Las opciones para una posible intervención militar en Siria

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Desde el inicio de las revueltas en Siria en marzo de 2011, la comunidad internacional no ha mostrado mucho entusiasmo sobre una posible intervención militar.

Ello ha sido así por dos cuestiones. Primero, la situación que se vive sobre el terreno es muy diferente a la que se vivió en Libia, ya que la oposición siria está mucho más dividida, las fuerzas gubernamentales son mucho más fuertes y sus defensas aéreas son mucho más efectivas.

En segundo lugar, se ha extendido la opinión de que el derrocamiento del presidente Bashar al Asad podría desatar una ola aún mayor de inestabilidad en la región.

A diferencia de Libia, Siria -tanto políticamente como geográficamente- juega un rol central en el mundo árabe, y el sectarismo y la inestabilidad en el país podrían poner en peligro a Líbano e Irak.

Después están las cuestiones legales. Con la negativa de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, no hay posibilidad de que se obtenga una resolución que autorice el uso de la fuerza militar.

Eso no siempre fue un problema. Las tropas de la OTAN intervinieron en Kosovo para poner fin a las atrocidades de las fuerzas serbias.

Pero la ausencia de una autorización legal sumada a la falta de entusiasmo limita las posibilidades de una acción militar.

Ante este panorama, ¿cómo se han de interpretar los llamados de ciertos políticos republicanos en EE.UU., como el senador John McCain, para que se lleven a cabo bombardeos aéreos contra las fuerzas sirias?

Para Joshua Landis, director del Centro de Estudios sobre Medio Oriente de la Universidad de Oklahoma, pese al creciente número de políticos que piden que EE.UU. tenga un papel de liderazgo en Siria, el gobierno de Barack Obama cree firmemente que en esta crisis Washington no debe estar a la cabeza, sino seguir a los líderes regionales, como Arabia Saudita y Turquía.

Derechos de autor de la imagen AP
Image caption Los civiles son los que más está sufriendo como resultado del conflicto en Siria.

Landis asegura que la cuestión clave es que la administración Obama no ve ninguna razón contundente para intervenir.

"Funcionarios de EE.UU. están de acuerdo en que el régimen de Al Asad está condenado y solo podrá resistir durante un tiempo, con o sin el apoyo de EE.UU. a la oposición siria", señala Landis.

"Creo que están en lo correcto", asegura.

"Ello significa que EE.UU. no tiene ningún argumento de peso relacionado con su seguridad nacional para meterse en la guerra civil que está emergiendo en Siria. Los días del régimen están contados", concluye Landis.

Sea como fuere, la mayoría de los argumentos en torno a una intervención militar externa son vagos. Confunden y hacen falsas distinciones entre las diferentes opciones y en muchos aspectos pasan por alto los problemas fundamentales que presentan cada una de ellas.

Ayuda humanitaria

El principal elemento de cualquier acción externa sería esencialmente de naturaleza humanitaria. Una respuesta a la difícil situación por la que atraviesa la población civil en las ciudades y pueblos que están siendo bombardeados por las fuerzas sirias.

También se podría dar asistencia a los refugiados que se han desplazado a la fronteras de Siria con Turquía y Líbano. Se están discutiendo tres medidas en este sentido.

Sugerido primero por el ministro de Relaciones Exteriores francés, Alain Juppe, el pasado año, la idea sería establecer corredores de corta distancia en territorio sirio por los que se pudiera entregar ayuda humanitaria a la población.

La idea de establecer zonas seguras en territorio sirio fue lanzada por el canciller turco, Ahmet Davotoglu.

Estas zonas estarían en áreas fronterizas y actuarían como un refugio en el que los civiles pudieran resguardarse y recibir alimentos y otros suministros básicos.

A menudo discutidas en relación con las medidas antes nombradas, la idea sería que las fuerzas aéreas occidentales ayudaran a dar seguridad de las zonas seguras y a los corredores humanitarios.

Por sí mismas, las zonas de exclusión aéreas no detendrían los combates, ya que son principalmente las fuerzas terrestres sirias las que están llevando a cabo la ofensiva contra los opositores.

Pero la discusión sobre las fuerzas áreas subrayan el problema de que, a no ser que las autoridades sirias permitan la llegada de ayuda humanitaria, cualquier zona segura o corredor humanitario tendrán que ser establecidos por la fuerza y defendidos a la fuerza.

Una fuerza aérea sería fundamental y las aeronaves occidentales tendrían hacer frente a las medianamente sofisticadas defensas aéreas sirias. También podrían ser necesarias tropas sobre el terreno.

Foco militar

Estas opciones buscarían acelerar el proceso que ya se ha iniciado en Siria, reforzando a las fuerzas de la oposición y aumentando la presión sobre las autoridades sirias.

El objetivo sería el cambio de régimen, aunque no se presentaría como tal. De nuevo, hay una variedad de estrategias disponibles.

Esto ya está siendo discutido en las altas esferas en Washington. La idea sería proporcionar suministros médicos y equipos no letales, como radios, para hacer que la oposición sea más efectiva.

Para muchos eso sería el primer paso para armar a las fuerzas rebeldes. Eso es lo que sucedió en Libia.

El objetivo sería limitar la llegada de armamento al gobierno sirio.

En ausencia de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, esta medida enfrentaría problemas legales.

Además, significaría estar dispuesto a detener cargamentos rusos, ya que Moscú es el primer proveedor de armas del régimen de Al Asad.

Tanto Qatar como Arabia Saudita se han mostrado partidarios de armar a los rebeldes sirios. Algunos expertos creen que estos dos países ya podrían estar proporcionando pequeños suministros de armas a los opositores.

En cualquier caso, esta ayuda puede tan sólo marcar una pequeña diferencia, ya que los rebeldes sirios necesitan estar mejor organizados para hacer mejor uso de los suministros que se les están dando.

Simon Henderson, del Instituto de Políticas para el Cercano Oriente de Washington, cree que quizás armar a la oposición siria no sea la mejor táctica y hacer que las fuerzas sirias cambien de bando sea una táctica más adecuada para deshacerse del presidente Bashar al Asad.

"La presión debe ponerse en los diferentes comandantes de división", señala Henderson.

"EE.UU. puede identificar a los comandantes y comunicarse con ellos. Eso es lo que hicieron durante la invasión de Irak", explica.

"Por supuesto, el riesgo es que ello haga subir al poder a un nuevo régimen militar", concluye.

Cuando la ofensiva contra Homs estaba en su punto álgido, EE.UU. hizo públicas imágenes satelitales que mostraban a la artillería y a las lanzadoras de misiles sirias atacando la ciudad.

De ahí se sacaron dos lecciones: que el mundo estaba viendo y documentando lo que estaba pasando y que una amenaza potencial que puede verse desde el aire también puede ser atacada desde el aire.

Pero, de nuevo, nos encontramos con la falta de apetito de Washington por participar en otro conflicto militar en Medio Oriente.

Cualquier ataque militar contra el régimen Siria debería llevarse a cabo a una mayor escala que el de Libia.

De hecho, el análisis inicial del ejército de EE.UU. sugiere que una campaña contra las defensas antiaéreas sirias, debido a su localización, podría llevar a la pérdida de muchas vidas de civiles. Por el momento, una opción de este tipo no está en la agenda del presidente Barack Obama.

La intervención: el debate más amplio

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Image caption Algunos creen que la salida del actual gobierno llevaría al caos en Siria.

La discusión sobre las ventajas y los inconvenientes de una intervención militar se está produciendo en las principales capitales del mundo árabe y Occidente.

La crisis en Sria es de tal gravedad y es tanto lo que está en juego que nadie quiere descartar ninguna opción. Todo depende, por supuesto, de cómo se desarrollen los acontecimientos.

Una preocupación central tiene que ver con el suministro de armamento a la oposición y su impacto. No tiene que ver tanto con el enfrentamiento entre el régimen de Al Asad y los rebeldes, sino con la Siria que surgiría después de esta crisis.

"Hay muchas divisiones en la oposición siria, aunque todos están de acuerdo en acabar con el actual régimen", asegura Joshua Landis.

"Las divisiones no van a minimizar el impacto del suministro exterior de armas, pero evitarán que un gobierno estable pueda reemplazar al actual ejército sirio", señala.

Así que, puede que una mayor militarización del conflicto lleve a una prologada guerra civil una vez el régimen de Al Asad colapse.

"Sí", asegura Landis. "Las divisiones sectarias y étnicas en Siria tienen todos los elementos para que se dé una lucha prolongada como en el caso de Irak, los palestinos e Israel o Líbano".

"Decapitar el régimen sirio a través de una intervención exterior no acabará con el conflicto", sostiene.

"Al contrario, podrían acelerar las matanzas si no hay un liderazgo unificado que pueda asumir el control de Siria y ninguna milicia que pueda imponer algún orden en lugar del ejercito sirio. Si se da una guerra civil como la de Irak, las matanzas podrían aumentar", concluye el experto.

Steven Heydemann, del Instituto para la Paz de EE.UU., comparte estas mismas preocupaciones, pero llega a una conclusión diferente.

"Es inevitable que aumente la militarización del conflicto", asevera.

"A medida que el régimen aumenta el uso de la fuerza contra los civiles, la oposición armada se expandirá y pasará a jugar un papel todavía más importante en el levantamiento del que tiene hoy en día".

"El mayor peligro de la militarización", advierte, "es que dé poder y legitimice a la oposición armada y contribuya a la marginalización de la oposición política, que es percibida como poco efectiva a la hora de proporcionar protección a los civiles, que son el blanco de la mayor parte de la violencia del régimen", asegura.

"Cada vez más son los hombres armados los que ostentan el poder en las áreas fuera de control gubernamental, lo que tiene implicaciones preocupantes paran el futuro de Siria".

Heydemann cree que se ha de apoyar una estrategia basada en el "manejo de la militarización".

"Ello incluiría crear un marco, quizás a través de un cuerpo diplomático o del grupo "Amigos de Siria", que daría poder a los elementos civiles de la oposición siria", explica.

"Quizás ese papel lo podría jugar la recién formada Oficina de Asuntos Militares del Consejo Nacional Sirio, responsabilizándose de entrenar y equipar a la oposición armada y de desarrollar su infraestructura de comando y control".

En cualquier caso, Heydemann no se hace ilusiones sobre la habilidad de actores externos para manejar los eventos que suceden en Siria. Pero teme que, sin esfuerzos en estas áreas, "las consecuencias de una militarización sin control "serán bastante destructivas".

Las políticas inevitablemente cambian con el tiempo. Los motores del cambio son eventos que se producen sobre el terreno en Siria y la reacción a dichos eventos desde fuera de Siria.

Soner Cagaptay -especialista turco del Instituto de Políticas para el Cercano Oriente- dice que la evolución de las políticas de Ankara es un buen ejemplo.

"En un principio Turquía quiso conseguir una acción encabezada por la ONU contra el régimen de Al Asad. Cuando eso fracasó, Turquía se dirigió a la Liga Árabe y al grupo "Amigos de Siria" para construir una estrategia internacional contra Damasco", explica el experto.

"Al mismo tiempo, Ankara empezó a recibir y entrenar a la oposición siria. Ahora la política de Ankara está entrando en una nueva fase, haciendo un llamado a que se permita entregar ayuda humanitaria a la población civil".

"Pero si esa política no consigue parar la represión de las fuerzas sirias, el próximo paso será entrar en una cuarta fase, que consistirá en armar activamente a la oposición en un esfuerzo por crear una resistencia y una protección más robusta de la población civil".

"El paso final en caso de que la cuarta fase no logre poner fin a las hostilidades, sería hacer un llamado para que se cree una zona de exclusión aérea dentro de Siria para proteger a los civiles".

Ello podría ser el preludio de una mayor intervención militar externa.

Pero existe un pesimismo creciente sobre lo que los actores externos pueden hacer, ya que hasta el momento los esfuerzos militares no han dado muchos resultados.

Quizás lo más esperanzador para los opositores es el impacto de las sanciones internacionales que, según los expertos, están devastando la economía siria y han hundido el valor de su moneda, lo que podría llevar a que se produzca una mayor inestabilidad social.

Con el tiempo, ello podría restarle apoyos clave al régimen.

Lo que está claro es que no hay respuestas inmediatas en los frentes diplomático o económico y, pese a lo mucho que se ha hablado sobre una intervención militar, lo que está claro es que sin un marco político claro para el futuro de Siria, la caída de Al Asad podría llevar al país al caos.

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