Liam Neeson, sobreviviente de la nieve y los lobos

Liam Neeson en The Grey
Image caption Neeson caracteriza a un hombre rudo en medio de uno de los climas más duros del planeta.

El primer recurso que el actor Liam Neeson puso a funcionar para encarar el personaje de su última película fue llenar una maleta con ropa de abrigo: no cualquier saco o chaqueta, sino una pila de prendas para temperaturas extremas, capaces de hacer frente a 40 grados bajo cero.

Así se puso en la piel del atribulado Ottway, el líder espontáneo de un grupo de trabajadores petroleros que, tras un accidente de avión, queda a merced de las fuerzas de la naturaleza en medio de Alaska: así es la historia que cuenta “The Grey”, la cinta del director Joe Carnahan (el mismo de “Brigada A”), que se estrena esta semana.

Es la batalla contra los rigores de la nieve y contra sus propias emociones la que libran los hombre rudos en medio de la nada. Como si el desafío no bastara, a los peligros de la tundra se suma la amenaza de una manada de lobos ansiosos de alimentarse de carne humana.

El actor, de 59 años, definió la experiencia como “un viaje” que lo llevó no sólo hacia las locaciones remotas del norte de Canadá, donde se realizó el rodaje, sino también al interior de sí mismo, para descubrir “algo verdaderamente primario” que llevaba guardado.

Neeson sabe de viajes: de sus primeros papeles a fines de los años ’70 a su aclamado Oskar en “La lista de Schindler”, que le valió una nominación al premio de la Academia del Cine; de su debut en la saga de “Star Wars” en 1999 como el maestro Qui-Gon Jinn al polémico sexólogo "Kinsey", y luego a la inmersión en el mundo de los thrillers y las historias de acción que marcaron un giro en su carrera, el irlandés lleva medio centenar de películas en su hoja de vida.

Pronto se lo verá también en “Battleship” y en una secuela aún sin nombre de “Taken”, éxito de taquilla en 2008. Pero antes, dialogó con BBC Mundo sobre su experiencia con los lobos ficticios y la nieve real en “The Grey”.

¿Qué lo atrajo para aceptar este rol, sobre todo sabiendo que debía filmar en condiciones extremas?

Cierto, la primera semana hizo 40 grados bajo cero: dato absolutamente oficial. Sabía que nos iba a tocar trabajar con temperaturas propias del Ártico, pero fue extremo... El primer día rodamos una escena en la que me tocaba sentarme en la nieve, con sólo el sweater que me queda encima tras la caída del avión. Y me acuerdo pensar ‘nunca vamos a terminar esta película’. El equipo fallaba, todo era un desafío.

¿Y eso hizo que rodaran menos tomas, que las cosas por ahí se resolvieran en uno o dos intentos?

Sí, en parte. Creo que en promedio hicimos cuatro o cinco por escena. Pero todas las cosas que uno da por sentadas, como caminar de aquí hasta allí, en medio de toda esa nieve llevaba un rato largo y era simplemente doloroso. Hay poca actuación, en cierta forma: la nieve impuso su ritmo e hizo que las escenas se vieran realistas porque la actuación implicó, primero, aprender a lidiar con las circunstancias climáticas.

Y les tocaron tormentas, lo cual fue muy beneficioso para el guión…

Sí, no hay efectos especiales en la película en lo que al clima respecta. Todo es absolutamente real: los vientos, las nevadas… Hubo varios que los primeros días sufrieron hipotermia severa.

Su personaje también se encuentra en una situación extrema en la película, entre la desesperación y la amenaza de la muerte. ¿Fue difícil encontrarlo?

No realmente, no lo digo pretenciosamente pero la verdad que tengo una reserva emocional adonde buscar para conseguir crear un personaje así. Ese aspecto no me preocupaba, sólo la cuestión física. Solamente vestirse a la mañana era un desafío: tenía cinco capas de ropa y me llevaba media hora. Después de eso, todo lo demás parecía manejable.

Y los hicieron meter al agua incluso en ese clima…

Sí, obviamente era un río natural y había grupos de apoyo todo a lo largo de la ribera por si acaso la corriente nos arrastraba. Yo había visto un documental sobre uno de estos personajes que hacen cosas locas, un británico que nadaba en Antártica: él comenzó a prepararse para esa aventura sometiéndose a una ducha helada por periodos de tiempo cada vez más prolongados para inmunizar a su cuerpo. Me acordé y lo hice, llegué a soportar siete minutos en agua helada y de verdad que sirve, el cuerpo se acostumbra (risas).

¿Por qué exponerse a eso si puede elegir otras películas?

Bueno, hubo dos razones principales. Por un lado, la historia tiene el espíritu de los viejos relatos marineros, con un guión bello. Además, en todas las películas que veo por estos días siempre hay una computadora o un celular y esta historia es todo lo contrario. No hay máquinas… bueno, hay un avión pero el resto es pura naturaleza. Uno se siente muy humilde, muy chiquito frente a todo eso.

Image caption Neeson reconoció que es probable que no haga este tipo de papeles por mucho tiempo.

La geografía donde estábamos no daba lugar a individualidades. Todo el tiempo estábamos juntos (con el elenco), entre tomas compartíamos refugio en un vehículo tipo oruga para recuperar calor. No hubo egos y nos hicimos muy amigos, algo que no había experimentado en 55 filmes que hice en mi carrera.

Usted ya había trabajado con el director Joe Carnahan en “The A-Team” (“Brigada A”). ¿Qué tan importante fue saber que él estaba a cargo de este proyecto?

Mucho, porque en un director siempre busco un líder y él es así. Kathryn Bigelow (“The Hurt Locker”) es otra. Simplemente saben lo que quieren. No quiere decir que no se pueda discutir una escena, pero se hacen cargo y todo está bajo control en su set. Joe es una suerte de macho alfa: como un lobo. Y me gustan los directores así.

Usted eligió hacer películas de acción ya avanzada su carrera. ¿Seguirá por ese camino?

Mis rodillas dicen que probablemente siga haciendo acción por otro año, ¡no más!

¿Eso incluye una secuela de “Brigada A”?

No lo creo… La primera no hizo suficiente dinero como para que el estudio considere seguirla.

¿Y qué busca ahora?

Es la escritura lo que me convence de meterme en un proyecto, sin importar de qué género sea. Todo empieza con el guión.

Hablando del guión, muchos expertos de la naturaleza encontrarán detalles sobre el comportamiento de los lobos que está exagerado para los fines del filme. ¿Importa el rigor en una película como ésta?

Bueno, miré muchos documentales sobre el tema y siento que fuimos por buen camino. Casi no hubo efectos especiales con los lobos, teníamos una especie de animatronics (robots) que eran físicos y muy realistas… casi malvados en su aspecto, metían miedo. Lo cual ayudó. Pero obviamente no soy experto y los lobos de la película no son del todo reales, tienen algo mitológico, un aura similar a los tiburones de Steven Spielberg en “Tiburón”. La interacción con ellos marca a los personajes, tanto como la nieve.

¿Qué le queda como aprendizaje?

(Piensa) No estoy seguro… a medida que uno envejece se pregunta obviamente sobre la vida y la muerte, sobre qué está haciendo en este planeta, sobre el sentido de pérdida. Mi personaje pasa por todo eso: no sabe por qué sigue adelante cuando los demás van muriendo en el camino. Me hizo acordar a esa frase ‘si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes’. Ottway me hizo transitar a mí ese mismo camino y se volvió, en cierta forma, en un reflejo de lo que pasa en mi propia vida.

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