciones más enigmáticas y ambivalentes"

Alrededor del 440 a.C., los atenienses decidieron que todos estos pueblos debían deshacerse de sus propias monedas, con sus emblemas nacionales propios, para utilizar "búhos" atenienses. De hecho, algunos de los avisos públicos donde se declaraba esto todavía existen, inscritos en piedra alrededor de lo que fue el imperio ateniense.

Las reglas, como podemos ver, eran bastante reducidas: no era sólo dinero lo que estaba en juego pero los pesos y las medidas también (era el equivalente ancestral a imponer gramos y metros al igual que el euro); y los estados sujetos a esta medida tenían que traer sus monedas para que fueran cambiadas en Atenas, con una tajada considerable para las arcas atenienses.

Si no acataban podían perder su ciudadanía y podía incluso llevar a la pena de muerte.

Los historiadores modernos se han preguntado sobre lo que verdaderamente pasaba allá. ¿Querían los atenienses simplemente ganar dinero? ¿Querían los estados del imperio hacer parte de la zona ateniense? En caso tal, las amenazas de la pena de muerte parecen algo innecesarias.

¿Y lograron estas leyes erradicar las otras monedas y establecer los búhos alrededor del imperio? No podemos estar seguros.

Pero en cualquier interpretación es difícil evitar la conclusión que los imperialistas atenienses estaban usando la unión monetaria para demostrar su músculo político. Y es difícil no imaginarse que ha llegado la hora para la venganza, 25 siglos después.

Pero antes de que nos volvamos demasiado petulantes, o de que nos ríamos por sus escogencias desatinadas de logo -ya sea violación o búhos- deberíamos mirar los nuestros (los del Reino Unido).

La semana pasada un estudiante extranjero de Cambridge me mostró su permiso de residencia para el Reino Unido -el pedacito de plástico con el chip biométrico que debía ser el prototipo para las tarjetas de identidad con las que nos amenazaron pero que ahora sólo se emite para quienes poseen una visa.

¿Qué les parece el símbolo en la esquina superior izquierda? Son las estrellas europeas y -el ministerio del Interior lo confirmó- el mismo toro. La víctima femenina desapareció: ahora es sólo el violador el que garantiza que el extranjero tiene el derecho de vivir acá.

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