Césare Battisti, el escritor que escapó de la cadena perpetua

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Tal vez resulte paradójico que Césare Battisti, el italiano que ha pasado años huyendo de la cárcel que le exige su país por hallarlo culpable de cuatro homicidios, se apreste a publicar un libro con relatos de prisioneros.

Pero a la edad de 57, este exrebelde de extrema izquierda también conoce de cárceles: escapó de una en Italia en 1981 y pasó más de cuatro años detenido en Brasil, hasta junio pasado.

Hoy vive en libertad, en un penthouse casi sin muebles frente a la bahía de Río de Janeiro, gracias a un decreto del ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva que rechazó su extradición a Italia y enfureció a Roma.

Cuando le preguntan qué motiva su nuevo libro, Battisti parece ignorar toda la polémica que causa su figura, los roces diplomáticos y las condenas a cadena perpetua que pesan sobre él en Italia desde 1993.

"Estoy publicando un libro simplemente porque soy escritor", responde durante una entrevista con BBC Mundo.

"Lloraría con ellos"

Battisti siempre ha rechazado los cargos y las condenas que recibió en ausencia como autor o cómplice de los asesinatos de dos policías, un joyero y un carnicero en Italia a fines de los años '70.

Los crímenes son atribuidos a la acción de Proletarios Armados por el Comunismo (PAC), un grupo armado que Battisti integró antes de ser arrestado en 1979.

En aquellos "años de plomo" Italia vivía una ola de violencia por las campañas de asesinatos y atentados cometidos por organizaciones extremistas de izquierda y derecha.

Battisti dice que nació en una familia estrechamente ligada al comunismo, admite que integró el PAC pero niega tener vínculo alguno con los cuatro homicidios y afirma que hay una suerte de complot en su contra.

"En mi caso hubo una especie de operación artificial que construyó, de un día al otro, ese monstruo Césare Battisti", dice.

Y asegura sentir "compasión" por los familiares de las víctimas asesinadas.

"Lloraría con ellos por lo que pasaron", comenta.

Pero de inmediato agrega que "lloraría también con las familias de cientos de camaradas que fueron asesinados, porque cuando hablamos de víctimas hay que hablar de todas las víctimas: nunca hablamos de las otras".

"Querría mirar a los ojos a esas víctimas, de un lado y del otro, y abrazarlas", declara.

Escape y periplo

Battisti escapó hace tres décadas de la cárcel italiana de Frosinone, en un operativo con ribetes cinematográficos organizado por el PAC. A partir de allí comenzó un periplo como fugitivo entre México, Francia y Brasil.

De estatura mediana, delgado y mirada cansina, afirma que jamás volvió a integrar una organización o partido político, aunque admite que siguió participando de la vida política a su manera.

Derechos de autor de la imagen BBC World Service
Image caption Battisti ha eludido la justicia italiana en al menos tres países.

"¿Cómo separamos la política de la acción cultural, por ejemplo? Es difícil", dice. "Nunca abandoné la política porque la considero algo noble".

Battisti ha contado con ayudas importantes de otros gobiernos a lo largo de su periplo.

En México dice haber tenido un estatus de "semiclandestino" con el aval tácito del gobierno de José López Portillo (1976-1982).

Luego se benefició en Francia de una garantía de no extradición concedida a izquierdistas italianos por el presidente François Mitterrand (1981-1995) y comenzó a escribir novelas policiales.

Cuando sintió que esa protección podía terminar bajo el mandato del siguiente presidente francés, Jacques Chirac, (llegó a ser arrestado y liberado), huyó a Brasil en 2004 con una identidad falsa que una vez dijo que le proporcionaron los servicios secretos franceses.

Tres años después fue arrestado en Río de Janeiro, pero Battisti volvió a tener ayuda del gobierno local: en 2009 el entonces ministro brasileño de Justicia, Tarso Genro, le otorgó refugio político.

La disputa judicial y diplomática fue saldada por Lula con su decreto del 31 de diciembre de 2010, último día de su mandato, que negó su entrega a Italia y fue validado por el Supremo Tribunal Federal (STF) brasileño.

"Lo que diría a Lula es gracias", comenta Battisti. "Lula no tomó esa decisión, como muchos dicen, por afinidad política: Lula es un gran estadista".

"Grandes amigos"

Cuando le preguntan si se considera con suerte por estar en libertad, Battisti apela a un giro retórico.

"Me considero una persona que tuvo la suerte de haber tenido grandes amigos", dice y en seguida aclara: "Las personas que me ayudaron son ciudadanos cualquiera".

Hoy declara ser un apasionado por América Latina y el estilo de vida de su gente, "que transforma la miseria en riqueza y el drama en alegría".

Su nuevo libro, "Frente a la pared", recoge historias de presos que conoció en Brasil. Se publica este mes en Francia por el grupo editorial Flammarion y en abril en el país sudamericano por Martins Fontes.

Dice que además de escribir piensa traer a Brasil una organización no gubernamental con la que trabajó en Francia para estimular la lectura. "Ya tengo contactos con algunas favelas de Río", asegura.

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