Los pastores de Belén: una especie en peligro de extinción

Pastor de Belén

"Adoro mis ovejas. Llevo toda mi vida con ellas", dice con los ojos iluminados Carlos Sarras, un pastor de 74 años.

Sarras es parte de una especie en peligro de extinción. Es uno de los pocos pastores cristianos que quedan en Belén, en Cisjordania.

Lleva más de seis décadas cuidando de ovejas y cabras. En su granja de las afueras de Belén, hay buenas noticias: "¡Tiene un día!", dice mientras muestra un cordero recién nacido.

"Y es macho", dice con orgullo. Parece que su entusiasmo y energía no tienen límites.

Sin libertad de movimientos

Pese a la hospitalidad con que recibe a sus invitados, a los que ofrece su vino casero, Sarras no puede evitar comentar que la vida de un pastor palestino se ha convertido en algo cada vez más difícil.

Según él, las fuerzas de seguridad israelí les imponen tal nivel de restricción en sus movimientos, que resulta casi imposible pastorear el rebaño.

"No podemos movernos. Si queremos ir a algún lado, necesitamos obtener un permiso", se queja.

Belén es una de las ciudades palestinas que se ha visto más afectada por el muro levantado en Cisjordania. Según los israelíes, una valla defensiva, según los palestinos "el muro del apartheid".

La barrera pasa justo entre Beit Jala, donde vive Sarras, y Belén.

Los israelíes aseguran que es algo necesario por razones de seguridad. Pero les hace la vida muy difícil a los palestinos, quienes no pueden atravesarlo sin permiso de Tel Aviv.

Asentamientos

Y desde el jardín de Sarras se puede ver otro obstáculo.

"Eso es un asentamiento", señala a un muro perimetral de hormigón. Lo que aparece es Har Gilo, un enclave colono justo detrás de su propiedad.

Según el pastor, los asentamientos judíos suponen un enorme impacto en su vida y su trabajo.

"Hace 30 años no había edificios ahí. Solía llevar mis ovejas por toda la zona. Pero ahora no puedo por todas esas construcciones y ese maldito muro".

Los asentamientos de colonos judíos en territorios palestinos ocupados salpican el paisaje por los alrededores de Belén.

Image caption Los pastores tienen que comprar comida para las ovejas que ya no pueden pastar en los alrededores.

Durante el tiempo que Sarras lleva viviendo allí, se han multiplicado de forma dramática.

Hace 40 años, eran sólo unos miles los colonos los que vivían en Cisjordania y Jerusalén Oriental, zonas que Israel tomó en la guerra de 1967.

Ahora ya rondan el medio millón.

"Demasiado duro"

Sarras comenta que los asentamientos se quedan con el agua y dividen las áreas en que el ganado puede pastar.

De hecho, incluso tiene que comprar comida para sus animales, algo que hace cada vez más difícil ganarse la vida.

Al hablar con su hijo Jamil, graduado universitario, parece que está claro que termina una era.

"Es demasiado duro. Intentaré continuar con la tradición lo que pueda, pero lo que hacen otros para ganarse la vida es más sencillo", comenta.

Jamil comenta que ya ha descartado tres becas para estudiar en el extranjero para poder quedarse y ayudar a su padre, pero no sabe cuánto tiempo aguantará.

Ahora está dividido. "Todos mis estudios han resultado mucho más fácil que quedarme a ayudar a mi padre. Es duro".

Durante décadas, Sarras ha pastoreado su rebaño en Belén. La pregunta es si habrá alguien que siga haciéndolo.

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